INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE LOS SALMOS

david salmosEn el canon hebreo, los Salmos (S.) aparecen entre “Los Escritos” (Ketuvim). El nombre les viene del griego psalmos, que significa “una canción cantada con instrumentos de cuerdas”. En la Biblia hebrea no aparece un nombre específico para la entera colección de S. En la literatura rabínica el nombre que se usa es Sefer Tehillim. Aunque el número de S. es de ciento cincuenta, debe tenerse en cuenta que la •Septuaginta combinaba en uno los Salmos 9 y 10, así como los 114 y 115. Mientras que, por otro lado, los Salmos 116 y 147 se dividían en dos cada uno. Esto explica la diferencia que a veces se nota en la numeración de los S. En la literatura del Oriente Medio existen otros ejemplos de colecciones de poemas o canciones en la forma de los S.

La obra se divide en cinco partes o libros. Las divisiones son perceptibles porque al final de cada una de ellas se encuentra una doxología, en la siguiente forma:

El Libro Primero incluye los Salmos del 1 al 41. Y termina en el Salmo 41:13 con las palabras: “Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos. Amén y Amén.”

El Libro Segundo (Salmos del 42 al 72), finaliza en el Salmo 72:18–20 (“Bendito Jehová, el Dios de Israel, el único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén”).

El Libro Tercero (Salmos del 73 al 89), termina en el Salmo 89:52 (“Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén”).

El Libro Cuarto (Salmos del 90 al 106), finaliza en el Salmo 106:48 (“Bendito Jehová, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad; y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya”).

El Libro Quinto (Salmos del 107 al 150), termina en el Salmo 150:5–6 (“Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a Jah. Aleluya”), pero la mayoría piensa que todo el Salmo 150 constituye una doxología que cierra la colección.

Existe la posibilidad de que en alguna muy lejana antigüedad estos libros eran colecciones totalmente independientes unas de otras. Eso puede verse por el hecho de que el Salmos 14, del Libro Primero, aparece repetido en el Libro Segundo (Salmos 53). Lo mismo pasa con las palabras del Salmo 40:14–17, que luego aparece también en el Salmo 70. Parte de los Salmos 57:8–11 y 60:7–12 aparecen en el Salmo 108. Es dudoso que un mismo compilador hiciera esas repeticiones. Se piensa, por lo tanto, que estas divisiones representan etapas en la formación del libro, siendo la más antigua de ellas el Libro Primero, que contiene S. llamados “davídicos”.

En cuanto a la fecha de compilación del libro de los S., es evidente que se trató de un proceso que tomó largo tiempo, comenzando con la época de David. No es posible señalar una fecha precisa. Muchos piensan que la mayoría de los S. son posteriores a los profetas. Otros señalan que Dn. 3:5 contiene una larga lista de instrumentos musicales que se conocían en el período helénico, pero ninguno de los diez instrumentos que se mencionan en los S. aparece en esa lista. También hay que tener en cuenta que algunos S. hablan de la experiencia en el exilio babilónico. Por otra parte, toda la teología de los S. está exenta de influencias griegas. Muchos eruditos se inclinan a pensar que ya en tiempos de la dinastía asmonea la colección de S. estaba completa.

La colección no indica en hebreo que se trate de una obra de David. Unos setenta y tres S. llevan un título que alude a ese rey. Pero las palabras pueden interpretarse tanto como indicativas de la autoría de David, como de que se trata de eventos relacionados con su vida. En favor de la davidPsalmsautoría davídica de algunos salmos, debe notarse que el Salmo 18 dice explícitamente: “Salmo de David, siervo de Jehová, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo:…” En la tradición rabínica, se hablaba de los S. como escritos por David, haciéndose una comparación entre •Moisés y él, al decir que Moisés dio los cinco libros de la •Torá y David los cinco libros de los S. La tradición de atribuir a David todos los S. nació de su fama como hombre que sabía “tocar el arpa” (1 S. 16:16–23), como inventor de “instrumentos musicales” (1 Cr. 23:5; Neh. 12:36; Am. 6:5), por lo cual se le llama “el dulce cantor de Israel” (2 S. 23:1). A lo cual hay que añadir su papel como organizador del culto en el •templo, el orden de los levitas, la música que se había de cantar, etcétera. Además, en trece S. es posible hacer una conexión entre su contenido y alguna de las experiencias de la vida de David, de esta forma:

Sal. 3                           2 S. 15–19

Sal. 7                           2 S. 18:21

Sal 18                          2 S. 22

Sal. 34                         1 S. 21:14

Sal. 51                         2 S. 11–12

Sal. 52                         1 S. 22:9

Sal. 54                         1 S. 23:19; 26:1

Sal. 56                         1 S. 21:11; 27:2

Sal. 57                         1 S. 22:1; 24:3

Sal. 59                         1 S. 19:11

Sal. 60                         2 S. 8:13; 1 Cr. 18:1–12

Sal. 63                         1 S. 23:14; 24:1; 26:2

Sal. 142                       1 S. 22:1; 24:3

Otros nombres que aparecen en los títulos como “los hijos de Coré” (Salmos 42, 44, 45, 47, 48, 49, 84, 85, 87, 88); “Asaf” (Salmos 50, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83); “Hemán” (Salmo 88); “Etán” (Salmo 89); “Moisés” (Salmo 90); etcétera; pueden significar también autoría o que eran dedicados a un grupo de cantores o, por lo menos, que las palabras del salmo tienen alguna relación con esos personajes.

No es tarea fácil clasificar los S. de acuerdo con sus temas, estilo, etcétera, porque su variedad es amplísima. Y muchas veces un mismo S. puede tener dos tipos de énfasis. Pero, de manera muy general, se puede decir que sobresalen en este libro los himnos, o sea, composiciones dedicadas a alabar la majestad y grandeza de Dios, así como su providencia (Salmos 8, 19, 29, 33, 65, 66, 92, 100, 104, etcétera). Otros se caracterizan por exaltar el papel de Dios como rey del universo (Salmos 47, 93, 96–99). Un grupo es dedicado a alabar la ciudad de Dios (Salmos 46, 48, 76, 84, 87, 122). Dos S. se dedican a exaltar la gloria de la •Torá (Salmos 19 y 119). Otros son expresiones de lamentaciones, tanto de carácter individual como comunal (Salmos 44, 60, 74, 79, 80, 83, 94, etcétera). Muchos contienen quejas a causa de sufrimientos, y alegan la inocencia del sufriente y piden el auxilio divino (Salmos 3, 5, 6, 7, 9, 10, 13, 17, etcétera). También los hay que expresan una confianza absoluta en Dios (Salmos 46, 125, 129, etcétera). O que dan gracias a Dios (Salmos 66, 67, 118, 136). Los llamados “salmos reales” son aquellos en los cuales se exalta al ungido de Dios (Salmos 2, 18, 20, 21, 45, 72, etcétera). Los hay también que tienen un carácter sapiencial, como los Salmos 1, 34, 36, 37, 49, 73, 78, etcétera.

Como parte de los títulos de los S. aparecen muchos términos técnicos cuyo significado ha quedado en la oscuridad. Los mismos traductores de la •Septuaginta tuvieron que reconocer que la explicación de esas palabras era oscura para ellos. Entre otras están:

“Alamot”. Puede significar “vírgenes”. Aparece sobre el Salmo 46, en el título. En 1 Cr. 15:19–20 parece señalar a un instrumento de música, pues varios levitas eran cantores y “sonaban címbalos de bronce”, mientras que otros lo hacían “con salterios sobre Alamot”. Pero muchos interpretan Alamot como que indica la voz de soprano.

“Ajelet-sahar”. Puede significar “cierva de la mañana”. Aparece sobre el Salmo 22, en el título. Puede ser una indicación de la tonada o del instrumento que se ha de usar.

“Gitit”. En el encabezamiento de los Salmos 8, 81 y 84 aparecen las palabras “Sobre Gitit”. No se sabe exactamente cuál es su significado, pero la mayoría de los estudiosos, relacionándolas con el nombre de •Gat, piensan que se trataba de un instrumento musical típico de esa ciudad.

“Mahalat”. Aparece en el encabezamiento de los salmos 53 y 88. Algunos piensan que la expresión “sobre Mahalat” es una referencia a una melodía bien conocida en la época de la composición. Otros, que señala al salmo como para ser usado por personas enfermas o en aflicción.

“Masquil”. Se ha sugerido que significa “instrucción” o “meditación”. Aparece en los encabezamientos de los Salmos 32, 42, 44, 45, 52, 53, 54, 55, 74, 78, 88, 89 y 142.

“Mictán”. Palabra que aparece en el título de los Salmos 16 y 56 al 60. No se conoce exactamente su significación. Algunos explican que señala a un poema, o “escrito”. En hebreo, el término se escribe miktam, pero en Is. 38:9, antes de una oración o poema, se dice que es un miktab (escrito) de Ezequías. El cambio de la “m” por la “b” al final de una palabra no es extraño en el hebreo. Es posible que estos salmos fueran interpretados con acompañamiento de arpas.

“Mut-labén”. Puede significar “muerte de un hijo”. Aparece en el título del Salmo 9. Al indicar “sobre la muerte de un hijo”, es posible que se estuviera señalando una melodía que era muy conocida entonces. Con ella, pues, se habría que cantar el salmo.

“Neginot”. Indicación que aparece en los títulos de los Salmos 4, 6, 54, 55, 61, 67 y 76. Generalmente se interpreta que significa “música de instrumentos de cuerdas”.

“Seminit”. Probablemente significa “sobre la octava”. Aparece en el título de los Salmos 6 y 12. En 1 Cr. 15:21 se nombran levitas que “tenían arpas afinadas en la octava para dirigir”. Como significación de seminit se sugiere: a) “un instrumento de ocho cuerdas”; b) “para el octavo estadio de la liturgia”; o c) “voces a una octava más baja”.

“Sigaión”. Aparece en el encabezamiento del Salmo 7. Algunos piensan que es una indicación a la forma en que debía ser cantado, probablemente como un lamento.

En otros casos en que ha sido posible hacer una traducción aproximada, aparecen otras palabras, como •Cántico gradual, “Al músico principal”, etcétera. También existe la palabra Selah, que se inserta dentro del texto de los S. Aparece frecuentemente en los S. (setenta y una veces; en Habacuc tres veces). En la mayoría de las ocasiones se presenta al final de un verso. Se especula si se trataba de un signo de carácter litúrgico que servía de advertencia a los adorantes para que hicieran algo en el momento que se indica. Pero podría tener también algún sentido literario o musical. En el Salmo 3, por ejemplo, después de los versos 1–2 aparece Selah Luego tras los versos 3–4, y finalmente, después de los versos 5–8 (Salmos 3:2, 4, 8; 4:2, 4; 7:5; 9:16, 20; etcétera).

En el NT, los S. son citados a menudo. En Lc. 20:41–44, el Señor Jesús cita el Salmo 110:1 (“¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo Bible02David dice en el libro de los S: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?”). Cuando apareció a los discípulos, después de la •resurrección, les dijo “que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los s.” (Lc. 24:44). Pedro, al proponer que se buscara un sustituto para •Judas, citó el Salmo 69:25, diciendo: “Porque está escrito en el libro de los S.: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio” (Hch. 1:20) Y luego, en su sermón el día de •Pentecostés, usa el Salmo 16:8–11 (“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hch. 2:25–28). Pablo, predicando en una sinagoga en •Antioquía de Pisidia (Hch. 13:33–35), hizo varias citas de los S. (“… como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijos eres tú, yo te he engendrado hoy” [Salmo 2:7]; por eso dice también en otro salmo: “No permitirás que tu Santo vea corrupción” [Salmo 16:10]). También en su epístola a los Romanos, Pablo cita otro salmo, esta vez el Salmo 32:1–2 (“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” [Ro. 4:6–8]). El escritor de Hebreos cita varios salmos. Entre ellos el Salmo 95:7–11 (“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…” [He. 3:7; 4:7]), así como el Salmo 2:7 (“Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” [He. 5:5]) y el Salmo 110:4 (“Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” [He. 5:6]).[1]


[1] Alfonso Lockward, Nuevo diccionario de la Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 916–919.

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Publicado el 8 agosto, 2013 en LIBROS DE LA BIBLIA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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