Archivos Mensuales: febrero 2013

UN NUEVO MINISTERIO PROFÉTICO (Comentario de 2 Reyes 2:1–25)

El último ministerio de Elías fue cuidar de los profetas que estudiaban en una escuela profética, fundada durante la dinastía del rey Omri y que después desapareció. Éstos eran clave para promover la verdad y la adoración a Jehová que Acab intentaba sustituir con la de Baal. Elías se dedicó a animarlos y apoyarlos, y quizá tuvo parte en la fundación de la escuela. De ésta surgió Eliseo para reemplazar al profeta Elías y así empezó un nuevo capítulo del ministerio profético de Israel.

Insistencia de Eliseo 2:1–6

Antes de la milagrosa ascensión de Elías, Dios preparó a todos para aquel evento; Eliseo ya lo sabía de antemano (2:3–5) y aparentemente Dios ya lo había revelado a todos los profetas con el fin de fortalecer su fe. La historia empieza con una escena entre Elías y Eliseo que salen juntos de Gilgal hacia Bet-el.

Elías pidió a Eliseo que se quedara en Gilgal, quizá para tener la oportunidad de encontrarse a solas con Dios en el camino, o tal vez para probar la fe de Eliseo. Éste insistió en continuar con Elías por el intenso deseo que tenía de estar con él y para no perderse de nada de lo que pudiera ocurrir.

Bet-el era el principal centro de adoración a Baal y se ubicaba a 16 kms. al norte de Jerusalén. Allí también radicaban los estudiantes profetas, mismos que salieron a recordar a Eliseo que ese día Dios se llevaría a Elías. “Sobre ti” (vv. 3, 5) es una expresión que alude al “maestro” o “supervisor”.

Eliseo sabía que el día había llegado para que Dios escogiera al sucesor de Elías. Esto no quiere decir que esperaran un sucesor, sino que sabían que el gran profeta no se quedaría entre ellos. Posiblemente por esta razón, Eliseo insistió en seguir a Elías hasta Jericó aunque Elías le pedía que no lo acompañara (“vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré” v. 4b).

Por tercera vez lo probó Elías en Jericó, pidiéndole que lo dejara solo, porque Dios le pedía ir al Jordán. Y por tercera ocasión, Eliseo insistió en acompañarlo.

 DIOS BENDICE AL QUE INSISTE

EN SER BENDECIDO.

 

Elías asciende en un torbellino 2:7–11

Llegando al Jordán y con los cincuenta profetas mirándolos a distancia, Elías hizo un último milagro al dividir las aguas del río. Esto debe haberles recordado a Josué, el sucesor de Moisés. ¿Quién tendría el valor de seguir a Elías y pagar el alto precio que él había pagado? Tal vez fue por eso que los cincuenta candidatos se mantuvieron “a lo lejos” (v. 7) y Eliseo no lo dejó, insistiendo en querer continuar su ministerio. El_as y Eliseo

Habiendo cruzado los dos el Jordán, Elías declaró a Eliseo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti”. Él pidió: “que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” (v. 9). Por fin Eliseo supo la razón por la cual no lo dejaba solo. Lo que quería no era sobrepasar a Elías en sus hazañas milagrosas, sino recibir una doble porción de su fe como sucesor legítimo así como bajo la ley hebrea, el primogénito pedía su herencia al padre.

Esto significa que Eliseo estaba dispuesto a seguir a Jehová a toda costa sin tomar en cuenta el precio que tendría que pagar por ser doblemente responsable (“cosa difícil has pedido” v. 10). Elías entonces le propuso una condición: “si me vieres cuando fuere quitado de ti (v. 10), entonces sabrás que Dios te ha escogido”.

Su título como sucesor dependía de su habilidad y persistencia en ver y entender el mundo espiritual. Su determinación y valentía fueron recompensadas cuando vio el “carro … con caballos de fuego” llevándose a su héroe en un torbellino.

 Introducción del nuevo profeta de Israel 2:12–15

Mientras Eliseo miraba la espectacular visión, exclamó: “Padre mío, Padre mío” mostrando dependencia y respeto absoluto hacia Dios. Y de Elías exclamó: “gente de a caballo”, representando las fuerzas divinas que eran las defensas verdaderas de Israel. El carro era el armamento más poderoso de aquellos tiempos y representaba el poder supremo de Dios. Elías había sido el instrumento divino escogido para realizar sus propósitos en aquel reino apóstata.

Su siguiente acción, golpear el río Jordán con el manto que Elías había dejado, fue señal de que ahora Eliseo detentaba las mismas responsabilidades de aquél. Los profetas todavía estaban al otro lado y pudieron ver que en efecto el espíritu de Dios descansó sobre Eliseo. Éste les hizo la pregunta: “¿Dónde está Jehová el Dios de Elías?” como si dijera: ¿están ustedes convencidos de que yo soy el que continuará el ministerio profético? Entonces ellos mostraron su comprensión postrándose ante Eliseo. Esto no significa que lo adoraron, sino que, siendo ellos también profetas, de esa forma mostraban respeto y honra al sucesor genuino de Elías.

 ¡ES MÁS FÁCIL TENER OPINIONES,

QUE CONVICCIONES!

 

capa-de-elias[1] Búsqueda del cuerpo de Elías 2:16–18

Los profetas no entendían que Elías había ascendido físicamente a la presencia de Dios e insistieron en buscarlo para enterrarlo para que no sufriera la maldición de no ser sepultado. Es obvio que ellos no lograron ver el “rapto” que Eliseo vio y quedaron fuera de la maravillosa visión por no desear tan intensamente ser como Elías. Buscaron durante tres días sin encontrar cosa alguna (como en el caso del cuerpo de Moisés que tampoco fue hallado) y por fin se convencieron de que Elías había sido trasladado al cielo por Dios.

De cuántas bendiciones nos perdemos y a cuántos trabajos inútiles no dedicamos, simplemente por no tener fe en la palabra de Dios. Ellos sólo tenían que creer lo que Eliseo dijo: ¿Acaso no acababa de separar el río Jordán, comprobando que su palabra era verdad? Muchas veces es más fácil insistir en ideas, métodos, costumbres y opiniones personales o tradicionales que abrirnos a nuevas posibilidades y experiencias. ¿Estamos atentos a la voz, métodos y experiencias que Dios tiene para nosotros? ¿Cuántas bendiciones han quedado invisibles o fuera de nuestro alcance porque preferimos conformarnos con lo poco que tenemos o por miedo a entregarnos completamente a Dios?

  “PORQUE ¿QUIÉN ESTUVO EN EL SECRETO DE

JEHOVÁ, Y VIO Y OYÓ SU PALABRA? ¿QUIÉN

ESTUVO ATENTO A SU PALABRA, Y LA OYÓ?”

(JEREMÍAS 23:18)

Bibliografía:

Brian M. Teachout, Estudios Bíblicos ELA: La Ruina De Un Reino (1ra Y 2da Reyes) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1996), 94-99.

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LIBROS DE LOS REYES

Libro del AT que contiene la historia de la monarquía israelita desde tiempos de David hasta el exilio. En el •canon hebreo, estos libros forman parte de los Nevi’im, o Los profetas.

Autor y fecha

Desfiladero de entrada a Edom (Petra)No se conoce el nombre del autor de esta obra. Es evidente que para hacerla utilizó muchos materiales escritos antes del exilio. En 1 R. 11:41 se menciona un “libro de los hechos de Salomón”. En muchas ocasiones también se nombra “el libro de las historias de los reyes de Israel” (1 R. 14:19), así como “las crónicas de los reyes de Judá” (1 R. 14:29; 15:7). Es posible, entonces, que estas fuentes estaban constituidas por memorias o registros hechos por escribanos reales y compiladas durante el exilio en Babilonia. Algunos autores sugieren la posibilidad de que el autor fuera un sacerdote, basándose en el hecho de que en los relatos se mencionan mayormente, además de los reyes, las cosas del culto. Muchos piensan que el autor fue Esdras, pero bien pudo haber sido el profeta Jeremías o Ezequiel. Hay una corriente de opinión que expone que la misma mano que compiló los libros de Jueces, Samuel y Reyes, editó también parte del Deuteronomio.

Características.

Estos libros presentan a Dios como soberano, que controla los acontecimientos históricos y, al mismo tiempo, al hombre como responsable de sus actos, que ocasionan la bendición o el juicio de Dios. Así, los diferentes reinados son evaluados desde una óptica religiosa y la explicación de los progresos o los desastres se vinculan a la práctica de la fe israelita que hacían sus reyes. Otra cosa que enfatizan es la fidelidad de Dios.[1]

 

Marco histórico

Los libros de Reyes tratan de uno de los períodos más interesantes y memorables de la historia antigua del Cercano Oriente. En este período Asiria llegó a la cúspide de su poderío y sus reyes salieron a dominar al mundo, y en sus planes de conquista incluyeron las monarquías de Israel y de Judá. Esta es también la época de las dinastías XXI-XXVI de Egipto, cuando este país aún no había abandonado sus planes de expansión y rivalizaba con los pueblos de la Mesopotamia por el control de Palestina y Siria. Es la época del Imperio Neobabilónico, cuando los medos y los caldeos derrotaron al Imperio de Asiria, obtuvieron el dominio de gran parte del Cercano Oriente, destruyeron a la nación de Judá y llevaron a las tribus del sur en cautiverio a Babilonia. En los tiempos de los reyes

Durante todo este período, los reinos de Israel y Judá estuvieron en contacto constante y vital con las naciones del Oriente. Entre las esposas de Salomón hubo una hija de un faraón. Salomón consideraba a Hiram, rey de Tiro, como su amigo personal, pues le prestó gran ayuda en la construcción del templo. Jeroboam, que sería el primer rey de Israel, fue exiliado por Salomón y se asiló en Egipto. Roboam, en el 5.º año de su reinado, fue atacado por Sisac rey de Egipto. Este “Sisac” bíblico fue el famoso Sheshonk I, fundador de la XXII dinastía de Egipto, el cual también dejó registrado su ataque contra las ciudades de Israel y de Judá. Omri fue un rey tan famoso que el reino de Israel llegó a ser conocido entre los asirios como Mat Humri , “Tierra de Omri”. Salmanasar III menciona a Acab como uno de los aliados occidentales que lucharon contra Asiria en la batalla de Qarqar en el 6.º año del reinado de Salmanasar, y declara además que en su 18.º año recibió tributo de Jehú.

Se nos informa que Mesa de Moab pagó tributo a Acab y que después de la muerte de éste se rebeló contra Israel. La famosa Piedra Moabita nos da interesantes detalles adicionales acerca de este hecho (véase 2: 80-82). Inscripciones asirias indican que “Joás el samaritano”, esto es, Joás, rey de Israel, pagó tributo al rey asirio Adad-nirari III, mientras que el registro de Reyes menciona que Manahén hizo lo propio a Pul (nombre babilónico que como rey usaba Tiglat-pileser III) de Asiria, y consigna el ataque de Tiglat-pileser contra las tribus septentrionales durante el reinado de Peka. También conservamos los registros de Tiglat-pileser III en los cuales menciona sus relaciones con Manahén, Peka y Oscas de Israel, y con Azarías y Acaz de Judá.

La Biblia también relata el pago de tributo de Oseas a Salmanasar V, la subsiguiente conspiración de Oseas contra Asiria junto con So de Egipto, y el asedio de tres años a Samaria efectuado por Salmanasar, que terminó con la toma de esta ciudad y el fin del reino septentrional (2 Rey. 17).

Durante el 14.º año de Ezequías, Senaquerib realizó su famosa invasión de Palestina, y cayeron en sus manos “todas las ciudades fortificadas de Judá”; Ezequías mismo fue sitiado en Jerusalén. Senaquerib también dejó para la posteridad su propio vívido relato de esta campaña. Fue durante el tiempo de la heroica resistencia de Ezequías contra Senaquerib cuando Merodac-baladán, rey de Babilonia, envió sus emisarios al rey de Judá.

Josías halló la muerte a manos de Necao de Egipto mientras procuraba resistir una invasión egipcia a través de Palestina. Finalmente hay relatos detallados de las numerosas campañas de Nabucodonosor contra Jerusalén en los días de Joacim, Joaquín y Sedequías, que terminaron con la destrucción de Jerusalén y el fin del reino meridional.

reyes

Para apreciar este importante período de la historia hebrea es preciso comprender los sucesos que ocurrían entonces en Asiria, Egipto y Babilonia. Para integrar en forma correcta los asuntos de estas diversas naciones hay que ordenarlos cronológicamente, a fin de que se puedan ubicar correctamente los sucesos dentro del marco histórico y para que los reyes y los acontecimientos de la época concuerden entre sí. Con la excepción de los últimos tres o cuatro gobernantes de Asiria, las fechas asirias y babilónicas dadas para este período se aceptan generalmente como plenamente establecidas. No es tan segura la cronología de Egipto. Ver págs. 19, 127.[2]

Bosquejo del libro

1 R. 1:1 al 11:43 Reinos de David  y de Salomón.

1:1–2:46 Fin del reinado de David y comienzos del de Salomón.

3:1–10:29 Reinado de Salomón.

11:1–43 Diversos problemas del reino de Salomón.

1 R. 12:1 a 2 R. 17:41 El reino dividido

12:1–32 Rompimiento de las diez tribus. Jeroboam.

12:33–14:18 Relatos de tiempos de Jeroboam. Profetas que se le oponen.

14:19–16:34 Historias sincronizadas de los reinos de Judá e Israel.

17:1-R. 10:31 Reinado de Acab. Casa de Omri.

10:32–17:41 Historias sincronizadas de los reinos de Judá e Israel.

2 R. 18:1 al 25:21 Reino de Judá

18:1–20:21 Reinado de Ezequías.

21:1–26 Reinados de Manasés y Amón.

22:1–23:35 Josías y su reforma. Joacaz.

23:36–25:30 Caída de Judá, destrucción de Jerusalén y exilio.[3]


[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario De La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 886.

[2] CBA, Tomo 2

[3] Alfonso Lockward.

 

IMÁGENES:

Imagen 1: Desfiladero de entrada a Edom (Petra). Esta región, llamada más tarde Idumea y mencionada con frecuencia en los libros de los Reyes, es también la patria de los ancestros de los Herodes que dominaban Palestina en la época de Jesús.

Imagen 2: Israel en tiempos de los libros de los Reyes.

Imagen 3: Tabla cronológica de los reyes de Israel y Judá.