Archivos Mensuales: marzo 2013

LA CRUZ

La palabra griega para «cruz» es stauros y literalmente significa «un poste», «una estaca»; «pilotes destinados a servir como bases». El verbo significa «construir una valía con estacas», «empalizar», «crucificar». El latín crux («cruz») y palus («estaca») sirven de trasfondo a esta expresión. En el NT el nombre es usado 28 veces y el verbo 46. El uso de una cruz como una forma de castigo fue adoptada por los griegos y romanos de los fenicios, persas y cartagineses. En el tiempo antes de Cristo había básicamente dos tipos de cruces. La crux commissa o cruz de San Antonio que semejaba una letra «T» y consistía en una vertical con una vara que cruzaba en la parte superior. Vine sostiene que esto deriva del CRUZCO~1símbolo del dios Tammuz y la tau llegó a ser la inicial de su hombre (Vine, An Expository Dictionary, Westwood, N.J. Fleming H. Revell Company, 1956, p. 256). Los otros tipos fueron la cruz latina o crux immisa con el madero atravesado cerca de un tercio más abajo de la posición superior. No sólo la tradición atestigua la veracidad de la última sino los cuatro evangelios (Mt. 27:37; Mr. 15:26; Lc. 23:38; Jn. 19:19–22) y afirman que un título fue puesto sobre la cruz de Cristo. Josefo cuenta que dos mil personas fueron crucificadas después de la muerte de Herodes el Grande por Varus (Ant. XVII. x. 10). Tito, en el año 70 d.C., también llevó a cabo crucifixiones en masa. Los judíos nunca ajusticiaban crucificando a las personas sino que colgaban los cuerpos muertos sobre una cruz para simbolizar una maldición (cf. Dt. 21:22; Jos. 10:26; 2 S. 4:12). Una excepción a esto fue el juez judío Alejandro Jannaeus (104–78 a.C.) cuando, en un rapto de ira, ordenó que ochocientos desertores fueran crucificados, y sus mujeres e hijos degollados ante sus ojos (Jos. Ant. XIII. xiv. 2). El uso público de la cruz fue adoptado por los cristianos como un símbolo en el tiempo de Constantino.

Para los primeros cristianos, rodeados de crucifixiones como una experiencia común, no había el peligro de magnificar la cruz por una cuestión sentimental. Su exaltación permaneció como un epitafio por los sufrimientos de Cristo y por ser el corazón del discipulado. La cruz dejó de ser una vergüenza a la luz de la resurrección. La salvación se consiguió en la cruz y allí también se triunfó sobre los poderes de la hostilidad (1 P. 2:24; 3:18; Col. 2:15).

 

BIBLIOGRAFÍA
Arndt; HDBD; J.J. Collins en CBQ, April 1939, p, 154–159; Crem.
Robert V. Unmack, “CRUZ, LA” In , in Diccionario De Teología, ed. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley and Carl F. H. Henry (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 148-49.

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