LA HISTORIA DE SAN VALENTÍN: fiestas paganas y ejecuciones

La fecha, hoy conocida por la veneración al amor y las parejas, tuvo su origen en una fiesta pagana de la Antigua Roma. Además, el santo al que le debe el nombre, encontró un funesto final

San Valentín

Oficialmente, el primer día de San Valentín se celebró el 14 de febrero de 496, cuando el papa Gelasio I incluyó la festividad en el calendario litúrgico católico. Sin embargo, los orígenes del que hoy conocemos como el día de los enamorados se remontan a la Antigua Roma.

Lupercalia, la festividad pagana de la fertilidad que celebraban los romanos el 13, 14 y 15 de febrero y con el que daban la bienvenida a la primavera, marca la base de esta festividad.

Según narra el profesor de la Universidad de Colorado Boulder, Noel Lenski, a National Geographic, “hombres jóvenes se desnudaban y usaban látigos hechos con piel de cabra o de perro para azotar las espaldas de mujeres, en busca de mejorar su fertilidad”.

Años después, la festividad se relacionaría con la Iglesia Católica. Según la página especializada “Catholic Encyclopedia”, durante la segunda mitad del siglo III existieron al menos tres santos con el nombre de Valentín: un sacerdote romano, un obispo de Terni (ciudad italiana ubicada en la región de Umbría que por esa época era conocida como Interamna) y del tercero se sabe apenas que murió en África “tras sufrir junto a sus compañeros”.

Según la tradición católica, los tres santos fueron ejecutados un 14 de febrero.

Sin embargo, el romántico significado de la fecha está vinculado al primero de ellos, el médico romano que se convirtió en sacerdote y que en el año 270 d.C. se opuso al emperador Claudio II “El Gótico” cuando este prohibió el matrimonio entre jóvenes. La razón para que el gobernante tomara esa decisión era que los jóvenes solteros eran mejores soldados porque nada los ataba.

El sacerdote Valentín siguió casando a los jóvenes en secreto hasta que fue descubierto por los soldados romanos. En este punto la historia sobre San Valentín se divide en al menos cuatro versiones.

Una indica que fue decapitado por orden de Claudio en el año 270, otra apunta a que San Valentín se enamoró de la hija de su carcelario y poco antes de que lo ejecuten le envió una carta que terminó con la frase “de tu Valentín”, una tercera narra que en lugar de enamorarse de la hija del carcelero lo que hizo fue curarla de la ceguera con la que había nacido y la última señala que en realidad el sacerdote se rehusó a renunciar a su religión.

Lo que es certero es que durante cinco siglos la festividad se siguió celebrando en la comunidad católica. En ese periodo, el día de San Valentín caló en la tradición popular, principalmente en Francia e Inglaterra.

Según The Telegraph, el 14 de febrero de 1400 en París se abrió la Alta Corte del Amor, que trataba matrimonios, divorcios, infidelidades y denuncias de abusos maritales. En ese siglo, también, el Duque Carlos de Orleans escribió la primera carta de San Valentín de la que se tiene registro, estaba dirigida a su amada y fue redactada durante su encarcelamiento en la Torre de Londres, donde permanecía cautivo desde que fue capturado tras la Batalla de Agincourt en 1415.

El diario británico también recuerda que a mediados del siglo XVIII se popularizó en Inglaterra el intercambio de cartas de San Valentín. Algo que para el siglo XIX, junto a la revolución industrial y ya en Estados Unidos, se masificó gracias a la aparición de fábricas dedicadas a producir tarjetas y postales de amor.

Sin embargo, en 1969, durante el pontificado de Pablo IV y tras el Concilio Vaticano II, la festividad fue eliminada del calendario litúrgico. La razón principal fueron las diferentes versiones sobre su origen.

De esta forma, el día de San Valentín dejó de ser una festividad pero mantuvo al santo. Aunque ya era demasiado tarde, la cultura popular había adoptado la fecha como una veneración al amor.

Fuente: https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/origen-san-valentin-fiestas-paganas-ejecuciones-matrimonios-prohibidos-noticia-496980

 

 

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MIENTRAS ESPERAMOS A CRISTO, ¿QUÉ VEREMOS?

 

Podemos esperar aflicción y maldad

Se puede decir que la mayoría de las señales que dio Jesús indican que hemos de esperar aflicción y maldad. Podemos esperar calamidades en la naturaleza, como terremotos. Podemos esperar problemas sociales como guerras y revoluciones. Podemos esperar dificultades en la iglesia, entre ellas falsos maestros y persecución. No debemos estar sorprendidos cuando todas esas cosas ocurran.

En relación con el comportamiento humano, Jesús dice: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12). Aunque el comportamiento humano ha sido corrupto siempre desde la caída en pecado en el jardín de Edén, Jesús dice que la maldad realmente se va a incrementar en los últimos días. Escuche lo que dice el apóstol Pablo: “También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:1–5). En pocas palabras, Pablo dijo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15, 16).

La tierra en estos últimos días ha sido comparada con un cuerpo humano que se está desgastando y deteriorando antes de morir. De la manera en que la enfermedad, la debilidad, y el deterioro, indican que la muerte se está aproximando, también las convulsiones y las tragedias de este mundo indican que su final se está aproximando. Martín Lutero (1483–1546) dijo: “El cielo y la tierra van a crujir como una casa antigua que ha llegado al borde de derrumbarse y colapsar ruidosamente”.27

Pero, ¿por qué debe haber tanta maldad y tanta tribulación? La respuesta obvia es porque el mundo es pecador y el diablo está trabajando. Pero detrás de todo eso, reconocemos que Dios, en su sabiduría, ha dispuesto no separar el bien del mal, durante el curso de esta era sobre la tierra. Él va a separar el bien del mal en el último día. Recuerde la parábola del trigo y la cizaña:

El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Fueron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo ha hecho esto”. Y los siervos le dijeron: “¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?”. Él les dijo: “No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega, y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: ‘Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero’ ” (Mateo 13:24–30).

Hace unos años, mi familia y yo estuvimos sembrando nueva grama en el patio de la iglesia. Muy poco después de que la grama germinó, nos dimos cuenta de que también estaban germinando malas hierbas. Nos preguntamos si debíamos comenzar a arrancar esas malezas, pero nos aconsejaron que esperáramos, porque al arrancar las malas hierbas también le podríamos hacer daño a la grama nueva. Sólo después de que la grama y la maleza se desarrollaron por completo pudimos ir a arrancar las malas hierbas. Así también Dios, en su sabiduría, ha decidido no quitar el mal de este mundo hasta el día del juicio. De alguna manera, lo hace para el beneficio de su iglesia. No lo podemos explicar. Puede ser que Dios esté pensando en convertir a algunos de los descendientes de los malvados pobladores del mundo. Por lo tanto, tiene que conservar a las personas malvadas sobre la tierra para el beneficio de su iglesia y para la salvación de almas. En cualquier caso, podemos esperar que haya aflicción y maldad mientras esperamos la segunda venida de Cristo.

Vemos que esas cosas están pasando

Desde luego, solo tenemos que mirar los noticieros de la noche o leer el periódico del día, para darnos cuenta de que las predicciones de aflicción y maldad, se están cumpliendo en todas partes, como se han estado cumpliendo a través de toda la era del Nuevo Testamento. Se podría escribir un libro separado únicamente sobre este tema. He aquí unos pocos ejemplos:

• Se calcula que murieron 40 millones de personas en Europa durante la peste negra.

• Con equipos mejorados, los científicos detectaron alrededor de 20,000 terremotos por año.

• El Almanaque Mundial indica que desde el año 526 AC, ha habido 78 tormentas, inundaciones, olas gigantes, terremotos, y erupciones volcánicas que han matado por lo menos diez mil personas.28

• Se calcula que más de mil millones de personas no tienen alimento suficiente y más de seis millones de niños menores de cinco años mueren cada año de hambre y de causas relacionadas.29

• Se calcula que puede haber más de mil millones de abortos en el mundo, desde el comienzo del siglo 20.

¡Todo esto es muy alarmante! Recuerde que este es el mundo que Dios creó originalmente como “muy bueno” en todo aspecto. El mundo que hizo Dios era perfecto, sin ningún problema, ni pesar, ni mal. Lo que vemos es un asombroso testimonio del hecho de que este mundo ha sido arruinado por el pecado. Este mundo presente no es lo que originalmente Dios quiso que fuera. Por causa del pecado, “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).

Guerra

El tema de la guerra merece que le dediquemos especial atención. Jesús dice claramente: “Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:6, 7). Podemos esperar que las guerras continúen hasta que Jesús regrese.

Desde luego, eso es exactamente lo que vemos. Algunos han dicho que la historia humana es en gran parte una historia de guerras. La guerra es una constante; sólo ha cambiado la tecnología. En todo caso, la guerra se ha vuelto sencillamente más aterradora con el poder cada vez más letal de las armas modernas. Un experto en estadística ha estimado que “se han peleado unas catorce mil guerras a lo largo de los siglos”.30 Para que no pensemos que los seres humanos han estado progresando en este aspecto a medida que pasan los siglos, podemos anotar que entre 35 y 40 millones de soldados murieron en centenares de guerras durante el siglo 20.31 Eso, sin contar los millones de civiles que también murieron. Piense en la indecible desdicha humana ¡y en el dolor que produce la guerra humana! Todo el tema es repulsivo, ya que muestra de la manera más cruda el estado lamentable de la vida humana bajo el dominio del pecado.

Hay muchos que piensan que el hombre depende de sus propios actos para librar al mundo de la guerra, quizás mediante la acción política o mediante la conversión al pensamiento de la “nueva era”. Tristemente, sabemos que eso es imposible. La gente anunció que la primera guerra mundial era la “guerra para terminar con todas las guerras”, pero fue seguida por una guerra aún peor, sólo una generación más tarde. Después de luchar contra el nazismo, hubo una guerra para frenar el comunismo; después de luchar contra el comunismo, hubo una guerra contra la yihad. Siempre hay una nueva razón para la guerra.

Como cristianos, siempre debemos trabajar y orar por la paz. Jesús dice: “Bienaventurados los pacificadores” (Mateo 5:9). Pablo nos exhorta a orar “por los reyes y por todos los que tienen autoridad, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:2). Pero no tenemos sueños optimistas de ver en realidad un mundo amistoso en el que reinen el amor y la armonía entre todas las naciones. El pecado sigue presente en el mundo, y la Biblia ha anunciado que “se levantará nación contra nación”.

Pero, como creyentes en el Señor, no tenemos que alarmarnos por las guerras y los rumores de guerras.; “es necesario que todo esto acontezca” (Mateo 24:6). Dios está llamando a la puerta, nos exhorta para que estemos listos para el regreso de su Hijo. Dios sigue teniendo el control de todas las cosas. Las guerras y los rumores de guerras, nos recuerdan que pronto viene Jesús.

Falsas enseñanzas y apostasía

Quizás el tema de las falsas enseñanzas merezca también atención especial. Así como la historia del mundo es en gran parte una historia de guerras, también la historia de la iglesia es en gran parte una historia de falsas enseñanzas y de la reacción de la iglesia contra ellas.

Las falsas enseñanzas y la apostasía son ampliamente predichas en la Biblia. Jesús dice: “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos” (Mateo 24:10, 11). Pablo escribió: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1).

Más adelante, Pablo añadió “pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3, 4). Judas repitió la predicción de los apóstoles: “ ‘En el último tiempo habrá burladores que andarán según sus malvados deseos.’ ” Estos son los que causan divisiones, viven sensualmente y no tienen al Espíritu” (Judas 18, 19).

Toda época ha tenido sus propios ejemplos. Desde los tiempos del Nuevo Testamento, dos colosales sistemas religiosos se destacan sobre la multitud: el catolicismo romano y el islam. Cada uno de ellos reclama un quinto o más de la población actual del mundo. En el siguiente capítulo, vamos a considerar el surgimiento del papado y las falsas enseñanzas del catolicismo romano; aquí nos limitamos a decir que el islam es un monstruoso cumplimiento de las profecías de la Biblia de la falsa enseñanza como una poderosa arma de Satanás. Las regiones del mundo en las que los musulmanes ejercen el control político tienen generalmente pocos cristianos, y lo más frecuente es que la evangelización cristiana esté prohibida por la ley. En algunas de esas áreas, como el norte de África, hubo en un tiempo prósperas comunidades cristianas. Aquí hay una evidencia de personas que “abandonaron la fe” y siguieron “enseñanzas de demonios”. Esta es una señal de que Jesús viene pronto.

Hoy es particularmente preocupante en la iglesia visible la negación de la autoridad de la Biblia por medio del método de la alta crítica en la interpretación bíblica. Grandes fracciones de la iglesia visible dicen que la Biblia contiene errores; dicen que han perdido la confianza en lo que dice la Biblia y, en consecuencia, pueden cuestionar o negar todas las doctrinas cristianas tradicionales.

Cuando se organizó el concilio mundial de iglesias en 1948, los participantes no se pudieron poner de acuerdo ni siquiera en la doctrina de la Trinidad.32 Hoy en día, grandes segmentos de la iglesia visible niegan que Jesús pagó los pecados de todo el mundo (la expiación vicaria), que es el corazón y núcleo de la enseñanza bíblica.

Sin duda, en estos últimos días, todos tenemos que estar en alerta respecto de los falsos cristos y de los falsos profetas. Jesús nos advierte: “Mirad que no seáis engañados, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: “Yo soy el Cristo” y: “El tiempo está cerca”. Pero no vayáis en pos de ellos” (Lucas 21:8). Es necesario hacer como se nos exhorta: “probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” (1 Juan 4:1).

Persecución a los cristianos

Finalmente, es necesario pensar de una manera especial en la persecución a los cristianos. Jesús da profecías inequívocas de que la persecución va a venir; él dice: “Entonces os entregarán a tribulación, os matarán y seréis odiados por todos por causa de mi nombre” (Mateo 24:9). Y dice a continuación: “Seréis entregados aun por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros. Seréis odiados por todos por causa de mi nombre” (Lucas 21:16, 17).

El libro de los Hechos da amplio testimonio del cumplimiento de estas profecías en la iglesia primitiva. Los apóstoles fueron encarcelados y azotados (Hechos 5:18, 40); Esteban fue apedreado hasta que murió (Hechos 7:58); Saulo iba de casa en casa, llevando a prisión a los hombres y las mujeres creyentes (Hechos 8:3).

El rey Herodes “Mató a espada a Jacobo, hermano de Juan” (Hechos 12:2). El misionero Pablo fue apedreado y dado por muerto en Listra (Hechos 14:19); fue desnudado y severamente flagelado en Filipos (Hechos 16:22, 23). Más adelante, Pablo dijo: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado;” (2 Corintios 11:24, 25).

Pero la persecución no se limitó al primer siglo; también en nuestra así llamada era ilustrada, los cristianos son constantemente perseguidos por su fe. Muchas veces se ha dicho que en el siglo 20 fueron llevados a muerte por su fe más cristianos que en todos los siglos anteriores. Algunos han calculado que fueron más de cien millones los mártires en el siglo pasado.33 Lo cierto es que las estadísticas sobre un asunto como este son casi imposibles de recopilar. Pero, sean cuales sean las estadísticas, el hecho es que la persecución a los cristianos está desbocada en nuestro mundo.

No nos debería sorprender que la persecución venga a nosotros y a otros creyentes. En la actualidad, muchos de nosotros vivimos en partes del mundo en las que la vida no está amenazada por causa de Cristo. Le damos gracias a Dios por este don de sociedades pacíficas en las que los cristianos lo pueden adorar con libertad. Pero, tenemos que estar siempre preparados para dar la vida por Cristo, si eso fuere necesario en el futuro. Incluso ahora puede haber ridiculización y otras formas de odio, que debamos soportar con paciencia por causa de la fe. Y ciertamente nuestro corazón está con todos los creyentes, que están perdiendo su vida o la vida de sus seres amados, por causa del evangelio. Si podemos hacer algo para ayudarles, lo debemos hacer. Y si nada podemos hacer, encomendamos en oración ante nuestro misericordioso Señor a los que están siendo perseguidos.

La batalla final

Y como si todo esto no fuera suficientemente malo, la Biblia también predice que va a haber una batalla final, un asalto total a la iglesia cuando venga el fin del mundo. Los enemigos de Dios se reunirán para dar la batalla final, intensificando la promoción de las falsas enseñanzas, la maldad y la persecución. Las cosas van a estar en su peor condición en el momento en que Jesús regrese para aparecer como el victorioso vencedor sobre todas las cosas. Va a ser “el momento más oscuro, que viene antes del amanecer”.

El profeta Joel predijo esta gran batalla final con el siguiente mensaje que vino del Señor:

¡Proclamad esto entre las naciones,
proclamad guerra, despertad a los valientes!
¡Acérquense, vengan todos los hombres de guerra!
Forjad espadas de vuestros azadones,
lanzas de vuestras hoces y diga el débil: “¡Fuerte soy!”
Juntaos y venid,
naciones todas de alrededor, y congregaos.
¡Haz venir allí, Jehová, a tus fuertes!
Despiértense las naciones y suban al valle de Josafat,
porque allí me sentaré
para juzgar a todas las naciones de alrededor”.
(Joel 3:9–12)
En el Antiguo Testamento se encuentran pasajes similares en Ezequiel 38–39 y Zacarías 14:2–15.

 

Bueno: la siembra y la cosecha

Con todo este pesimismo, uno se puede preguntar: ¿Hay algo bueno con lo que se pueda contar mientras esperamos a Jesús? La respuesta es sí, porque Dios nos ha dado unas promesas muy buenas.

En primer lugar, Dios ha prometido que va a seguir sosteniendo el ritmo normal de los días y de las estaciones todo el tiempo que dure la tierra. Dios nunca va a acabar con la producción agrícola, ni va a enviar otra destrucción mundial como el diluvio de la época de Noé. Después del diluvio, Dios dijo en su corazón: “No volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque el corazón del hombre se inclina al mal desde su juventud; ni volveré a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras la tierra permanezca no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche” (Génesis 8:21, 22).

Los profetas del fin del mundo han predicho que la tierra se puede convertir en un verano eterno o en un invierno eterno, pero nosotros sabemos que, por la gracia de Dios, eso no va a ocurrir. En la actualidad, el calentamiento global es una gran preocupación para muchos. ¿Qué se puede decir al respecto? Naturalmente, si estamos haciendo cosas que van en detrimento del mundo que Dios nos dio, los cristianos deberíamos estar preocupados; nosotros queremos ser buenos mayordomos del mundo que nos ha sido confiado. Pero todos sabemos, porque Dios así lo prometió, que siempre va a haber “el frío y el calor, el verano y el invierno”.

Bueno: la predicación del evangelio

También, Dios ha prometido que el evangelio se va a extender por toda la tierra. Eso estaba en primer lugar en la mente de Jesús en las últimas palabras que les dijo a sus discípulos. En su gran discurso escatológico, Jesús dijo: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Jesús se refiere a la era del Nuevo Testamento como “los tiempos de los gentiles”, dando a entender que grandes cantidades de gentiles van a ser convertidos y salvados (Lucas 21:24). En la noche de la Pascua, dijo: “Así está escrito: y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46, 47). En el monte de Galilea, Jesús dijo: “id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). En la ascensión, Jesús dijo: “recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

No hay que perder de vista lo asombrosa que es esta profecía. Cuando Jesús dijo originalmente estas palabras, se las dijo a un pequeño número de hombres comunes y corrientes, que eran todos del mismo país. Hubiera parecido muy improbable que su mensaje se pudiera extender por todas partes. En la época del Antiguo Testamento, los medios de gracia y de salvación estaban limitados en gran parte a la nación israelita. El propósito de Dios era que el mensaje de salvación fuera compartido con todas las naciones por medio de Israel (1 Crónicas 16:8, 23–30; 2 Crónicas 6:32, 33). Pero, en realidad, las personas de otras naciones que llegaron a conocer al verdadero Dios, como Rahab, Rut, y Naaman, parece que habían sido pocas y distantes entre sí. Fue algo completamente nuevo cuando las compuertas del reino de Dios les fueron abiertas por completo a las gentes de todas las naciones en la época del Nuevo Testamento.

Eso nos ayuda a entender el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés. El profeta Joel predijo que en los últimos días el Señor iba a derramar su Espíritu sobre todo ser humano (Joel 2:28, 29). Eso se cumplió el día de Pentecostés (Hechos 2:16–18). Pero, ¿en qué sentido fue diferente la actividad del Espíritu Santo después de Pentecostés? En la época del Antiguo Testamento, el Espíritu Santo obró la fe en el corazón de los creyentes (Salmo 51:11) de la misma manera que en la época del Nuevo Testamento (1 Corintios 12:3). En la época del Antiguo Testamento, el Espíritu Santo les dio a los creyentes la capacidad de hacer obras agradables delante de Dios (Éxodo 31:3) de la misma manera que en la época del Nuevo Testamento (Gálatas 5:22). Una diferencia importante se encuentra en el alcance mundial de la obra salvadora del Espíritu. Ahora el Espíritu Santo distribuye generosamente la gracia de Dios por todo el planeta, entre personas de todas las naciones (vea Hechos 10).

Eso explica también la atadura de Satanás en Apocalipsis 20. El Apocalipsis dice: “Vi un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que fueran cumplidos mil años” (Apocalipsis 20:1–3). Cristo “ató” al diablo cuando ganó la victoria sobre él, por su vida, su muerte, y su resurrección (Juan 12:31; Hebreos 2:14; 1 Juan 3:8). Posteriormente en los “mil años” de la era del Nuevo Testamento, el diablo no ha sido capaz de “engañar más a las naciones” como sí lo hizo en la época del Antiguo Testamento. El diablo no ha sido capaz de impedir la difusión del evangelio a todas las personas.

En cierta medida, esta profecía ya se había cumplido en la época de los apóstoles, cuando los apóstoles llegaron hasta los confines de la tierra en su obra misionera. Pero, ¿cuánto más no se ha cumplido en los siglos y las décadas recientes? Como consecuencia de la colonización occidental, el evangelio ha llegado a innumerables lugares nuevos. Desde 2007, la Biblia completa ha sido traducida a 429 idiomas, y el Nuevo Testamento a 1,145 idiomas. En la actualidad, las obras de Lutero están siendo traducidas al chino. Es emocionante pensar que el evangelio ha estado viajando por la radio y la televisión ¡a todos los confines de la tierra! El evangelio ha estado llegando a todas las áreas del mundo. He aquí algo verdaderamente maravilloso mientras esperamos el regreso de Jesús.

Bueno: bendiciones para la iglesia

Finalmente, Dios ha prometido que siempre protegerá y bendecirá a su iglesia, es decir, a todos los creyentes en Jesús, a través de toda la era del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento tiene una inmensa cantidad de esas seguridades. Después de que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, Jesús dijo: “sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la dominarán” (Mateo 16:18).

La muerte y el infierno, no van a destruir la iglesia de Cristo. Siempre podemos contar con la presencia de Dios con nosotros, hasta el día del juicio. Pedro dijo que, por medio de la fe, los creyentes son “guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final” (1 Pedro 1:5). Estamos protegidos por Dios, hasta el final.

Pablo expresó constantemente la confianza que tenía en que Dios siempre lo cuidaba y lo guardaba; y escribió: “Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial” (2 Timoteo 4:18). Pablo puso toda su confianza en Dios, y estaba seguro de la protección divina; por eso escribió: “Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Pablo usó también una imagen interesante, dijo que Dios “nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones” (2 Corintios 1:22; vea 2 Corintios 5:5). Cuando hacemos un anticipo de dinero, o un depósito, sobre un vehículo, ese pago inicial es la garantía de que va a haber más pagos en el futuro. De la misma manera, cuando Dios nos da su Espíritu Santo en fe, ese Espíritu es una garantía de que habrá más dones de Dios en el futuro. El hecho de que tengamos el Espíritu Santo es una prueba de que Dios está con nosotros y de que él nos va a dar nuestra “herencia” en el cielo, al final (Efesios 1:14).

 

Optimistas realistas

Entonces, ¿cuál debe ser nuestra actitud como cristianos? Se ha dicho que tenemos que ser “optimistas realistas”.41 Somos realistas en cuanto a las luchas y las dificultades de la vida en la tierra. No esperamos que la vida sea fácil. No tenemos grandes esperanzas de que haya un cielo en la tierra. Esperamos que haya dificultades, y sabemos que las cosas pueden llegar a ser peores antes del fin. Pero también somos optimistas, porque sabemos que Jesús ha ganado la victoria final.

El cielo es nuestro. Jesús está siempre con nosotros mientras vivamos sobre la tierra. Y nuestro corazón está lleno de alegría por haber visto y haber sido parte de la predicación del evangelio a todas las naciones.

Tronos y coronas pueden perecer;
De Jesús la iglesia fiel habrá de ser;
Nada en contra suya prevalecerá,
Porque la promesa nunca faltará.
¡Muévete potente, pueblo del Señor!
Y de triunfo en triunfo marcha con valor.
Eres solo un cuerpo, y uno es el Señor,
Una la esperanza y uno nuestro amor.
Texto: Sabine Baring-Gould (1834–1924, sacerdote y escritor Anglicano, traducido por Juan Bautista Cabrera. 1837–1916) (CC 254:3)

 

Fuente:

Thomas P. Nass, Tiempos Finales: Jesús Viene Pronto, ed. Curtis A. Jahn, Enseñanzas de La Biblia Popular (Milwaukee, WI: Editorial Northwestern, 2011), 69–88.

 

_________________________

27 What Luther Says: An Anthology, compiled by Ewald M. Plass, Vol. 2 (St. Louis: Concordia Publishing House, 1972), p. 697.

28 World Almanac: (New York: World Almanac Books, 2009), pp. 316–318, 690.

29 http://www.wfp.org/hunger/stats, accessed August 21, 2010.

30 Chandler, Doomsday, p. 119.

31 Thomas Hayden, “The Roots of War,” US News and World Report, April 26, 2004, p. 49.

32 John R. Stephenson, Eschatology (Fort Wayne, IN: Luther Academy, 1993), p. 7.

33 James and Marti Hefley, By Their Blood: Christian Martyrs From the Twentieth Century and Beyond (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2004), back cover.

34 Becker, Revelation, pp. 315, 316.

35 John P. Meyer, The Kingdom of Christ, translated by O. Marc Tangner (O Marc Tangner, 2002), p. 76. Originalmente publicado como “Das Königtum Cristoi” in Theologische Quartalschrift, Vol. 32, No. 3 (July 1935), p. 199.

36 Mueller, Revelation, p. 1.

37 What Luther Says, Vol. 2, p. 1040.

38 Teodoro de Beza dijo esto después de la masacre de los hugonotes en Vassy en marzo de 1562. Citado en Henry M. Baird, History of the Rise of the Huguenots, Vol. 2 (London: Hodder and Stoughton, 1880), p. 28.

39 John M. Brenner, “Worldwide Luteroan Membership Figures for 2006,” Wisconsin Lutheran Quarterly, Vol. 104, No. 3 (Summer 2007), p. 218.

40 R. B. Kuiper, citado en Aaron Luther Plueger, Things to Come for Planet Earth (St. Louis: Concordia Publishing House, 1977), p. 94.

41 Eickmann, Hosea, Joel, Amos, p. 160.

CC Culto Cristiano

 

 

¿POR QUÉ NO REGRESAS YA?

¿Por qué la aparente demora?

Sin embargo, todo lo anterior puede hacer surgir un dilema en la mente. Si la Biblia dice que la segunda venida de Cristo está cerca, ¿por qué han transcurrido dos mil años? ¿Por qué ha habido tanta demora? ¿Por qué continúa la vida y sigue adelante sin interrupción? El apóstol Pedro se anticipó a esta pregunta, en su segunda epístola, en la que escribió: “Sabed sobre todo que en los últimos días vendrán burladores, andando según sus propias pasiones y diciendo:, ‘«¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación»’ ” (3:3, 4).

El Espíritu Santo inspiró a Pedro para que escribiera dos cosas para ayudarnos a comprender la aparente demora. Lo primero y más importante que debemos recordar es que el tiempo de Dios no es nuestro tiempo; Pedro escribió: “Pero, amados, no ignoréis que, para el Señor, un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3:8, aludiendo al Salmo 90:4). Para Dios, los dos mil años que han pasado no han sido un tiempo largo; han sido sólo como un día o dos. La perspectiva que tiene Dios del tiempo es diferente de la nuestra; es como un billonario a quien se le cobran 10,000 dólares por el cambio de un techo. Para él, $10,000 es una gota en el presupuesto, mientras que a muchos otros esa cantidad les puede parecer enorme.

En este sentido, se puede recordar lo que ocurrió en la época del Antiguo Testamento. Dios hizo promesas, pero con frecuencia pasó mucho tiempo, desde nuestro punto de vista, para que se cumplieran. Hacia el 2100 a.C., Dios le prometió a Abraham que sus descendientes iban a poseer la tierra de Palestina (Génesis 12:7); eso no se cumplió hasta casi setecientos años más tarde, cuando Josué condujo a los israelitas a la conquista de la Tierra Prometida. Hacia el año 1400 a.C., el profeta Malaquías predijo que Elías iba a venir para preparar el camino del Salvador (Malaquías 4:5); eso no se cumplió hasta unos cuatrocientos años más tarde, cuando Juan el Bautista entró en la escena (Mateo 11:14). Eso nos puede parecer un tiempo muy largo, pero, desde el punto de vista de Dios, no hubo ninguna demora; para él, mil años son como un día.

En segundo lugar, Pedro dijo que Dios tiene un propósito misericordioso para retardar el día del juicio. Pedro dijo a continuación: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Dios, en su gracia les está dando más tiempo a las personas para que se arrepientan y sean salvas. Apocalipsis 6:11 dice que es necesario que se “complete” el número de los mártires cristianos, antes de que venga el fin. Dios ha elegido a un número total de personas para que gocen del cielo, y no va a traer el día del juicio hasta que todas esas personas hayan sido llevadas a la fe en Cristo. Quizás lo podamos entender de esta manera: Si el día del juicio hubiera venido hace cien años, usted y yo no hubiéramos tenido la oportunidad de ir al cielo. Por eso Dios, en su amor por los pecadores y por el deseo de que sean salvos, está esperando con paciencia.

Pero las promesas de Dios siguen en pie; el día del juicio va a venir pronto, de la manera como la Palabra de Dios lo ha declarado. En la poderosa sección que escribió Pedro con referencia al día del juicio, añadió: “Estos [los burladores] ignoran voluntariamente que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua. Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.” (2 Pedro 3:5–7). La poderosa Palabra del Señor creó el universo; esa misma Palabra ha decretado el día final de juicio. Como la Palabra de Dios ha hablado, así ocurrirá con seguridad, en el tiempo de Dios.

Y si el día del juicio estaba cerca en la época de los apóstoles, sólo podemos suponer que ahora está aún más cerca. Pablo escribió: “porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Romanos 13:11). Cada día que pasa se acerca más el día del juicio. Cuanto más tiempo permanezca el mundo, más cerca estamos de la segunda venida de Cristo.

Indicios en la Biblia de que la venida tarda un tiempo

La verdad es que no toda la evidencia bíblica apunta a una inmediata segunda venida de Cristo. En la Biblia hay algunos indicios de que la venida de Cristo puede tardar un tiempo, mirada desde el punto de vista humano.

Por ejemplo, algunas de las parábolas de Cristo sugieren un tiempo largo antes del día de juicio. En la parábola de las diez vírgenes, “Como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron” (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, el señor regresó “después de mucho tiempo” (Mateo 25:19). En la parábola de las diez minas, el “Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino y volver” (Lucas 19:12). Esta última parábola en realidad fue dicha para corregir a los que pensaban que el reino de Dios se iba a manifestar de inmediato (versículo 11).

En relación con las señales del fin que mencionó, Jesús da a entender que el fin no va a venir de inmediato, cuando se comiencen a ver las señales. Esas señales son “sólo principio de dolores” (Mateo 24:8). Jesús dice que las guerras y las revueltas “es necesario que… acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente” (Lucas 21:9).

En ocasiones, los apóstoles, que decían que el día del juicio estaba cerca, escribieron como si esperaran que su propia muerte ocurriera primero. Pablo le escribió a Timoteo: “El tiempo de mi partida está cercano” (2 Timoteo 4:6). Pablo dijo también que “para mí el vivir es Cristo y el morir, ganancia” (Filipenses 1:21–23). Pedro, hablando de su vida en el cuerpo, dijo: “sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo” (2 Pedro 1:14).

A los creyentes también se les debe animar a ser “pacientes” en relación con la venida del Señor. Santiago escribió: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca” (Santiago 5:7, 8). Tenemos que ser pacientes, como granjeros que esperan que la cosecha madure, esperando el regreso de Cristo.

En especial el libro de Apocalipsis indica cierta duración del tiempo antes del día del juicio. Cuando se abre el quinto sello en las visiones del Apocalipsis, el apóstol Juan ve las almas de los mártires en el cielo, que están esperando con impaciencia la venida del día del juicio. Se les dieron vestiduras y se les dijo que descansaran “todavía un poco de tiempo” (Apocalipsis 6:11). Las visiones de los sellos, las trompetas, los testigos, y las bestias, representan todas ellas, los eventos que van a ocurrir durante la era del Nuevo Testamento, que culminarán el día del juicio. Esos eventos llaman a “la perseverancia… de los santos” (Apocalipsis 13:10). Además, Apocalipsis 20 dice que Satanás va a ser atado “por mil años” (versículo 2). Aunque en el Apocalipsis las referencias temporales como “mil años” no tienen la intención de ser literales, sí implican el transcurso de una cierta cantidad de tiempo para que esos eventos tengan lugar. Es interesante notar que los apóstoles no dejaron de hacer planes para el futuro, aunque también insistían mucho en que el fin estaba cerca. Solían hablar como si todavía fueran a estar vivos sobre la tierra después de uno o dos años. Pablo habló de los planes que tenía para “ir a España” (Romanos 15:23–25). Juan escribió sobre sus intenciones de “ir a vosotros y hablar cara a cara” (2 Juan 12). Las epístolas están llenas de planes personales de los autores (1 Corintios 4:19; 2 Corintios 12:14; Filipenses 2:19; 1 Timoteo 3:14; 2 Timoteo 4:11; Filemón 22).

Los apóstoles no se cruzaron de brazos ni se sentaron a esperar; actuaron como si todavía les quedara tiempo.

Nuestra actitud

Entonces, ¿cuál es nuestra actitud? Como los apóstoles, no dejamos de hacer planes para el futuro, no dejamos nuestros trabajos para dedicarnos a mirar al cielo. Sabemos que el mundo se va a seguir tambaleando durante otros diez, cien, o mil años. Y todos podemos seguir anunciando el evangelio para que así el mundo sea un mejor lugar de cierta manera.

Pero también sabemos que el mundo puede llegar a su fin hoy o mañana; por eso no vamos a aplazar lo referente al arrepentimiento y a la fe. No pensamos que las viviendas que tenemos en esta tierra sean nuestro verdadero hogar. Mientras va transcurriendo nuestro día, pensamos en la posibilidad de que Cristo pueda aparecer en cualquier momento. Sobre todas las cosas, queremos estar siempre cerca de Jesús en la fe, usamos su Palabra y los sacramentos, para que su gracia esté con nosotros. Y también podemos usar las señales del fin como advertencias y recordatorios. Cuando nos llegan noticias de un terremoto, siempre pensamos “Jesús va a venir pronto”. Cuando tenemos noticias de una guerra, siempre pensamos “Jesús va a venir pronto”. Cuando escuchamos sobre falsos maestros, pensamos “Jesús va a venir pronto”.

Alguien dijo una vez que las señales del fin son como si Dios estuviera llamando a la puerta del mundo. Él quiere atraer nuestra atención, y por eso permite que haya hambre y enfermedades; permite que el mal gane fuerza. De esa manera está llamando a la puerta, indicando así que este mundo está llegando a su fin. Es Dios que está llamando a la puerta, diciéndonos que va a venir pronto.

Jesús dice que las señales del fin son como los dolores que anuncian el parto de una mujer que está embarazada. “Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es solo principio de dolores” (Mateo 24:7, 8). ¿Ha estado usted alguna vez en una sala de partos? Una vez que comienzan los dolores de parto, hay algo que es seguro: pronto va a haber un nacimiento. Una enfermera nos dijo una vez a mi esposa y a mí, en esa situación: “Nunca hemos dejado un niño adentro”. Y eso es lo que ocurre ahora cuando las señales del fin son evidentes. El nacimiento de la eternidad viene pronto. Es inevitable.

Un autor Cristiano lo dice de esta manera: “Los religiosos de todas las épocas han tenido la esperanza de ver el cumplimiento de la esperanza escatológica durante el tiempo de su vida.… En todas las épocas, ha estado siempre presente la dinámica del fin de los tiempos.… miramos a nuestra propia época, y decimos: ‘Con seguridad, estos son los últimos de los últimos días’. Como les ocurrió a nuestros ilustres predecesores, podemos estar equivocados; pero lo que es cierto es que un día, una generación tendrá la razón. Por lo tanto, todas las generaciones deben estar preparadas”.26

“¡Despertad! A todos llama
Del guarda fiel la gran proclama;
¡Despierta, pueblo de David!
Ya la media noche suena,
Venid a la celeste cena;
Prudentes vírgenes, salid.
Al regio esposo ved,
La lámpara encended.
¡Aleluya! Presto acudid al adalid;
Con júbilo a sus bodas id”
Texto: Philipp Nicolai (1556–1608, pastor luterano alemán, traducido por Federico Fliedner, 1845–1901)

 

Fuente:

Thomas P. Nass, Tiempos Finales: Jesús Viene Pronto, ed. Curtis A. Jahn, Enseñanzas de La Biblia Popular (Milwaukee, WI: Editorial Northwestern, 2011), 62–67.

______________________

(CC 4:1)

26 Frederic W. Baue, “What Comes After Postmodernism?” Logia, Vol. 8, No. 1 (Epiphany 2004), p. 8.

CC Culto Cristiano

 

EL VICARIO DE CRISTO

Christian dove

https://poder1844.wordpress.com/2018/01/18/el-vicario-de-cristo/

 

MAYORDOMO

(heb. śar, bên mesheq, ’hâ-îsh ’asher ‛al; gr. epítropos, oikonómos [del verbo oikonoméō]). Hombre empleado para administrar una propiedad o negocios de otra persona, y responsable por ellos. José fue mayordomo sobre la casa de Potifar (Gn. 43:19; 44:4). Sebna era mayordomo durante el reinado de Ezequías (Is. 22:15; cf 2 R. 18:37; 19:2). Varios hombres eran “mayordomos en la casa de Jehová” (2 Cr. 34:10–13). En el NT desempeñan una parte importante en las parábolas de Jesús (Mt. 20:8; Lc. 12:42; 16:1–9), y a la mayordomía se le da una aplicación espiritual. El ministro cristiano actúa como mayordomo (administrador) de Dios (Tit. 1:7), y es un “administrador” de los “misterios de Dios” (1 Co. 4:1, 2) y de la “multiforme gracia de Cristo” (1 P. 4:10). Es responsable ante él por la forma en que trata a quienes están en oscuridad.

Fuente: Siegfried H. Horn, ed. Aldo D. Orrego, trans. Rolando A. Itin and Gaston Clouzet, Diccionario Bíblico Adventista (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), 762–763.

cambiar el mundo perfecto

(En hebreo, generalmente es sar, «aquel que está a la cabeza»; griego: oikonomos y epitropos: «mayordomo», «dispensador» o «administrador»). Superintendente, administrador de los bienes de la casa de otro. Eliezer era el mayordomo de Abraham (Gn. 15:2; 24:2); José tenía uno (Gn. 43:19; 44:1, 4), al igual que David y Salomón (1 Cr. 27:31; 1 R. 4:7), Nabucodonosor (Dn. 1:11, 16), Herodes (Lc. 8:3), el señor de la parábola del mayordomo infiel (Mt. 20:8). El mayordomo era también el que dirigía al personal y llevaba las cuentas de la casa; el dispensador que distribuía los artículos y alimentos a los componentes de la casa, tanto para su alimentación como para llevar a cabo sus trabajos (Lc. 12:42; 16:1).

Según el Nuevo Testamento, los servidores de Dios son los mayordomos o dispensadores que Él ha puesto en su Iglesia (Tit. 1:7; 1 Co. 4:1–2; 1 P. 1:12); con ello, todos los creyentes son dispensadores de las gracias y de los dones que Dios les ha confiado (4:10). Lo que se demanda de cada uno es que sea fiel, porque llegará el día en que deberá rendir cuentas de su administración. Tendrá que restituir todos los bienes que haya recibido a su cuidado, y es entonces sólo que recibirá «lo que es suyo», esto es, su herencia eterna (Lc. 16:2, 9–12).

Fuente: Samuel Vila Ventura, Nuevo Diccionario Biblico Ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 741.

MAYORDOMÍA

En el griego, la palabra mayordomía (oikonomia) es una palabra compuesta que significa «administración de una casa». El que administra la casa es llamado mayordomo (oikonomos «ley de la casa») o bien superintendente (epitropos). La idea tiene sus raíces en el establecimiento de la esclavitud. El amo nombraba a un esclavo para que administrara su casa, lo que podía incluir la enseñanza y disciplina de los miembros de la casa, en especial de otros esclavos y los niños. Un ejemplo clásico sería José en la casa de Potifar (Gn. 39:4–6). La idea ordinaria de la mayordomía se encuentra en varios pasajes del NT; notable es la historia del mayordomo injusto (Lc. 16:1–8; cf. Mt. 20:8; Lc. 12:42). El guardián de un menor también puede ser llamado un mayordomo (oikonomos, Gá. 4:3). Este es uno de los usos comunes en los papiros (MM). Un oficial público podría ser llamado un mayordomo (oikonomos, Ro. 16:23) o supervisor (epitropos Lc. 8:3).

La idea de que el hombre es mayordomo de Dios en su relación con el mundo y su propia 870593_58527003vida es algo inherente al relato de la creación (Gn. 1–3), en el cual se le nombra señor de todo, menos de sí mismo. En el NT, cuando la palabra no se usa en su sentido ordinario, se refiere a la administración de los dones de Dios, especialmente la predicación del evangelio. Por metonimia, la mayordomía puede referirse a la provisión que Dios hace para la era cristiana (Ef. 1:10; 3:9), implicándose en el contexto que este plan incluye el confiar a los hombres el mensaje del evangelio. La idea es explícita en 1 Co. 9:17; Ef. 3:2; Col. 1:25; 1 Co. 4:1–2; Tit. 1:7. La mayordomía se amplía de tal forma que incluye a todos los cristianos y todos los dones de Dios en 1 P. 4:10. Un uso poco común se encuentra en 1 Ti. 1:4, donde parece referirse a la disciplina y el adiestramiento del cristiano en el área de la fe. Se requiere que los mayordomos de Dios y de los hombres sean fieles; esto es, que administren según las direcciones que recibieron (1 Co. 4:2).

El énfasis moderno en la mayordomía de las posesiones, aunque es cierta, puede tender a oscurecer el hecho de que la mayordomía principal del cristiano es la del evangelio, incluyendo toda la vida, al igual que su dinero.

 

Fuente:

Fred L. Fisher, “MAYORDOMÍA,” ed. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley, and Carl F. H. Henry, Diccionario de Teología (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 383–384.

EL PECADO, en la teología de Pablo

El NT da por sentada la condición de pecador del hombre. En Romanos 3:23, Pablo presenta la universalidad del pecado cuando dice “…porque todos pecaron” para indicar la gravedad del pecado y las consecuencias del mismo.

Al tener una comprensión del concepto del hombre en el pensamiento teológico de Pablo como un ser, así relaciona el problema del pecado en el mismo. El hombre es pecador y no se ha dado cuenta del alcance y peligro que tiene el pecado en su vida. Pablo nos exhorta a mirar la gama que tiene el pecado en la que con mucha facilidad el hombre se enreda. Pablo usa cerca de una docena de palabras para hacer referencia al pecado, mostrándonos así una riqueza en las expresiones y el alcance de ellas. En las traducciones de las palabras a veces se menciona la palabra pecado, pero no se da la característica y gravedad de la palabra.

pecadosLas palabras con las cuales Pablo define al pecado se destacan por la riqueza en su significado, con lo cual podemos tener una dimensión de la gravedad del pecado en la vida del ser humano. A continuación se detallan algunas de ellas.

1. Injusticia (adikia)

Esta palabra también se traduce como el mal obrar, maldad o incorrección. Descubre al hombre que no tiene ley que lo gobierne; es una palabra muy utilizada en su tiempo para hablar de pasar por sobre la ley y cometer toda clase de fechorías o delitos (Rom. 1:29; 2:8, Col. 3:25). En Romanos 1:18 Pablo describe la ley y la justicia que van contra la perversidad de los hombres que produce una enemistad contra la verdad. Cuando este desconoce a Dios en los primeros cuatro mandamientos, está demostrando que en su corazón lo único que alberga es impiedad. La injusticia, como la segunda parte del texto, hace referencia a los otros seis mandamientos que son violados como consecuencia de desconocer los primeros cuatro. Quien atropella a la gente no tiene ley que rija su forma de actuar.

2. Pecado (amartia)

Es la palabra más usada en el NT para dar la idea de pecado en todo el sentido de la palabra. Su significado es transgredir, obrar mal, pecar, y contrariar. La palabra da la idea de una condición responsable por parte del hombre con la característica que implica culpabilidad en sus actos. El alcance de amartia 266 lleva al hombre a mostrarle que tiene un amo que lo gobierna en la forma que desea y le sirve sin mirar que la paga será la muerte, tanto espiritual como física (Rom. 5:12)

3. Ilegalidad (anomia)

La palabra da la idea de desafiar a la ley y quebrantarla siendo consciente de ello. Por ejemplo, si se pasa de un país a otro sin llenar los requisitos de ley de ese país, esto es ilegal, pues se han violado principios y leyes. Luego, al ser requerido por la justicia de ese país, no se puede alegar ignorancia, sino que se debe aceptar que se infringió la ley, en cuyo caso se merece el castigo que estipula la ley de ese país. De igual forma Pablo quiere que entendamos que el pecado nos coloca como ilegales ante Dios y no podemos alegar ignorancia de parte nuestra, sino que cuando se nos llame a juicio él castigará nuestra ilegalidad.

4. Infidelidad (apistia)

Esta palabra tiene que ver con la resistencia a creer. En Romanos 3:3, Pablo, por medio de preguntas tales como: “¿Qué, pues, si algunos de ellos han sido infieles? ¿Acaso podrá la infidelidad de ellos invalidar la fidelidad de Dios? nos invita a reflexionar en la infidelidad como aquella que lleva a que se traicione la confianza. La única manera de poder entender a Dios y su plan de salvación radica en el sentido de cómo captemos la fe; según lo dice el autor a los Hebreos “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6).

5. Impiedad (asebeia)

Esta es otra palabra usada por Pablo para hablar del pecado. Su alcance lleva a comprender la falta de reverencia. A Timoteo le anima a que “…evita las profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad” (2 Tim. 2:16). Se puede ser irreverente y caer en actos que invitan a proferir o hacer mal a otros o contra nosotros mismos, igual que a Dios mismo cuando deseamos que responda a todo lo que pedimos sin pensar siquiera en él.

6. Sensualidad (aselgeia)

Esta palabra lleva la idea de licencia, relajamiento sensual, libertinaje en el vocabulario de Pablo. Cuando él hace una lista de pecados tanto en Romanos 1:18–32, como en las obras de la carne de Gálatas 5:20–22 describe la idea de una relajación sensual y un libertinaje por parte del hombre que lo hace ver como un pecador sin escrúpulos. El término describe una entrega sin restricciones al mal como producto del pecado en su vida.

7. Deseo (epizumia)

Esta palabra envuelve el carácter moral de la persona donde ella juzga lo que es malo o es bueno. El pecado se presenta como la base en el desear porque lleva a la persona a caer en la tentación. Pablo, al usar la palabra epizumia 1939, muestra cómo el pecado comienza en la mente del hombre, generándose allí un impulso que lo lleva a quebrantar la ley. El hecho de no hacer “provisión para satisfacer los malos deseos de la carne” (Rom. 13:14), para Pablo, es todo aquello que rodea al hombre en lo externo generando en la parte interna las pasiones y concupiscencia que lo llevan a caer en el pecado.

8. Hostilidad (eczra)

Esta es una palabra en el vocabulario de Pablo que nos lleva a ver cómo el pecado llega a los sentimientos, produciendo acciones hostiles contra el prójimo. La mejor traducción para esta palabra es enemistad. En Romanos 8:7 el Apóstol expresa que “la intención de la carne es enemistad contra Dios”. Esta referencia la hace aludiendo a la condición del hombre como pecador, el cual establece con su desobediencia la enemistad, porque Dios, aunque ama al pecador, aborrece el pecado en el cual vive la humanidad. De la misma manera, haciendo una antítesis, Pablo muestra a Cristo como “nuestra paz, que de ambos nos hizo uno… reconciliando con Dios a ambos en un solo cuerpo” (Ef. 2:14–16), atribuyendo, de esta manera, a la obra de Cristo la destrucción de la hostilidad o enemistad entre dos pueblos (judíos y gentiles), para llevarnos a ser uno a través del perdón ofrecido por su sacrificio en la cruz.

9. Maldad (kakia)

Este es uno de los términos más fuertes en el NT y se usa para indicar la perversidad o depravación como algo opuesto a la bondad y el bien. Esta perversidad hace que una persona descargue toda su furia sobre otra, no importando quien sea esta. El consejo de Pablo a los cristianos siempre es: “Quítense de vosotros toda… maldad” (Ef. 4:31) en vista de que ella conduce a hacer daño al prójimo. Se daña con palabras y con acciones sin importar las consecuencias que puedan acarrear tanto para la víctima como para quien las ejecuta.

10. Transgresión (parabasis)

Esta palabra es usada sólo unas 8 veces en el NT, y lleva la implicación de pasarse de los límites, o violar una ley. Hay en la palabra un fuerte énfasis sobre la violación de la ley en forma voluntaria, siendo muy consciente de lo que se ha hecho. En Romanos 5:14 leemos “No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron con una ofensa semejante a la de Adán…”, esto nos hace conscientes de que aunque no exista una ley, Pablo nos recuerda que aún la ley de la conciencia puede ser traspasada con actos contrarios a lo que ella nos dicta (Rom. 4:15). La trasgresión no exime de culpa al hombre, porque ha violado una ley a consciencia y se hace culpable de la infracción por la falta cometida.

11. Perversidad (poneria)

Esta palabra se traduce también como bajeza y aun malicia. Esta palabra es sinónimo de maldad (kakia 2549). Los dos términos aparecen juntos para enfatizar el alcance que hace el pecado en la vida de una persona; así lo indica Pablo escribiendo a la iglesia de Corinto, al hacer la siguiente recomendación “…que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad” (1 Cor. 5:8).

Pablo recurre al pensamiento del AT para exponer una teología con referencia al pecado con más claridad. El hombre es presentado en Génesis 3 no sólo como capaz de pecar, sino que lo comete. Al descubrirse a sí mismo como la imagen de Dios, el hombre quiso ser dios. Esto produjo su autoexclusión del compañerismo con Dios, un compañerismo de amor y confianza, pero él elige apartarse de Dios y este acto de desobediencia lleva a pensar en el viejo refrán popular de “que fue por lana y salió trasquilado”, queriendo hacer mucho termina en nada, perdiendo así los privilegios de vivir en el denominado huerto del Edén.

El pecado no es sólo asunto de la mente, tiene su correspondencia en la actitud del hombre. Este no afecta un órgano en particular, sino la totalidad del hombre, y eso tiene que ver con lo que le rodea, ya sea familia, sociedad y el mundo en general.

 

Fuente:

Juan Carlos Cevallos, Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 19: Romanos. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2006), 18–21.

ROMANOS, la epístola del apóstol Pablo

pablo

INTRODUCCION

1. Título. Cuando Pablo escribió esta epístola probablemente no le puso ningún título. Sencillamente era una carta que escribía a los creyentes de Roma; pero posteriormente la epístola llegó a ser conocida como “A los Romanos”, Gr. pros romáious, que es el título que se le da en los manuscritos más antiguos. En manuscritos posteriores este título fue ampliado a “La Epístola de Pablo el apóstol a los Romanos”, título que con algunas ligeras diferencias es el que se usa en las versiones castellanas.

2. Paternidad literaria. Nunca se ha puesto seriamente en duda que el apóstol Pablo sea el autor de esta epístola. Algunos eruditos han sugerido que el cap. 16 quizá no formaba parte de la epístola original enviada a Roma, sino que fue una carta separada enviada a Efeso, donde Pablo había trabajado durante algún tiempo (Hech. 19). Esta teoría se basa principalmente en la extensa lista de nombres que hay en dicho capítulo, y en la suposición de que difícilmente Pablo podría haber conocido a tantos amigos en una ciudad que aún no había visitado. Sin embargo, como la gente afluía a Roma desde todas partes del imperio, es muy posible que el apóstol hubiera tenido muchos amigos en la ciudad capital. Además, todos los manuscritos más antiguos incluyen el cap. 16 como una parte de la epístola. Por lo tanto, los eruditos conservadores modernos dejan la epístola tal como se encuentra ahora.

3. Marco histórico. Parece evidente que la Epístola a los Romanos fue escrita desde Corinto, en su tercer viaje misionero, durante la permanencia de Pablo de tres meses en esta ciudad (Hech. 20:1–3). Muchos eruditos ubican esta visita a fines del año 57 y comienzos del 58; pero algunos prefieren una fecha más antigua.

Que la epístola fue escrita desde Corinto es claro por sus referencias a Gayo (Rom. 16:23; cf. 1 Cor. 1:14) y a Erasto (Rom. 16:23; cf. 2 Tim. 4:20), y por su encomio a Febe, a quien Pablo describe como una creyente que había prestado servicios especiales a la iglesia de Cencrea, el puerto marítimo oriental de Corinto (Rom. 16:1).

Cuando Pablo escribió la epístola estaba por regresar a Palestina, pues llevaba una contribución de las iglesias de Macedonia y Acaya para los pobres que había entre los cristianos de Jerusalén (Rom. 15:25–26; cf. Hech. 19:21; 20:3; 24:17; 1 Cor. 16:1–5; 2 Cor. 8:1–4; 9:1–2). Después de terminar esa misión, se proponía visitar a Roma, y desde allí continuar con su viaje a España (Hech. 19:21; Rom. 15:24, 28). Hasta ese momento no había podido visitar a la iglesia cristiana de la ciudad capital del Imperio Romano, aunque con frecuencia había deseado hacerlo (Rom. 1:13; 15:22). Pero ahora creía que había completado sus labores misioneras en Asia y Grecia (cap. 15:19, 23), y anhelaba proseguir rumbo al oeste para fortalecer la obra en Italia e introducir el cristianismo en España (ver HAp 299–300). Para poder llevar a cabo este último propósito, Pablo deseaba estar seguro del apoyo y la cooperación de los creyentes de Roma; por lo tanto, antes de su visita les escribió esta epístola en la que bosqueja con términos vigorosos y claros los grandes principios de su Evangelio (cap. 1:15; 2:16). Ver pp. 107–108.

4. Tema. El tema de la epístola es la pecaminosidad universal de los hombres y la gracia universal de Dios, la cual proporciona un camino por el cual los pecadores pueden ser perdonados y también restaurados a la perfección y la santidad. Este “camino” es la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que murió, resucitó y vive eternamente para reconciliarnos y restaurarnos.

Cuando Pablo escribe esta epístola, su mente está llena de los problemas que han surgido en sus conflictos con los judaizantes. Se ocupa de las cuestiones básicas, y les da respuesta mediante una presentación amplia de todo el problema del pecado y del plan de Dios para hacer frente a esa emergencia. Pablo muestra en primer lugar que todos los hombres —judíos y gentiles— han pecado y continúan alejados del glorioso ideal de Dios (cap. 3:23). No hay excusa para este alejamiento, pues todos —judíos y gentiles, sin excepción— han recibido algún grado de revelación de la voluntad de Dios (cap. 1:20). Por lo tanto, todos están, con justicia, bajo condenación. Además, los pecadores son completamente impotentes para liberarse por sí mismos de esa situación, pues en su condición depravada les es absolutamente imposible obedecer la voluntad de Dios (cap. 8:7). Los intentos legalistas de obedecer la ley divina no sólo están condenados al fracaso, sino que también pueden ser evidencia externa de un arrogante rechazo generado por la justicia propia de no reconocer la debilidad del hombre y su necesidad de un Salvador. Sólo Dios mismo puede proporcionar remedio, y esto lo ha hecho mediante el sacrificio de su Hijo. Todo lo que se pide del hombre caído es que ejerza fe: fe para aceptar las condiciones necesarias para perdonar su pasado pecaminoso, y fe para aceptar el poder que se ofrece para llevarlo a una vida de rectitud.

Este es el Evangelio de Pablo tal como se desarrolla en la primera parte de la epístola. Los capítulos restantes se ocupan de la aplicación práctica del Evangelio ante ciertos problemas que tienen que ver con el pueblo escogido y con los miembros de la iglesia cristiana.

5. Bosquejo

I.Introducción, 1:1–15.

A. Saludo, 1:1–7.

B. Explicaciones personales, 1:8–15.

II.Exposición doctrinal, 1:16 a 11:36.

A. La doctrina de la justificación por la fe, 1:16 a 5:21.

1.Justificación alcanzada por la fe, 1:16–17.

2.La necesidad universal de justificación, 1:18 a 3:20.

a. El fracaso de los gentiles, 1:18–32.

b. El fracaso de los judíos, 2:1 a 3:20.

3.La justificación otorgada en Cristo, 3:21–31.

4.La justificación por la fe: doctrina del Antiguo Testamento, 4:1–25.

5.Los benditos efectos de la justificación, 5:1–11.

6.Los efectos de la justificación en contraste con los resultados de la caída de Adán, 5:12–21.

B. La doctrina de la santificación por la fe, 6:1 a 8:39.

1.La muerte al pecado y resurrección a una nueva vida, 6:1–11.

2.La liberación del yugo de la ley y del pecado, 6:12–23.

3.La relación de la ley con el pecado, 7:1–13.

4.El conflicto entre la carne y el espíritu, 7:14–25.

5.La vida llena del Espíritu, 8:1–39.

C. La elección de Israel, 9:1 a 11:36.

1.El pesar de Pablo por el rechazo de Israel, 9:1–5.

2.La justicia del rechazo, 9:6–13.

3.La voluntad de Dios no debe ser puesta en duda, 9:14–29.

4.La causa del rechazo fue la falta de fe de Israel, 9:30 a 10:21.

5.La restauración final de Israel, 11:1–36.

III.Aplicación práctica de la doctrina de la justificación por la fe, 12:1 a 15:13.

A. El sacrificio que hace el cristiano de sí mismo, 12:1–2.

B. El cristiano como miembro de la iglesia, 12:3–8.

C. La relación del cristiano con otros, 12:9–21.

D. La relación del cristiano con el Estado, 13:1–7.

E. La única deuda que tiene el cristiano: amor, 13:8–10.

F. La proximidad de la segunda venida, 13:11–14.

G. La necesidad de tolerancia mutua entre los cristianos, 14:1 a 15:13.

IV.Conclusión, 15:14 a 16:27.

A. Explicaciones personales, 15:14–33.

B. Saludos a varias personas, 16:1–16.

C. Advertencia contra los falsos maestros, 16:17–20.

D. Saludos de parte de los compañeros de Pablo y de su amanuense, 16:21–23.

E. Bendición final y doxología, 16:24–27.

 

 

HAp Los hechos de los apóstoles

 

Fuente:

Francis D. Nichol and Tulio N. Peverini, eds., Hechos a Efesios, trans. Victor E. Ampuero Matta and Nancy W. de Vyhmeister, vol. 6, Comentario Biblico Adventista Del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 463–465.

NO HAY CIENTIFICOS ATEOS

Todo científico, incluyendo a los agnósticos y los ateos, creen en Dios. Es necesario para hacer su trabajo. Esta afirmación podría parecer estrafalaria. ¿Cómo podemos decir que los ateos “creen en Dios”? Pero las personas muchas veces muestran en sus acciones creencias que niegan con sus palabras. Por ejemplo, Bakht, un filósofo hindú, dirá que el mundo es una ilusión. Pero él no cruza la calle justo frente a un ómnibus. Susana, una relativista radical, dirá que no hay verdad absoluta. Pero ella viaja tranquilamente a los 30,000 pies de altura en un avión cuyo vuelo seguro depende de las verdades inmutables de la aerodinámica y la mecánica estructural.1

muerte

Pero, ¿qué pasa con los científicos? ¿Ellos tienen que creer en Dios? La cultura popular americana a menudo nos dice lo contrario, es decir que la “ciencia” es opuesta a las creencias Cristianas y bíblicas. A menudo se oye repetir la vieja historia del conflicto con Galileo, y del juicio con Scopes en Estados Unidos sobre la evolución, al punto que estos eventos han adquirido un status casi mítico. Y la pugna entre la ciencia y la religión recibe refuerzos por medio de una promoción vociferante de la evolución materialista.

Los historiadores de la ciencia señalan que la ciencia moderna surgió en el contexto de una cosmovisión Cristiana, y fue nutrida por la misma.2 Pero si esto fue cierto en el pasado, la ciencia del siglo veinte parece poder sostenerse sin la ayuda de ningún fundamento teísta. De hecho, muchos consideran que Dios es el “Dios de los vacíos” (God of the gaps), el Dios a quien invocan sólo cuando no hallan explicaciones científicas. Según esta perspectiva, la ciencia avanza, es capaz de explicar más y más de los vacíos, y la necesidad de Dios disminuye. Lo “natural” llega a poder explicar casi todo, haciendo innecesario lo “sobrenatural”.3

Enfoquemos nuestra mirada en las leyes naturales

Las cosas se miran diferente si nos negamos a confinar a Dios en un cubículo del “Dios de los vacíos”. Según la Biblia, él está involucrado en las áreas más comunes de las ciencias, las áreas de los eventos predecibles, las áreas que involucran experimentos de prueba repetitiva, y aún las descripciones matemáticas exactas. En Génesis 8:22 Dios promete:

Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche (Génesis 8:22).4

Y esta promesa general referente a los tiempos regulares de la tierra es complementada por muchos ejemplos específicos en otros pasajes:

Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. (Salmo 104:20).

Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra. (Salmo 104:14).

El envía su palabra a la tierra; Velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana, Y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos; Ante su frío, ¿quién resistirá? Enviará su palabra, y los derretirá; Soplará su viento, y fluirán las aguas. (Salmo 147:15–18).

Los ciclos regulares que los científicos describen, realmente son los compromisos que Dios mismo ha hecho. En su Palabra a Noé, Dios se compromete con gobernar los tiempos y los sazones. Por su Palabra, gobierna la nieve, el frío, y el granizo. Los científicos sólo describen los ciclos regulares de la Palabra de Dios que gobierna el mundo. Las llamadas “leyes naturales” son realmente la ley de Dios, o la Palabra de Dios, descritas imperfectamente o aproximadamente por los investigadores humanos.

Ahora bien, recordemos que la investigación científica depende de que haya efectos regulares en el mundo. Sin estas regularidades, no habría nada qué estudiar. Los científicos dependen no solamente de que hayan procesos regulares con que están familiarizados, como por ejemplo la conducta regular de su aparato de medir, sino también dependen de la suposición de que hallarán más regularidades en las áreas de investigación. Deben mantener la esperanza de encontrar otras regularidades, porque si no, tendrían que abandonar sus exploraciones.

La fe en las leyes científicas

¿Qué son estas regularidades? Les han puesto varios nombres: “ley natural”, “la ley científica”, “teoría”. Algunas regularidades pueden ser descritas con exactitud cuantitativa para cada caso (dentro de límites estrechos de error), mientras otras regularidades sólo se ven después de comparar un número grande de casos. Todos los científicos creen en la existencia de tales regularidades. Y en todos los casos, no importa su religión profesada, los científicos en la práctica saben que las regularidades están “ahí”. En última instancia, los científicos son “realistas” con respecto a las leyes científicas. Los científicos las descubren, no las inventan. Si no fuera así, ¿para qué todo el trabajo tedioso y frustrante de los experimentos? Sería, ¡adivine, invente, y sea famoso!

Estas regularidades son, pues, ¡regulares! Y para que algo sea regular, debe ser regulado. Se necesita una regula, una regla. El Diccionario Webster señala este concepto al definir “regular” como “formado, edificado, arreglado u ordenado de acuerdo a una regla establecida, una ley, un principio o un tipo”.5 La idea de una ley o una regla es parte integral del concepto de “regular”. Los eventos ocurren en el tiempo y el espacio. Cuando los eventos evidencian una regularidad, es porque están formados u ordenados de acuerdo a una regla o una ley. Es por esto que el término “ley” es un término natural para definir las teorías y principios científicos que son bien establecidos. Hablamos de “las leyes de Newton”, “la ley de Boyle”, “la ley de Dalton”, “las leyes de Mendel”, “las leyes de Kirchhoff”. Todos los científicos aceptan y dependen de la existencia de las leyes científicas.

 

Vern Sheridan Poythress, No Hay Científicos Ateos: Los Atributos Divinos de Las Leyes Naturales, trans. Guillermo Green, 1a ed., ¿Dónde Está El Sabio? (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2012), 7–13.

___________________________________

1 La obra sobre la auto-decepción de Gregory L. Bahnsen (“A Conditional Resolution of the Apparent Paradox of Self-Deception, Una resolución condicional para la aparente paradoja de la auto-decepción), tesis para el Ph.D., Universidad de Carolina del Sur, 1979) ha ayudado a mostrar cómo la gente maneja tales estados paradójicos. Creen en una cierta proposición y también creen (como un credo de segundo orden) que no lo creen. Han ocultado de su consciente lo que sus acciones continuamente muestran a los demás. En sus acciones tácitamente confían en verdades acerca del mundo, mientras que verbal y conscientemente no creen hacerlo. Este modelo es útil. Pero la incredulidad y la rebelión, como manifestaciones del pecado, producen profundos efectos en la naturaleza humana, incluyendo asuntos intelectuales y prácticos. Por tanto, cualquier explicación humana sobre la evasión de la verdad permanece parcial.

2 Reijer Hooykaas, Religion and the Rise of Modern Science (La religión y el surgimiento de la ciencia moderna) (Grand Rapids: Eerdmans, 1972); Stanley L. Jaki, The Road of Science and the Ways of God (El camino de la ciencia y los caminos de Dios) (South bend, IN: Regnery-Gateway, 1979); Nancy R. Pearcey y Charles B. Thaxton, The Soul of Science: Christian Faith and Natural Philosophy (El alma de la ciencia: la fe cristiana y la filosofía natural) (Wheaton, IL: Crossway, 1994); Charles E. Hummel, The Galileo Connection: Resolving Conflicts between Science and the Bible (La relación con Galileo: Resolviendo conflictos entre la ciencia y la Biblia) (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1986).

3 Edward J. Larson y Larry Witham recientemente condujeron una encuesta sobre las creencias de los científicos y compararon los resultados con encuestas similares de 1914 y 1933 hechas por James H. Leuba. Encontraron poco cambio, contrario a la impresión de la ciencia es una fuerza secularizada. 40 por ciento creían en Dios tanto en las encuestas de Leuba como en las recientes. Pero también encontraron que la “élite” de científicos estadounidenses, representada por la Academia Nacional de la Ciencia (National Academy of Science), contenía un mayor porcentaje de incredulidad, más del 90 por ciento de los que tomaron la encuesta. (Edward J. Larson y Larry Witham, “Scientists and Religion in America” (Los científicos y la religión en Estados Unidos), Scientific American 281/3 [Set.,1999] 88–93.)

4 Las citas bíblicas aquí y en el resto del documento vienen de la English Standard Version (ESV).

5 Webster’s Ninth New Collegiate Dictionary (Noveno nuevo diccionario colegiado de Webster) (Springfield, MA: Merriam-Webster, 1987).

FIGURAS LITERARIAS EN LA BIBLIA (parte 1)

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El símil

El símil es la figura literaria que describe algún objeto, acción o relación como semejante a otra cosa no similar. El símil usa las palabras como, así, semejante, etc., declarando expresamente la semejanza entre las dos cosas. Esta figura es la más sencilla de todas y la más fácil de identificar.

Veamos, por ejemplo, la semejanza expresamente declarada en este texto: “Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra” (Pr. 26:1).

El estudiante puede examinar los símiles en los siguientes textos: Génesis 13:10, 16; 15:5; Jueces 7:12; Proverbios 26:18, 19; Isaías 1:8.

Hay casos cuando el símil existe sólo implícitamente. Es decir, la semejanza entre las dos cosas diferentes, solamente se da a entender. En Proverbios 26:3 leemos: “El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, y la vara para la espalda del necio.” El escritor dio a entender que las tres cosas son igualmente propias.

En Proverbios 25:4, 5 encontramos otro símil implícito: “Quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor. Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará en justicia.”

Que busque el estudiante el símil implícito en Juan 12:24, 25.

A veces el símil es prolongado, para incluir varios aspectos de la semejanza. En el Cantar de los Cantares 2:3–5 encontramos este símil prolongado: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar … Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas.”

El símil prolongado también se puede considerar una parábola o una alegoría. Estas se estudiarán en los capítulos 16 y 17.

La metáfora

Esta figura indica la semejanza entre las dos cosas muy diferentes, declarando que una de ellas es la otra. Encontramos esta figura en las palabras de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14). La expresión quiere decir: “Vosotros sois como una luz para el mundo”, quizá la luz del sol.

Esta figura existe también cuando se sugiere la semejanza entre dos cosas muy diferentes, usando palabras que son propias solamente para una de ellas. En Isaías 3:15 leemos: “¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo, y moléis las caras de los pobres?” Aquí el Señor reprocha a los gobernantes de su pueblo por su opresión. Pero esta expresión es representada como el acto de majar y moler al pueblo. Claro es que los gobernantes no majaban ni molían al pueblo literalmente. Isaías usa estas palabras metafóricamente; y la figura es una metáfora.

Existe también la metáfora prolongada. En Isaías 40:7 dice el profeta, según la Versión Antigua: “Ciertamente hierba es el pueblo.” (La Versión Revisada mete la palabra como, cambiando la figura en un símil.) Pero observemos cómo se prolonga la figura en el v. 8: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”

Raras veces el escritor explica su metáfora. En Isaías 9:14 dice: “Y Jehová cortará de Israel cabeza y cola”, representándolo como una bestia. Y en el v. 15 explica: “El anciano y venerable de rostro es la cabeza; el profeta que enseña mentira, es la cola.”

Para ver otros ejemplos de la metáfora, véase Génesis 15:1; Proverbios 16:22; 25:18; Juan 10:7; 15:1; y Salmo 84:11.

La metonimia

La metonimia es el uso de una palabra en lugar de otra, sugerida por la primera. Cuando el escritor pone el efecto de una acción en lugar de la causa, o usa el símbolo o la seña en lugar de la realidad, usa la metonimia.

En Joel 2:31 el profeta dice: “El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.” El sol nos hace pensar en luz, y la falta de sol, en las tinieblas. Y la luna también será oscurecida para verse roja como la sangre. Pero en todo esto, Joel habla del juicio de Dios, que es la causa; y el efecto es la oscuridad de la que Joel habla.

En 1 Juan 1:7 dice el Apóstol: “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros.” La palabra luz es símbolo de entendimiento y rectitud. Al decir luz en lugar de la realidad espiritual, usa una metonimia.

En Génesis 6:12 y 31:42, el estudiante puede ver ejemplos del uso del efecto por la causa.

Para ver ejemplos de la metonimia que emplea palabras sugeridas por otras, véase Proverbios 5:15–18, y 23:23. En el primer caso, el estudiante verá también el uso del eufemismo, examinado más adelante en este mismo capítulo.

La sinécdoque

Ocurre la sinécdoque cuando el escritor apunta una parte por el todo, o el todo por una parte. En el Salmo 16:9 dice David: “Mi carne también reposará confiadamente.” La referencia es a la resurrección de Cristo, según Hch. 2:31. Por supuesto, habla de la resurrección de todo su cuerpo y no solamente de su carne. Porque en sí, la carne no significa los huesos, el cabello ni las uñas. La palabra carne es una sinécdoque por todo el cuerpo; es una parte por el todo.

Hay sinécdoques en 1 Corintios 11:27 y Lucas 2:1. Pero en estos mismos textos hay metonimias también. Estos textos son ejemplos del problema de clasificar las figuras literarias.

En 1 Corintios 11:27 dice Pablo: “Cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa …” La copa llena se usa aquí por la pequeña parte que bebe el comulgante; esta es la sinécdoque. Pero la copa se pone aquí en lugar de su contenido, el vino. Esta es la metonimia.

En Lucas 2:1 dice el evangelista que César promulgó un edicto para que “todo el mundo fuese empadronado”. Pero no todo el mundo estaba dentro del gobierno de Augusto César. De manera que Lucas pone “todo el mundo” en lugar de la parte gobernada por él. Esta es la sinécdoque. Pero al decir “el mundo”, quiere decir los habitantes de él. Esta es la metonimia.

Otros ejemplos de la sinécdoque se pueden encontrar en Exodo 4:12; Isaías 32:12; Miqueas 4:3; y Santiago 1:27.

La ironía

La ironía es la expresión de una idea mediante su sentido contrario, para exponer lo absurdo del caso.

Job habla irónicamente (12:2) cuando dice: “Ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría.” Sus amigos estaban tan seguros de tener la razón y de que Job estuviera equivocado, que Job usó esta manera de llamarles la atención a lo absurdo de sus palabras.

El estudiante puede examinar las expresiones irónicas en 2 Corintios 11:5 y 12:11; 1 Reyes 18:27; y Job 38:21.

La hipérbole

En el idioma griego, la palabra hipérbole significa “tirar más allá (del blanco).” Como figura literaria significa la exageración de una idea. No debe ser entendida como mentira, la cual tiene la intención de engañar. La hipérbole exagera de una manera evidente para dar énfasis al pensamiento.

En Deuteronomio 1:28 Moisés recuerda las palabras de los espías que fueron enviados para investigar la tierra. Decían que las ciudades eran “grandes y amuralladas hasta el cielo”. Así dieron a entender que sería imposible vencerlas. Nadie entendió estas palabras literalmente, y Moisés tampoco tenía la intención de tomarlas literalmente. La misma figura se encuentra en Números 13:32, 33.

El estudiante puede examinar Génesis 15:5 y preguntarse si su lenguaje es hiperbólico. En Mateo 5:29, 30 ¿existe una hipérbole? Véase también las que se encuentran en Proverbios 6:30, 31; 23:1, 2; y Hechos 27:34.

 

Tomás de la Fuente, Claves de Interpretación Biblica – Edición Actualizada (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1985), 83–88.