Archivos Mensuales: enero 2018

EL VICARIO DE CRISTO

Christian dove

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MAYORDOMO

(heb. śar, bên mesheq, ’hâ-îsh ’asher ‛al; gr. epítropos, oikonómos [del verbo oikonoméō]). Hombre empleado para administrar una propiedad o negocios de otra persona, y responsable por ellos. José fue mayordomo sobre la casa de Potifar (Gn. 43:19; 44:4). Sebna era mayordomo durante el reinado de Ezequías (Is. 22:15; cf 2 R. 18:37; 19:2). Varios hombres eran “mayordomos en la casa de Jehová” (2 Cr. 34:10–13). En el NT desempeñan una parte importante en las parábolas de Jesús (Mt. 20:8; Lc. 12:42; 16:1–9), y a la mayordomía se le da una aplicación espiritual. El ministro cristiano actúa como mayordomo (administrador) de Dios (Tit. 1:7), y es un “administrador” de los “misterios de Dios” (1 Co. 4:1, 2) y de la “multiforme gracia de Cristo” (1 P. 4:10). Es responsable ante él por la forma en que trata a quienes están en oscuridad.

Fuente: Siegfried H. Horn, ed. Aldo D. Orrego, trans. Rolando A. Itin and Gaston Clouzet, Diccionario Bíblico Adventista (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), 762–763.

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(En hebreo, generalmente es sar, «aquel que está a la cabeza»; griego: oikonomos y epitropos: «mayordomo», «dispensador» o «administrador»). Superintendente, administrador de los bienes de la casa de otro. Eliezer era el mayordomo de Abraham (Gn. 15:2; 24:2); José tenía uno (Gn. 43:19; 44:1, 4), al igual que David y Salomón (1 Cr. 27:31; 1 R. 4:7), Nabucodonosor (Dn. 1:11, 16), Herodes (Lc. 8:3), el señor de la parábola del mayordomo infiel (Mt. 20:8). El mayordomo era también el que dirigía al personal y llevaba las cuentas de la casa; el dispensador que distribuía los artículos y alimentos a los componentes de la casa, tanto para su alimentación como para llevar a cabo sus trabajos (Lc. 12:42; 16:1).

Según el Nuevo Testamento, los servidores de Dios son los mayordomos o dispensadores que Él ha puesto en su Iglesia (Tit. 1:7; 1 Co. 4:1–2; 1 P. 1:12); con ello, todos los creyentes son dispensadores de las gracias y de los dones que Dios les ha confiado (4:10). Lo que se demanda de cada uno es que sea fiel, porque llegará el día en que deberá rendir cuentas de su administración. Tendrá que restituir todos los bienes que haya recibido a su cuidado, y es entonces sólo que recibirá «lo que es suyo», esto es, su herencia eterna (Lc. 16:2, 9–12).

Fuente: Samuel Vila Ventura, Nuevo Diccionario Biblico Ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 741.

MAYORDOMÍA

En el griego, la palabra mayordomía (oikonomia) es una palabra compuesta que significa «administración de una casa». El que administra la casa es llamado mayordomo (oikonomos «ley de la casa») o bien superintendente (epitropos). La idea tiene sus raíces en el establecimiento de la esclavitud. El amo nombraba a un esclavo para que administrara su casa, lo que podía incluir la enseñanza y disciplina de los miembros de la casa, en especial de otros esclavos y los niños. Un ejemplo clásico sería José en la casa de Potifar (Gn. 39:4–6). La idea ordinaria de la mayordomía se encuentra en varios pasajes del NT; notable es la historia del mayordomo injusto (Lc. 16:1–8; cf. Mt. 20:8; Lc. 12:42). El guardián de un menor también puede ser llamado un mayordomo (oikonomos, Gá. 4:3). Este es uno de los usos comunes en los papiros (MM). Un oficial público podría ser llamado un mayordomo (oikonomos, Ro. 16:23) o supervisor (epitropos Lc. 8:3).

La idea de que el hombre es mayordomo de Dios en su relación con el mundo y su propia 870593_58527003vida es algo inherente al relato de la creación (Gn. 1–3), en el cual se le nombra señor de todo, menos de sí mismo. En el NT, cuando la palabra no se usa en su sentido ordinario, se refiere a la administración de los dones de Dios, especialmente la predicación del evangelio. Por metonimia, la mayordomía puede referirse a la provisión que Dios hace para la era cristiana (Ef. 1:10; 3:9), implicándose en el contexto que este plan incluye el confiar a los hombres el mensaje del evangelio. La idea es explícita en 1 Co. 9:17; Ef. 3:2; Col. 1:25; 1 Co. 4:1–2; Tit. 1:7. La mayordomía se amplía de tal forma que incluye a todos los cristianos y todos los dones de Dios en 1 P. 4:10. Un uso poco común se encuentra en 1 Ti. 1:4, donde parece referirse a la disciplina y el adiestramiento del cristiano en el área de la fe. Se requiere que los mayordomos de Dios y de los hombres sean fieles; esto es, que administren según las direcciones que recibieron (1 Co. 4:2).

El énfasis moderno en la mayordomía de las posesiones, aunque es cierta, puede tender a oscurecer el hecho de que la mayordomía principal del cristiano es la del evangelio, incluyendo toda la vida, al igual que su dinero.

 

Fuente:

Fred L. Fisher, “MAYORDOMÍA,” ed. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley, and Carl F. H. Henry, Diccionario de Teología (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 383–384.