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NO HAY CIENTIFICOS ATEOS

Todo científico, incluyendo a los agnósticos y los ateos, creen en Dios. Es necesario para hacer su trabajo. Esta afirmación podría parecer estrafalaria. ¿Cómo podemos decir que los ateos “creen en Dios”? Pero las personas muchas veces muestran en sus acciones creencias que niegan con sus palabras. Por ejemplo, Bakht, un filósofo hindú, dirá que el mundo es una ilusión. Pero él no cruza la calle justo frente a un ómnibus. Susana, una relativista radical, dirá que no hay verdad absoluta. Pero ella viaja tranquilamente a los 30,000 pies de altura en un avión cuyo vuelo seguro depende de las verdades inmutables de la aerodinámica y la mecánica estructural.1

muerte

Pero, ¿qué pasa con los científicos? ¿Ellos tienen que creer en Dios? La cultura popular americana a menudo nos dice lo contrario, es decir que la “ciencia” es opuesta a las creencias Cristianas y bíblicas. A menudo se oye repetir la vieja historia del conflicto con Galileo, y del juicio con Scopes en Estados Unidos sobre la evolución, al punto que estos eventos han adquirido un status casi mítico. Y la pugna entre la ciencia y la religión recibe refuerzos por medio de una promoción vociferante de la evolución materialista.

Los historiadores de la ciencia señalan que la ciencia moderna surgió en el contexto de una cosmovisión Cristiana, y fue nutrida por la misma.2 Pero si esto fue cierto en el pasado, la ciencia del siglo veinte parece poder sostenerse sin la ayuda de ningún fundamento teísta. De hecho, muchos consideran que Dios es el “Dios de los vacíos” (God of the gaps), el Dios a quien invocan sólo cuando no hallan explicaciones científicas. Según esta perspectiva, la ciencia avanza, es capaz de explicar más y más de los vacíos, y la necesidad de Dios disminuye. Lo “natural” llega a poder explicar casi todo, haciendo innecesario lo “sobrenatural”.3

Enfoquemos nuestra mirada en las leyes naturales

Las cosas se miran diferente si nos negamos a confinar a Dios en un cubículo del “Dios de los vacíos”. Según la Biblia, él está involucrado en las áreas más comunes de las ciencias, las áreas de los eventos predecibles, las áreas que involucran experimentos de prueba repetitiva, y aún las descripciones matemáticas exactas. En Génesis 8:22 Dios promete:

Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche (Génesis 8:22).4

Y esta promesa general referente a los tiempos regulares de la tierra es complementada por muchos ejemplos específicos en otros pasajes:

Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. (Salmo 104:20).

Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra. (Salmo 104:14).

El envía su palabra a la tierra; Velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana, Y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos; Ante su frío, ¿quién resistirá? Enviará su palabra, y los derretirá; Soplará su viento, y fluirán las aguas. (Salmo 147:15–18).

Los ciclos regulares que los científicos describen, realmente son los compromisos que Dios mismo ha hecho. En su Palabra a Noé, Dios se compromete con gobernar los tiempos y los sazones. Por su Palabra, gobierna la nieve, el frío, y el granizo. Los científicos sólo describen los ciclos regulares de la Palabra de Dios que gobierna el mundo. Las llamadas “leyes naturales” son realmente la ley de Dios, o la Palabra de Dios, descritas imperfectamente o aproximadamente por los investigadores humanos.

Ahora bien, recordemos que la investigación científica depende de que haya efectos regulares en el mundo. Sin estas regularidades, no habría nada qué estudiar. Los científicos dependen no solamente de que hayan procesos regulares con que están familiarizados, como por ejemplo la conducta regular de su aparato de medir, sino también dependen de la suposición de que hallarán más regularidades en las áreas de investigación. Deben mantener la esperanza de encontrar otras regularidades, porque si no, tendrían que abandonar sus exploraciones.

La fe en las leyes científicas

¿Qué son estas regularidades? Les han puesto varios nombres: “ley natural”, “la ley científica”, “teoría”. Algunas regularidades pueden ser descritas con exactitud cuantitativa para cada caso (dentro de límites estrechos de error), mientras otras regularidades sólo se ven después de comparar un número grande de casos. Todos los científicos creen en la existencia de tales regularidades. Y en todos los casos, no importa su religión profesada, los científicos en la práctica saben que las regularidades están “ahí”. En última instancia, los científicos son “realistas” con respecto a las leyes científicas. Los científicos las descubren, no las inventan. Si no fuera así, ¿para qué todo el trabajo tedioso y frustrante de los experimentos? Sería, ¡adivine, invente, y sea famoso!

Estas regularidades son, pues, ¡regulares! Y para que algo sea regular, debe ser regulado. Se necesita una regula, una regla. El Diccionario Webster señala este concepto al definir “regular” como “formado, edificado, arreglado u ordenado de acuerdo a una regla establecida, una ley, un principio o un tipo”.5 La idea de una ley o una regla es parte integral del concepto de “regular”. Los eventos ocurren en el tiempo y el espacio. Cuando los eventos evidencian una regularidad, es porque están formados u ordenados de acuerdo a una regla o una ley. Es por esto que el término “ley” es un término natural para definir las teorías y principios científicos que son bien establecidos. Hablamos de “las leyes de Newton”, “la ley de Boyle”, “la ley de Dalton”, “las leyes de Mendel”, “las leyes de Kirchhoff”. Todos los científicos aceptan y dependen de la existencia de las leyes científicas.

 

Vern Sheridan Poythress, No Hay Científicos Ateos: Los Atributos Divinos de Las Leyes Naturales, trans. Guillermo Green, 1a ed., ¿Dónde Está El Sabio? (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2012), 7–13.

___________________________________

1 La obra sobre la auto-decepción de Gregory L. Bahnsen (“A Conditional Resolution of the Apparent Paradox of Self-Deception, Una resolución condicional para la aparente paradoja de la auto-decepción), tesis para el Ph.D., Universidad de Carolina del Sur, 1979) ha ayudado a mostrar cómo la gente maneja tales estados paradójicos. Creen en una cierta proposición y también creen (como un credo de segundo orden) que no lo creen. Han ocultado de su consciente lo que sus acciones continuamente muestran a los demás. En sus acciones tácitamente confían en verdades acerca del mundo, mientras que verbal y conscientemente no creen hacerlo. Este modelo es útil. Pero la incredulidad y la rebelión, como manifestaciones del pecado, producen profundos efectos en la naturaleza humana, incluyendo asuntos intelectuales y prácticos. Por tanto, cualquier explicación humana sobre la evasión de la verdad permanece parcial.

2 Reijer Hooykaas, Religion and the Rise of Modern Science (La religión y el surgimiento de la ciencia moderna) (Grand Rapids: Eerdmans, 1972); Stanley L. Jaki, The Road of Science and the Ways of God (El camino de la ciencia y los caminos de Dios) (South bend, IN: Regnery-Gateway, 1979); Nancy R. Pearcey y Charles B. Thaxton, The Soul of Science: Christian Faith and Natural Philosophy (El alma de la ciencia: la fe cristiana y la filosofía natural) (Wheaton, IL: Crossway, 1994); Charles E. Hummel, The Galileo Connection: Resolving Conflicts between Science and the Bible (La relación con Galileo: Resolviendo conflictos entre la ciencia y la Biblia) (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1986).

3 Edward J. Larson y Larry Witham recientemente condujeron una encuesta sobre las creencias de los científicos y compararon los resultados con encuestas similares de 1914 y 1933 hechas por James H. Leuba. Encontraron poco cambio, contrario a la impresión de la ciencia es una fuerza secularizada. 40 por ciento creían en Dios tanto en las encuestas de Leuba como en las recientes. Pero también encontraron que la “élite” de científicos estadounidenses, representada por la Academia Nacional de la Ciencia (National Academy of Science), contenía un mayor porcentaje de incredulidad, más del 90 por ciento de los que tomaron la encuesta. (Edward J. Larson y Larry Witham, “Scientists and Religion in America” (Los científicos y la religión en Estados Unidos), Scientific American 281/3 [Set.,1999] 88–93.)

4 Las citas bíblicas aquí y en el resto del documento vienen de la English Standard Version (ESV).

5 Webster’s Ninth New Collegiate Dictionary (Noveno nuevo diccionario colegiado de Webster) (Springfield, MA: Merriam-Webster, 1987).

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DIALOGANDO CON LA EVOLUCIÓN… Una perspectiva bíblica (Parte 1 y 2)

PARTE 1
Rabinos rechazan la evolución

evolucionPromoción de Pepsi – «¡No!»

Recientemente Pepsi Cola sacó una nueva promoción en Israel – la cual pronto fracasó. Los rabinos ortodoxos estaban encolerizados por la promoción que incluía un gorila caminando por un sendero de la evolución hasta llegar a ser un «Pepsi Kid» («niño Pepsi»). El mensaje: Pepsi es la meta final de la evolución.

Los rabinos no se sentían complacidos. Denunciaron la propaganda como algo en contra de la enseñanza bíblica de la creación, y amenazaron con un boicot. Pepsi modificó la promoción.

Una encuesta reciente por Gallup encontró que casi la mitad de la población de los Estados Unidos respondería de la misma manera. El 47% cree que Dios creó a los seres humanos como tal, hace unos 10,000 años. Otro 40% cree que el tiempo fue hace millones de años, pero que Dios dirigió el proceso. Sólo un 9% cree en la evolución por leyes naturales estrictas, sin Dios.

Sin embargo, irónicamente, las escuelas y universidades públicas enseñan a la juventud la evolución sin Dios. Y la gran mayoría de las personas no saben qué responder. Sabemos lo que creemos, pero no podemos dar una explicación del porqué.

Pero existe un argumento en contra de la evolución que es fácil de entender, que ha sido conocido por siglos, y que usted puede utilizar cuando habla con amigos y maestros.

Empecemos. La evolución da por sentado que el cambio en el mundo es sin límite. Obviamente, uno que quiere sacar elefantes y pulpos de una sola célula inicial tiene que asumir que el cambio biológico es casi sin límites.

El problema es que todos los cambios que hemos observado son limitados. El agricultor puede criar maíz más dulce, rosas más grandes o caballos más rápidos, pero siguen siendo maíz, rosas y caballos. Nadie nunca ha producido un género nuevo. Los evolucionistas toman estos cambios pequeños y especulan que pueden haberse dado cambios más grandes a lo largo de millones de años.

Ahora, no hay ningún problema con las especulaciones en sí, pero esta especulación en particular no tiene bases. Los cambios producidos por las modificaciones de organismos no continúan con un paso parejo en cada generación nueva. Por el contrario, comienza con cambios rápidos, y luego alcanza un nivel que nadie puede cruzar.

Si se trata de cruzar un cierto nivel, el organismo se hace más débil, más dado a enfermedad, hasta llega a ser estéril y muere. Así que, usted puede criar rosas más grandes, pero nunca criará una tan grande como un girasol. Usted puede criar caballos más rápidos, pero nunca hará uno tan rápido como un cheetah.

La selección natural es limitada

Darwin creía que la naturaleza podía seleccionar entre los organismos, al igual que lo hace un administrador de ganado. Es por esto que él llamó a su teoría «selección natural». Pero si lo hace un administrador o la naturaleza, esta selección sólo produce cambios limitados – no el cambio sin límite que requiere la evolución.

Así que, no se intimide cuando todos parecen estar promoviendo la evolución – desde las escuelas públicas hasta Pepsi Cola. Si los científicos se apegan a la observación, lo único que se ha visto son modificaciones dentro de las categorías existentes de los seres vivos; jamás se ha visto un surgimiento de una categoría nueva.

Como el libro de Génesis lo dice, Dios creó los animales para reproducirse «según su género». Fueron creados para permanecer fieles a su especie – lo mismo que la crianza de los animales muestra hoy en día.

 

PARTE 2

¿Prueban la evolución?

Los pequeños monstruos de las cuevas

Recientemente algunos científicos descubrieron un mundo de pequeñas criaturas nunca antes conocidos. Una cueva en Rumania fue abierta y reveló arañas vampiros, moscas sin alas, alacranes de agua que producen tubos para respirar bajo agua, y animalitos (sanguijuelas) que chupan lombrices enteras como chupar un espagueti. Los reporteros proclamaban el descubrimiento como evidencia para la evolución. ¿Lo es?

Las arañas vampiros son siempre arañas; las moscas sin alas son siempre moscas; los alacranes y sanguijuelas siempre son reconocibles como alacranes y sanguijuelas.

No, los pequeños monstruos de la cueva no prueban la evolución. Sólo prueban la «reproducción según su género y especie» – como lo dice Génesis.evolucion.jpg 2

Los científicos son dados a presentar cualquier forma de cambio como prueba de la evolución. Pero la evolución no es cualquier cambio; es el surgimiento de nuevas categorías de seres vivos. Las criaturas de la cueva no representan nuevas categorías. Son simplemente modificaciones de categorías existentes.

Los que creemos en la creación hecha por Dios aceptamos esta clase de modificaciones dentro de las especies. El mismo Dios que creó los animales «según su género y especie» también debe haberlo creado con la capacidad para adaptarse – si no, estos géneros no hubieran durado mucho tiempo.

Carlos Darwin comenzó mal con su teoría de la evolución hace más de un siglo cuando incluyó la adaptación como evidencia de la evolución. Fue un error cometido en reacción contra la posición del «creacionismo» (los que creen en la creación hecha por Dios según la Biblia). Muchos «creacionistas» en aquel entonces enseñaban que los seres vivos nunca cambiaban en nada. Para Darwin aún las adaptaciones pequeñas mostraban evidencia para la evolución.

Los creacionistas de aquel entonces también enseñaban que ninguna especie se había extinguido. Para Darwin la extinción de especies también contaba como evidencia para la evolución.

Los creacionistas enseñaban que los seres vivos fueron creados en el lugar geográfico en que se encuentran hoy. Las jirafas fueron creadas en el África, búfalos en Norteamérica, Llamas en Sudamérica. Por lo tanto, las migraciones de animales también contaban para Darwin como evidencia de la evolución.

Hoy, por supuesto, ninguno de estos factores afectan el debate sobre la evolución. Las teorías anteriores de los creacionistas dependían más de la filosofía griega, que enseñaba que las especies eran eternas. Pero los creacionistas de hoy somos guiados más por las escrituras.

Dios dice en el libro de Génesis que creó cada animal según su «género» – no creó todas las especies. Esta frase «según su género» sugiere que el límite entre géneros es definido por la reproducción: un «género» es un grupo que puede reproducirse entre sí.

“Adaptación” y “evolución” son cosas distintas

Toda la familia de gatos – desde gatos de casa hasta leopardos y tigres – forman una cadena que constituye un sólo «género». Lo mismo con los perros, desde las mascotas de casa hasta lobos y chacales.

Y podemos testificar de la gran diversidad que puede suceder dentro de los géneros creados. Los perros domesticados alcanzan desde el pequeño Chihuahua hasta el San Bernardo gigante – pero nunca dejan de ser más que perros.

Cuando Darwin hizo su viaje famoso a las islas Galápagos descubrió pájaros (pinzones) y tortugas que variaban un poco de isla en isla. Creía que había descubierto el proceso de la evolución en moción. Pero los pinzones siempre eran pinzones – no se hicieron otra especie de pájaro – y las tortugas siempre eran tortugas.

Hoy usted y yo podemos darle vuelta a la tortilla con respecto a Darwin. Lo que sus pinzones realmente muestran – igual a los pequeños monstruos de Rumania – es que los cambios siempre suceden dentro de los límites de los géneros creados. Igual como lo dice Génesis.

Autor: Chuck Colson

EL DILUVIO UNIVERSAL EN LAS DIFERENTES CULTURAS – segunda parte

En América precolombina

Entre los toltecas centroamericanos existe una tradición que habla de que la primera era duró 1760 años, después de la cual, hubo una gran inundación que duró 52 años, a la que sólo sólo sobrevivió una familia, Coxcos y su mujer, Xochil Quetzal, en una gran canoa hecha de madera de ciprés. “Las  montañas  se  hundieron   bajo  el  agua.  Toda  la  humanidad  se  ahogó  o  se  convirtio  en  peces. “Como en otros relatos que hemos visto, Coxcos envió aves, en este caso buitres, que encontraron cadáveres y no volvieron. Después mando un colibrí, que volvió con una rama, después de lo cual, encontraron tierra en la montaña torcida de Colhuacán. 

Entre los aztecas, existe la leyenda de Tapi, un hombre muy piadoso, a quien el creador le dijo que construyera un barco con el que sobreviviría, y en el que debía meter a su mujer y a una pareja de cada uno de sus animales. Todo el mundo pensaba que estaba loco, hasta que el diluvio se desencadenó. El no abandonó el barco hasta que… sóltó unas palomas que no regresaron.

En las tradiciones mayas, recopiladas en libros sagrados como el Popol Vuh y el Chilam Balam, se habla de una gran inundación acompañada de fuego y terremotos, de la cual sobrevivió muy poca gente, escondida en cuevas. “Se  oyó  un  gran  ruido  en  el  cielo  y  cayo  una  pesada  lluvia  noche  y  dia.   Los  hombres  trataron  de  trepar  a  las  casas,  pero  las  casas  quedaron  sumergidas.   El  cielo  se  cayó… la  tierra  seca  se  hundio,  y  en  un  momento  termino  la  gran aniquilacion…”

Entre los ojiwbe, que han vivido en Minnesota desde el 1.400 antes de Cristo aproximadamente, también existe una tradición muy similar a la relatada en la Biblia. “Hubo un tiempo en que los humanos discutían entre ellos e incluso en el seno de sus familias. Discutían tanto que Manitú, el creador, decidió realizar una purificación por medio del agua. El agua llegó, anegó toda la tierra y pilló a la mayoría desprevenida. Tan sólo unas pocas parejas vivientes lograron sobrevivir”. Waynaboozhoo es el nombre del héroe, que sobrevivió acompañado de unas parejas de animales en una barquilla.

Los indios de Delaware, también en Estados Unidos, tienen una tradición en la que se habla de que en la era prístina la gente vivía en paz y la tierra estaba sumergida. Tan sólo unas pocas personas encontraron refugio en la concha de una grandísima tortuga, tan vieja que tenía moho. Un pájaro fue soltado para hallar tierra pero sólo encontró mar. Más tarde, otro más volvió con un poco de tierra en su boca, a resultas de lo cual guió a la tortuga hasta ese pedazo de tierra. Entre los hurones, se habla de una inundación que duró varios meses, de la que sólo sobrevivió el padre de las tribus indias, con su mujer, su familia y sus animales. La leyenda habla de que los animales no hacían más que quejarse durante el viaje, por lo cual, al terminar el diluvio, se les quitó la facultad de hablar. Los sioux de Dakota también tienen otra leyenda similar, en la que sobreviven en unas canoas muy grandes una familia y parejas de animales de cada especie, después de una inundación de varios meses, al término de la cual, encontraron tierra firme al oeste. Parecida a la de los indios mandal, con la diferencia de que el superviviente ¡fue un blanco!

En el periodo de tiempo conocido en los Andes como el de la Pachachamama, el hombre se convirtió en un demonio. Estaba tan atareado haciendo cosas malas que se le olvidó hacer las buenas, tan sólo aquellos que vivían en lo alto de los Andes conservaban la pureza. Dos hermanos que vivían en las montañas vieron a sus animales comportarse de manera extraña y les preguntaron lo que sucedía, a lo que contestaron que las estrellas les habían avisado de que se avecinaba un diluvio que destruiría la tierra entera. Entonces tomaron a sus familias y buscaron refugio en una cueva en las altas montañas. La lluvia duró cuatro meses y las aguas subieron pero no alcanzaron la altura de los pìcos. Así fue como las aguas terminaron y la montaña recuperó su altura, pero desde entonces las llamas prefieren vivir en las alturas.

Entre los indios chibcha de Sudamérica, el superviviente fue Bochica y su mujer, refugiándose en la montaña más alta. Al terminar el diluvio, Bochica abrió un agujero en la tierra en Tequendama, por el que desaparecieron las aguas.

De acuerdo a los textos hebreos, el arca de Noé fue cubierta de juncos o cañas y recubierto por magma o lava que contenía piedra pómez, sal y . Eso resultaba en un tipo de aislante que era muy fuerte y ligero. Para muchos, los restos encontrados 17 millas al sur del Monte Ararat, en la base de Al Judi son los restos del arca de Noé. Este pedazo parece que tiene las costillas o cordoncillos dentro de él. Como esos juncos un día estuvieron vivos, se podría utilizar el método del Carbono 14 para fecharlos.

El doctor Thor Heyerdahl construyó dos bote similares a éste en 1969-1970. Con el primero navegaron alrededor de 3.000 millas, y con el segundo, superaron esa cifra. En el lago Titicaca, en Bolivia, se utilizan este tipo de embarcaciones, hechas de juncos.

Recopilación de www.rafapal.com

LAS PRUEBAS DEL DILUVIO UNIVERSAL EN LAS DIFERENTES CULTURAS – Primera parte

El investigador H. S Bellamy reunió quinientos. Quinientos relatos de prácticamente todas las culturas humanas que hablan de un gran diluvio. La posibilidad de que las omnipresentes leyendas fueran ciertas se alimenta, hoy, de datos geológicos y arqueológicos, comenzando por los numerosísimos sedimentos marinos depositados en altas montañas. Ello alimentaría el argumento de que, un día, que las aguas ocuparon un diferente lugar en otro tiempo. Sin duda, una nueva visión de la historia de nuestro planeta está naciendo.

La cultura de Tiahuanaco, asociada al lago Tititcaca, en Bolivia, es una de las grandes incógnitas de nuestro mundo; ni se sabe por qué desapareció ni cómo se construyeron gigantescos edificios tales alturas, pero en lo que muchos están de acuerdo es en que se trata de las más antiguas ruinas de una civilización. En su libro “Construidas antes del diluvio: el problema de las ruinas de Tiahuanaco, Bellamy documenta la existencia de sedimentos marinos en una extensión de 700 kilómetros en aquella área, lo que probaría que el Océano Pacífico alcanzaba, en un tiempo remoto asociado a esa cultura, la altura de esas montañas.Esta línea comienza cerca del lago Umayo, en el Perú, a unos cien metros de altura por encima del lago Titicaca, y pasa al sur de este lago, a treinta metros por encima del agua, hasta concluir, en declive descendente hacia el sur, más allá del lago Coipusa, doscientos cincuenta metros más abajo que en su extremidad septentrional.

El declive en esos sedimentos se constata con una trayectoria curva y no recta, lo que ha llevado a Bellamy a proponer que ésa es la prueba de que fueron las aguas las que bajaron y no las montañas las que se elevaron, como hasta ahora se pensaba. De ser así, Tiahuanaco habría constituido un puerto de mar a finales del Terciario, lo que explicaría, al mismo tiempo, porqué el lago Titicaca es salado: sería el último vestigio del Océano Pacífico. Este investigador, amparándose en las leyendas de los indígenas, afirma que todavía existen restos de los muelles del puerto de Tihuanaco dentro del lago. El oceanógrafo Cousteau las buscó infructuosamente en los años ochenta, pero el investigador boliviano Hugo Boero Rojo las halló en las cercanías del puerto boliviano de Puerto Acosta, a 20 metros de profundidad, filmando un documental.

Las hipótesis de que las debacles y catástrofes acaecidas en nuestro planeta hayan sido provocadas por el impacto de cuerpos estelares cobran fuerza a medida que los datos geológicos, los arqueológicos y los antropológicos se interrelacionan para generar nuevas teorías sobre el clima y su evolución. Entre otras cosas, estas teorías podrían explicar la desaparición de grandes animales, “mastodontes” como el mamut, hace entre 9.000 y 12.000 años. Una desaparición de la que la ciencia oficial sigue responsabilizado al hombre… cuando en aquella época apenas tenía lanzas y flechas. Como se puede deducir al contemplar los indígenas americanos o africanos antes de la llegada del hombre blanco, difícilmente una población humana podía haber aniquilado una especie como los mamuts de más de una tonelada o castores de más de media tonelada. Todas estas especies murieron al final de la era de hielo, dejando en el aire la pregunta de las preguntas: por qué.

Velikovski rebate la teoría de que la edad de hielo finalizara hace un millón de años, como hasta ahora, y sostiene que ocurrió hace tan sólo 12.000 (al menos, “una” era glacial). El ruso fundamenta su teoría en los fabulosos yacimientos de animales extinguidos cuyos huesos fueron encontrados en descomunales fosas a las que habrían llegado, aparentemente, movidos por una fuerza violenta. Fosas como la de Agate Spring Quarry en Nebraska, comprenden 164.000 huesos de 800 animales diferentes. Los más numerosos son de un pequeño rinocerante, otro caballo enano y un cerdo gigante. En Alemania, en un hoyo situado en Neuköln, se encontraron restos fosilizados de mamuts, bueyes almizcleros, bisontes, hienas, renos y dos especies diferentes de elefantes. Todos sus huesos, al igual que en el yacimiento de Nebraska, estaban revueltos, como si una corriente los hubiera juntadao, y su fecha de datación es de hace 12.000 años, el final de la glaciación según las “modernas” teorías. Velikovski, como Hapgood, alude a las pruebas de la región de Tiahuanacu, con la imposibilidad para el traslado de semejantes piedras y la construcción de terrazas, para avalar la teoría de que no fueron las montañas las que se elevaron sino que fue el mar el que bajó.

Toda esta corriente que abarca a eruditos de diferentes campos del saber echaría por tierra la creencia, hasta ahora aceptada por la comunidad científica, de unos cambios graduales en el planeta y la supuesta importancia de la acción del hombre en la eliminación de ciertos animales. Para estos heterodoxos, los bruscos cambios en la biosfera habrían venido originados por modificaciones en el sistema solar. De esta manera, además, la astrología volvería a jugar un papel en el desarrollo de la ciencia.

El Diluvio en las diferentes culturas

Todas estas teorías han provocado que diferentes investigadores hayan vuelto a proponer la existencia de un gran cataclismo universal, hace entre 9.000 y 12.000, que habría acabado con grandes civilizaciones en la tierra y habría quedado en la memoria colectiva de numerosos pueblos como “el diluvio universal”. Las ciencias empíricas y las tradiciones espirituales se pondrían de acuerdo gracias a H. S. Bellamy, quien recopiló 500 leyendas de prácticamente todas las culturas del mundo que apoyan esta teoría y las similitudes. Como se ve en el cuadro, las coincidencias son apabullantes.

Según la Biblia y la Torá judía, los únicos superviviente del diluvio fueron Noé, su familia y un número de parejas de animales, navegando en un arca de 300 codos de largo, 50 de ancho y 30 de alto, hecha de madera de gomero calafateada con pez. El diluvio duró días y 40 noches, en los que “las aguas lo cubrieron todo y las fuentes del gran abismo se abrieron”. Noé mandó una paloma y un cuervo y sólo salió del arca desde el monte Ararat cuando la paloma no volvió de su tercer vuelo.

Las tablillas mesopotámicas son una fuente de numerosa información acerca del diluvio. Según las inscripciones sumerias, los supervivientes fueron la familia de Khisustros (o Khasistrata), amigos, animales domésticos y pájaros, ayudados de una nave de 5 estadios de largo y 5 de ancho. “Un terrible chorro de agua se elevó hasta el cielo, el océano rebasó la orilla y los ríos, sus riberas”. Las montañas Gordyene de Armenia fueron el refugio de los supervivientes, que volvieron a Sippara a desenterrar recuerdos de su destruida civilización.

Según las inscripciones asirias y babilónicas, el héroe superviviente se llamó Ubaratutu o Khasisatra, acompañado de su familia, su ganado, criados y animales salvajes, ayudado de una nave de 600 codos de largo, y 60 de alto y ancho. La tragedia duró seis días y seis noches, en los que hubieron “maremotos y chorros de agua…” Los cadáveres de los ahogados flotaban como algas mientras los supervivientes permanecían en el monte Nízar. La paloma que, a diferencia del cuervo, no volvió, también fue la emisaria.de lsa buenas noticias, a resultas de lo cual, Khasisatra y su familia se convirtieron en dioses.

Una variante de la anterior, se encuentra en las inscripciones babilónicas de Asurbanipal. En ella se lee que “una nave con la semilla de la vida a bordo” sobrevivió a un diluvio que duró seis días y seis noches. “Al séptimo día, Ut.-Napishstim” –que así se llamaba el Noé babilónico-, “miró afuera y vio que todo estaba callado. La humanidad había vuelto al barro”. El barco encalló en el monte Nízar. Pasado un tiempo, Ut.-Napishstim mandó una paloma, un cuervo y una golondrina. El cuervo se quedó comiendo los cadáveres y los demás pájaros no volvieron. Después de desembarcar y dialogar con los Dioses, se les concedió la inmortalidad.

La tradición griega y los comentarios antiguos hablan de que, pasada la edad de oro, Zeus vió que los humanos se habían vuelto muy engreídos y decidió que ya era suficiente. Gracias a la intercesión de Prometeo pudieron sobrevivir a la catástrofe Decalion, su mujer Pirra, sus hijos y animales terrestres, incluyendo cerdos, caballos, leones y serpientes. Su cobijo fue un gran cofre en el que navegaron durante 9 días y 9 noches “con el agua saliendo de la Tierra y el mar rebosando”. Según los relatos, el cobjio fue el Monte Parnaso o el Olimpo, al abrirse una grieta en Bambyce, por la que se produjo el desagüe. Decalion y Pirra lanzaron piedras que se convirtieron en hombres o mujeres dependiendo de quien las lanzaba.

La versión coránica es muy parecida a la bíblica. Habla de Noé y su familia y de una inundación que cubrió la tierra, a la cual sobrevivieron en el arca. La catástrofe se describe en los siguientes términos: “la superficie de la tierra hirvió…El arca se movió entre las olas como montañas”. La cosa terminó cuando Alá mandó a la tierra tragarse las aguas y al Cielo detener las lluvias. Finalmente, el arca se posó en el monte Djudi.

Los Puranas de la India hablan de un barco dirigido por el pez divino que salvó a Satyarawata; la inundación duró 7 días (en los que las tres fuentes quedaron sumergidas), hasta que el pez llevó al barco a tierra.

Otra versión de la India habla de que había un hombre llamado Manu que salvó a un pez chiquito de los dientes de uno grande y le dijo: “si me cuidas hasta que sea grande, un día te salvaré de las cosas terribles que están por llegar”. Manu le preguntó qué pasaría y éste le contestö: “se acerca un gran diluvio que lo arrasará todo sobre la tierra”. A medida que el pez iba creciendo, Manu lo iba cambiando a una pecera más grande hasta que se convirtió en un “gasha”, el pez más grande sobre la faz de la tierra. Cuando la lluvia comenzó, Manu ató una cuerda del barco al pez y éste le guió por entre las aguas mientras la lluvia desaparecía, llevándole a una montaña, donde encalló.

En Australia existe una leyenda llamada “El diluvio del tiempo del sueño”, en la que se vieron implicados Noé,. los aborígenes y algunos animales, a bordo de un arca gumana, llamada woramba, que terminó encallando en Djilinbadu, la montaña, donde todavía puede ser encontrada. Para ellos, la leyenda de que el arca está en el medio oriente es una mentira fabricada por los blancos para mantenerles sojuzgados. Esta leyenda es, sin duda, una mixtura fruto del contacto con los misioneros y, para algunos, no hay leyenda alguna que sostenga esta tradición sobre este tema.

Recopilación de www.rafapal.com