Archivos Mensuales: marzo 2017

EL CANON (parte 1)

INTRODUCCIÓN

El asunto del canon tiene que ver con la cuestión de cuántos libros pertencen a la Biblia. El canon, pues, se refiere a una lista autorizada de los libros de la Biblia. Por supuesto, los libros individuales fueron escritos sobre un gran período de tiempo por varios escritores. ¿Cómo, pues, se coleccionaron, y quién decidió cuáles compondrían el canon de la Escritura?

canon
I. ALGUNAS CONSIDERACIONES BASICAS

A. El significado de la palabra canon

1. Su derivación. La palabra viene del vocablo griego kanon el cual se refiere a un instrumento de medir. Por consiguiente, adquirió el significado de una regla de acción (Gálatas 6:16; Filipenses 3:16).

2. La historia del uso de la palabra. En la iglesia primitiva la palabra“canon” se usaba con referencia a los credos. A mediado del siglo cuarto llegó a emplearse en relación con la Biblia; i.e., la lista de los libros aceptados reconocidos como pertenecientes a la Biblia.

3. Su significado. En realidad, la palabra “canon” tiene doble significación. Se refiere a la lista de los libros que cumplieron con los requisitos de ciertas pruebas o reglas y así se consideraron autoritativos y canónicos. Pero también significa que la colección de libros canónicos constituyen la regla de nuestra vida.

B. Algunas consideraciones en la investigación de la canonicidad.

1. Autoautenticación. Es esencial recordar que la Biblia se autentica a sí misma, puesto que sus libros fueron aspirados por Dios (2 Timoteo 3:16). En otras palabras, los libros eran canónicos en el momento que fueron escritos. No fue necesario esperar hasta que los varios concilios pudiesen examinar los libros para determinar si eran aceptables o no. Las personas y los concilios solamente reconocieron y declararon lo que es verdadero por la inspiración intrínseca de los libros tal como fueron escritos. Ningún libro de la Biblia fue hecho canónico por la acción de algún concilio de la iglesia.

2. Las decisiones de los hombres. Sin embargo, los hombres y los concilios sí tuvieron que considerar cuáles libros debían ser reconocidos como parte del canon, porque había algunos candidatos que no eran inspirados. Se tuvieron que hacer algunas decisiones y elecciones, y Dios guió a grupos de personas a hacer las decisiones correctas (no sin algunas pautas) y a coleccionar los varios escritos en los cánones del Antiguo y del Nuevo Testamentos.

3. Debates sobre la canonicidad. En el proceso de decidir y coleccionar, era de esperarse que surgieran varias disputas en cuanto a alguno de los libros. Y así fue. Sin embargo, estos debates no disminuyen la autenticidad de los libros genuinamente canónicos, ni tampoco le conceden autoridad a aquellos que no fueron inspirados por Dios.

4. La conclusión del canon. Desde 397 A. D. la iglesia ha considerado que el canon de la Biblia está completo y, si está completo, entonces tiene que estar cerrado. Por lo tanto, no podemos esperar que se descubran o se escriban algunos otros libros que abrirían el canon de nuevo para sumarse a los sesenta y seis libros. Aun si se descubriera una carta de Pablo, no sería canónica. Después de todo, Pablo debió de haber escrito muchas cartas durante su vida además de las que están en el Nuevo Testamento; aun así, la iglesia no las incluyó en el canon. No todo lo que escribía un apóstol era inspirado, porque no era el escritor el inspirado sino sus escritos, y no necesariamente todos ellos.

LibrosBiblia

Los libros más recientes que las sectas ponen a la par de la Biblia no son inspirados ni tiene razón alguna de ser parte del canon de la Escritura. Por cierto, las supuestas declaraciones proféticas o visiones que algunos alegan que provienen de Dios hoy en día, no pueden ser inspiradas y consideradas como parte de la revelación de Dios investidas de alguna autoridad como la de los libros canónicos.

Fuente:
Charles Caldwell Ryrie, Teologı́a básica (Miami: Editorial Unilit, 2003), 118–119.

Anuncios

LAS SAGRADAS ESCRITURAS – Inspiración

Su Inspiración

La inspiración es la influencia y poder de Dios para controlar a los autores de modo que escribieran las Escrituras con total precisión. El mensaje pasó al texto por la actividad providencial del Espíritu Santo que dio forma y sustancia a la comunicación. Las Escrituras constituyen la revelación de Dios, son infalibles en todo lo que El dice, desde el principio al fin.

inspiracion-de-las-escrituras

1. El origen de la inspiración  (2 Timoteo 3:16)

Porque Dios inspiró el texto, leemos de la personificación de la Escritura (Romanos 9:17; Gálatas 3:8–22) y el dicho está identificado con el evangelio y la gran obra de Cristo (Hechos 13:32–35). Esta es la razón por la que cada palabra tiene valor (Gálatas 3:16) para exponer la voluntad de Dios con autoridad y podemos confiar totalmente en su contenido (Hechos 17:2–3; 26:22–23; 28:25).
Aunque los escritores eran hombres, realmente fue el Espíritu quien habló (Hechos 1:16; 4:25; Hechos 3:7) de modo que podemos estar seguros que es totalmente la palabra de Dios (Hechos 1:5–13; 4:12; 8:8).

2. El mecanismo de la redacción (2 Pedro 1:20–21)

Al leer este texto observamos dos grandes verdades: “toda la Escritura es inspirada” y la profecía “nunca fue traída por voluntad humana”.
Aunque el hombre fue el medio, nunca la Escritura se inició en él o con él, sino que el Espíritu actuó en los escritores (1 Pedro 1:11; 2 Pedro 3:16) para producir el escrito. Así lo expresaron Miqueas (3:8) o Zacarías (7:12). Los profetas fueron los portavoces del Señor (Exodo 4:10–16; 7:1) y lo sabían muy bien (2 Samuel 23:2).

inspiración

3. El valor de su integridad (Juan 10:35)

Según el Señor Jesús la autoridad del Antiguo Testamento es incuestionable. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas” —dijo— “no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17; comp. Lucas 16:17). La denominó “palabra de Dios” y pudo derrotar cualquier intento por menoscabarla (Mateo 22:29–32; Marcos 7:13).
Sus afirmaciones como “Escrito está” (Mateo 4:4) nos sostienen en la lucha que ofrece el enemigo. Por esta causa edifican (2 Timoteo 3:16–17); triunfan (Efesios 6:12–18) y dan constante testimonio de la grandeza de Cristo (Lucas 4:21; 7:22).

Conclusión

La Biblia es nuestra arma, si no obedecemos es como si la hubiésemos extraviado. El pecado nos mantiene alejados, pero cuando la usamos, la Biblia nos aleja del pecado (2 Reyes 22).

Fuente:
Raúl Caballero Yoccou, Del púlpito al corazón, Primera edición. (Miami, FL: Editorial Unilit, 1994), 89–90.