Archivos Mensuales: diciembre 2012

INTRODUCCIÓN A LOS LIBROS 1 y 2 SAMUEL

Título.
Los dos libros conocidos hoy como 1 y 2 de Samuel aparecen como un solo volúmen en todos los manuscritos hebreos preparados antes de 1517. No fue hasta la traducción del AT al griego, alrededor del siglo III AC, cuando el libro fue dividido por primera vez en dos partes. En esa traducción, la LXX, esas dos partes aparecían como ” “Primero de los Reinos” y “Segundo de los Reinos” ; los libros que ahora conocemos como 1 y 2 Reyes aparecían como “Tercero de los Reinos” y “Cuarto de los Reinos” . La Vulgata latina de Jerónimo, del siglo IV DC, es la primera que presenta los títulos de “Reyes” ” en lugar de “Reinos” . Fue varios siglos después de Cristo cuando los masoretas notaron que la declaración de 1 Sam. 28: 24 estaba en el centro del libro en el texto hebreo. En realidad, las Biblias hebreas conservaron la forma original hasta la edición impresa hecha por Daniel Bomberg en Venecia, en 1517.

Debido a que la vida y el ministerio de Samuel domina la primera mitad del libro, a éste originalmente se le dio su nombre. Este título fue apropiado en vista del importante papel que Samuel desempeñó como el último de los jueces, por ser uno de los mayores profetas, el fundador de las escuelas de los profetas (ver 1 Sam. 10: 25). Por lo tanto, en esencia, el nombres Samuel designa contenido más bien que paternidad literaria.

pedazo de samuel

Autor.
En contraste con el Pentatéuco, en el cual se declara específicamente, respecto de ciertas porciones, que fueron escritas por Moisés, los libros de Samuel no contienen información alguna en cuanto a quien pudo haber sido el autor, o los autores. De acuerdo con la traducción judía, los primeros 24 capítulos de 1 Samuel fueron escritos por Samuel, y el resto de 1 Samuel, junto con 2 Samuel, por Natán y Gad (ver 1 Crón. 29: 29). Cuando el libro fue dividido -en el texto hebreo y en la mayoría de las traducciones- el nombre original, Samuel, se aplicó a ambas partes, aunque su nombre no se menciona ni una sola vez en la segunda parte. La muerte de Samuel se registra en 1 Sam. 25: 1, y su nombre, en estos dos libros, aparece por última vez en 1 Sam. 28: 20.

En vista de que David se destaca en la segunda parte, su nombre podría ser un título más apropiado para 2 Samuel. Es obvio que es errónea la declaración del 448 Talmud de que Samuel escribió todo lo que ahora lleva su nombre, porque todo 2 Samuel -como también la última parte de 1 Samuel- registran la historia de Israel después de su muerte. Algunos eruditos bíblicos han señalado 1 Sam. 27: 6 como una prueba de que los libros de Samuel datan del tiempo de la división del reino. Pero si las dos partes de Samuel fueron escritas en tiempos diferentes por distintos autores, ¿por qué se publicaron originalmente como una sola entidad? Sin embargo, si representan la obra continua de un autor, éste debe haber escrito después de la muerte de Saúl (2 Sam. 21: 1-14) y de David (ver 2 Sam. 23: 1). Parece muy razonable concluir que 1 y 2 Samuel son obras de varios autores, y que son una colección de narraciones, cada una completa en sí misma. Cada autor escribió por inspiración, y todas las partes fueron finalmente reunidas como un todo bajo la dirección del Espíritu Santo.

Marco histórico.
El libro de 1 Samuel abarca el período de transición desde los jueces hasta el reino unido de Israel, e incluye al último juez, Samuel, y al primer rey, Saúl. El segundo libro de Samuel trata exclusivamente del reinado de David. Por lo tanto, 1 Samuel abarca casi un siglo, desde alrededor de 1100 hasta 1011 AC; y 2 Samuel, 40 años, o sea desde 1011 hasta 971 AC.

El período de 1200 a 900 AC fue de desasosiego nacional y controversia política. Se puso poco empeño en el mundo antiguo por registrar y conservar relatos escritos de los sucesos de ese tiempo. Los historiadores antiguos tales como Herodoto, Beroto, Josefo y más tarde Eusebio, se vieron en la necesidad de basarse mayormente en relatos folklóricos de los sucesos ocurridos en el mundo durante esa época. Por esta razón es preciso cotejar sus declaraciones con los descubrimientos arqueológicos modernos, que proporcionan mucha información no disponible anteriormente. Hay material nuevo que constantemente va apareciendo y que aumentan nuestro conocimiento del período durante el cual ocurrieron los acontecimientos de 1 y 2 Samuel.

Este período de desasosiego, agitación y transición se inició con las migraciones de los pueblos del mar que, directa o indirectamente, afectaron a todo el antiguo Oriente. Durante el período abarcado por 1 y 2 Samuel gobernaron a Egipto los reyes sacerdotes de la XX dinastía (ver pág. 28) y los gobernantes seculares de la XXI dinastía, cuyos reinados se caracterizaron por debilidad, decadencia y desunión nacionales. Durante la mayor parte de este período Asiria fue también sumamente débil. En Babilonia las condiciones eran muy similares a las de Egipto y Asiria: la debilidad interna y las invasiones del exterior estaban a la orden del día. La influencia política de Egipto y de Siria desapareció en tales circunstancias de Palestina. Las migraciones de los pueblos de mar y de los arameos se añadieron a las dificultades internas, y mantuvieron la situación política internacional en todo el antiguo Oriente en un estado de agitación durante casi dos siglos.

Como resultado, los primeros reyes de Israel estuvieron comparativamente libres para consolidar su dominio sobre la tierra prometida y las regiones circundantes, sin la interferencia de sus anteriormente fuertes vecinos del norte y del sur. Sus únicos enemigos eran las naciones de la región de Palestina, tales como los filisteos, amalecitas, edomitas, madianitas y amonitas. La resistencia de estas tribus vecinas fue vencida gradualmente, y la mayoría de ellas se sometió al dominio israelita. David y Salomón rigieron finalmente extensas regiones que habían pertenecido anteriormente al imperio egipcio y a las naciones de Mesopotamia.

Cuando Israel entró en Canaán, el Señor le ordenó que asignase ciudades a los levitas en todas las diferentes tribus. Así podría instruirse a todo el pueblo en los caminos de la justicia. Pero los israelitas parecen haber prestado poca o ninguna atención a la orden. En realidad, ni siquiera echaron a los cananeos, sino que vivieron entre ellos (Juec. 1: 21, 27, 29-33). Después de pocos años, los levitas -que no habían recibido una heredad específica- se hallaron sin empleo. Hasta Jonatán, el nieto de Moisés (ver com. Juec. 18: 30), visitó la casa de Micaía el efrainita “donde moraba” y pudo “encontrar lugar” (Juec. 17: 5), y llegó a ser sacerdote para la “casa de dioses” de Micaía (Juec. 17: 5). Finalmente robó las imágenes de la casa de Micaía y se fue con los migratorios descendientes de Dan para ser su sacerdote (ver Juec. 18). De esa manera, en un tiempo cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía”, Israel violó el plan de Dios de que los levitas instruyesen al pueblo en sus caminos, y pronto cayó en los hábitos de ignorancia y superstición de los paganos que lo rodeaban. Seis veces durante el período de los jueces Dios procuró despertar a su pueblo respecto del error de su camino, al permitir que fuese subyugado por las naciones circunvecinas. Pero poco después de cada liberación de la servidumbre, volvía a caer en la indiferencia y la idolatría.

Aunque creció en ese ambiente, Samuel prefirió repudiar los males de ese tiempo y dedicarse a la corrección de esas tendencias. Su plan para realizar esto giró en torno del establecimiento de las así llamadas “escuelas de los profetas”. Una de éstas estaba en Ramá, su hogar ancestral (1 Sam. 19: 19-24), y otras fueron establecidas más tarde en Gilgal (2 Rey. 4: 38), Bet-el (2 Rey. 2: 3) y Jericó (2 Rey. 2: 15-22). Allí los jóvenes estudiaban los principios de la lectura, la escritura, la música, la ley y la historia sagrada. Se ocupaban en diversos oficios, a fin de que, tanto como fuese posible, aprendiesen a sostenerse a sí mismos. La expresión “escuelas de los profetas” no aparece en el AT, pero los jóvenes que allí estudiaban eran llamados “hijos de los profetas”. Se dedicaban al servicio de Dios y algunos de ellos eran empleados como consejeros del rey.

Hacia el fin de su vida Samuel -con desagrado de su parte- fue llamado a ser el instrumento para establecer la monarquía. Después de tratar el asunto con el pueblo, escribió un libro sobre “las leyes del reino” y lo guardó delante del Señor (1 Sam. 10: 25). Esto no fue probablemente de valor alguno para Saúl, de quien se cree que no sabía leer. Samuel animó a Saúl asegurándole la presencia permanente de Dios, pero éste rechazó pronto el consejo inspirado de Samuel, se rodeó de una fuerte guardia y se convirtió rápidamente en un monarca absoluto.

Después del rechazo de Saúl, Samuel fue llamado a escoger y preparar un hombre conforme al corazón de Dios (1 Sam. 13: 14), uno que no se pusiese por encima de la ley, sino que obedeciese a Dios. La preparación de David, como la de Cristo, fue llevada a cabo frente a los celos y el odio. Aunque David cayó a veces en la transgresión de la ley que veneraba y defendía, siempre se humilló ante esa ley que consideraba suprema. Como resultado de la cooperación de David con los principios establecidos por Dios mediante Moisés y Samuel, Israel gradualmente sometió a todos sus enemigos, y los límites de la nación se extendieron hacia el norte, prácticamente hasta el Eufrates, y hacia el sur hasta la frontera de Egipto. Dios pudo bendecir a Israel que, como resultado, disfrutó de una época de prosperidad y gloria nacionales que continuó a través del reinado de Salomón, y que desde entonces nunca ha sido igualada.

Tema.
El primer libro de Samuel registra y relata la transición, algo repentina, de siglos de teocracia pura -que se ejercía mediante profetas y jueces- a la condición de reino. El relato del reinado de Saúl revela algunos de los problemas que acompañaron el establecimiento del reino y explica por qué la casa de David reemplazó a la de Saúl. El segundo libro de Samuel trata del glorioso reinado de David, 450 primeramente en Hebrón y luego en Jerusalén, y concluye con su compra de la era de Arauna, en la cual más tarde fue levantado el templo por Salomón. El relato de los últimos años de David y su muerte aparece en los primeros capítulos de 1 Reyes. [1] 

 


[1] Comentario Bíblico Adventista, T 2, Introducción

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INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE RUTH

TÍTULO

ruthAunque la RVA le da un título completo de “El Libro de Rut”, la Biblia hebrea le llama solamente “Rut”. Es uno de solo dos libros en toda la Biblia que llevan nombres de mujeres. (Ester es el segundo.) Este es el primero, en el orden tradicional en nuestras Biblias en español, y el único que trata de una mujer no israelita.

Las Biblias que le dan un título completo, como la RVA (y no todas lo hacen), no quieren decir que Rut sea la autora. El libro mismo, siguiendo las costumbres antiguas, no identifica su autor; y la tradición judía que lo atribuye a Samuel carece de fundamentos históricos o literarios.

Sin embargo, tal vez fue esa tradición que facilitó que entrara en el canon de las Sagradas Escrituras con relativa facilidad y que no haya habido serios cuestionamientos de su lugar allí, a través de los siglos. Otro factor puede haber sido su conexión con David, como veremos. A pesar de su gran apoyo para figurar en el canon, su orden en el mismo ha seguido dos diferentes caminos. Desde las primeras traducciones en español de Reina y Valera, lo hemos encontrado en nuestras Biblias entre Jueces y el Primer Libro de Samuel. Este orden sigue el de la Septuaginta. Pero en la Biblia hebrea su lugar está entre los Escritos, la llamada tercera sección de ella, después de las secciones que llevan los libros de la Ley y los de los Profetas. Su afinidad literaria con obras como Job (cuyos personajes tampoco son israelitas) puede haber ocasionado esa ubicación, o la fecha de su redacción y/o su incorporación en la colección reconocida. El libro de Rut llegó a tener un uso litúrgico regular en la fiesta de las Semanas (más tarde llamada la de Pentecostés), que celebraba la cosecha del trigo.

FECHA Y AUTOR

La fecha de su redacción es también desconocida. El libro no pretende haber sido escrito en seguida de los eventos que narra; más bien, da evidencia que algún tiempo ha transcurrido desde que sucedieron los eventos. Las referencias al rey David en los últimos versículos (4:17b–22) indican que no puede haber sido escrito, por lo menos en su presente forma, hasta durante o después del reinado de David. Las explicaciones de la costumbre de quitar y entregar la sandalia en confirmación de transacciones o redenciones (4:7) parecen señalar que tal costumbre ha caído en desuso con el correr del tiempo. Los que analizan la evidencia literaria (vocabulario, giros idiomáticos y otros asuntos de estilo) llegan a diferentes conclusiones: algunos, que la redacción es preexílica (posiblemente durante la última parte del reinado de David, ya que no se menciona a Salomón); otros, que la redacción es posexílica (cuando los otros libros de los Escritos fueron terminados y elevados a su estado canónico). Los argumentos son tan balanceados que uno termina donde comenzó: la fecha de redacción es desconocida.

De todos modos su lugar en la Biblia es incuestionable y la preservación de su texto a través de 2.500 a 3.000 años ha sido notablemente limpia, de modo que el texto heb. del que ahora disponemos presenta muy pocos problemas. La RVA solo recurre a evidencia versional en cuatro lugares (1:21; 2:7; 3:15; y 4:5) y en solo dos de ellos (2:7 y 4:5) alega que el TM es “de significado oscuro”.

Si su autor y el tiempo de su redacción son desconocidos, el tiempo histórico que pretende reflejar es aclarado en el primer versículo: “… en los días que gobernaban los jueces …” (aprox. 1200 a. de J.C. hasta 1050 a. de J.C.). Esta frase nos remite al libro de Jueces. Pero si hacemos una relectura de ese libro, pensando que así vamos a entender mejor el libro de Rut, nos impacta más su contraste que su afinidad. El libro de Jueces pinta, una y otra vez, el cuadro de apostasía, surgimiento de algún caudillo o líder carismático (un “juez”), y cierta renovación o restauración bajo el liderazgo de ese juez. Era un tiempo casi de anarquía, mucha violencia y poca piedad, cuando “cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos” (Jue. 16:6; 21:25). No por eso hemos de pensar que este hermoso idilio de la vida rural es invento de su autor. Aun en tiempos modernos de guerras u otras crisis nacionales o regionales, conocemos casos cuando a nivel local la vida se sigue desarrollando con cierta normalidad y con personajes que pueden distinguirse por sus características nobles y ejemplares. Tal es el caso de Rut.

MENSAJE Y VALOR

El propósito del libro, su género literario, su mensaje y valor contemporáneos son temas que se entremezclan. Hay quienes quieren interpretar el libro como una protesta a las reglas de Esdras y Nehemías en contra de matrimonios mixtos (ver Esd. 10 y Neh. 13:23–27). Pero los argumentos para una fecha de redacción preexílica son demasiado fuertes para adoptar esta postura fácilmente. Además, el libro mismo carece del espíritu polémico. Otros creen que el autor no tenía otro propósito que contarnos una historia interesante (que incluso, dicen, puede haber sido creado con poca base histórica). Nuevamente los argumentos no convencen, a pesar de que el valor de la pieza como literatura no puede ser negado; más bien ha sido ampliamente reconocido por críticos como Goethe y Keats. En lo que probablemente es el estudio reciente más exhaustivo sobre la cuestión del género literario de Rut, Frederic Bush concluye que el género literario de Rut es el de “un breve relato que edifica”. La revelación de los personajes principales (Noemí, Rut y Boaz) con sus características, usando diálogos amplios más que la narración de “grandes eventos”, es la técnica básica del autor. La estructura es de quiasmo, como ilustra la Biblia de Estudio Siglo XXI; es decir, los elementos son puestos en cierta secuencia creando un paralelismo en orden inverso y en donde las partes que son casi sinónimas se encuentran en el medio. El resultado es que de la problemática de la muerte y la vanidad (comp. Job y Eclesiastés) viene al fin la resolución de vida y plenitud. ¡Fácilmente conecta con el mensaje cristiano! No hay duda que el libro edifica, ¡y sin moralejas! Sus personajes ejemplares son dignos de estudio e imitación. El énfasis en el linaje de David puede haber respondido a intereses durante su reinado, o un poco después, pero conecta con las profecías mesiánicas y resulta en que Boaz y Rut aparecen en la genealogía de Jesucristo (Mat. 1:5). Si bien es cierto que uno de los personajes principales es un hombre (Boaz), es imposible no captar un enfoque sobre las potencialidades de las mujeres. Los hombres y la sociedad en general pueden haberlas considerado en la misma categoría que propiedades (comp. 4:1–10); pero estas mujeres superan crisis, toman iniciativas, hacen planes y realizan cosas, y todo dentro de un marco de fe y dedicación que son ejemplares para todos, hombres inclusive. El libro también tiene el valor de desanimar todo intento exclusivista judío en favor de una actitud misionera hacia otras naciones, de manera que algunos lo comparan a Jonás. El libro enseña la providencia divina sin usar esta palabra. A pesar de las tragedias que la vida puede traer (y ellas dentro de la voluntad permisiva del Todopoderoso), la mano divina guía en maneras que solamente a la postre se entienden. Y lo hace para todos, sin distinciones raciales o nacionales. Que el rey David o el Mesías tuvieran algo de sangre moabita bien podía haber escandalizado a algunos; pero en el plan y la providencia de Dios, así fue, “porque de tal manera amó Dios al mundo …” Por supuesto hay otros valores en el libro, como los de reflejar costumbres antiguas, enaltecer los conceptos de matrimonio y hogar, sustentar la posibilidad de conversión, animar la pureza prenupcial como también la lealtad familiar, y mostrar que Dios cuida de la gente sencilla así como también de los grandes, hayan sido o no aspectos del propósito que motivó el autor original. La vasta apelación de este libro no está limitada a jóvenes y adultos como lo muestra el libro de Juan C. Varetto, que fue dirigido a niñas adolescentes.[1]


[1]Daniel Carro, José Tomás Poe, Rubén O. Zorzoli and Tex.) Editorial Mundo Hispano (El Paso, Comentario Bíblico Mundo Hispano Josué, Jueces, Y Rut, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 1993-), 356-59.