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ROMANOS, la epístola del apóstol Pablo

pablo

INTRODUCCION

1. Título. Cuando Pablo escribió esta epístola probablemente no le puso ningún título. Sencillamente era una carta que escribía a los creyentes de Roma; pero posteriormente la epístola llegó a ser conocida como “A los Romanos”, Gr. pros romáious, que es el título que se le da en los manuscritos más antiguos. En manuscritos posteriores este título fue ampliado a “La Epístola de Pablo el apóstol a los Romanos”, título que con algunas ligeras diferencias es el que se usa en las versiones castellanas.

2. Paternidad literaria. Nunca se ha puesto seriamente en duda que el apóstol Pablo sea el autor de esta epístola. Algunos eruditos han sugerido que el cap. 16 quizá no formaba parte de la epístola original enviada a Roma, sino que fue una carta separada enviada a Efeso, donde Pablo había trabajado durante algún tiempo (Hech. 19). Esta teoría se basa principalmente en la extensa lista de nombres que hay en dicho capítulo, y en la suposición de que difícilmente Pablo podría haber conocido a tantos amigos en una ciudad que aún no había visitado. Sin embargo, como la gente afluía a Roma desde todas partes del imperio, es muy posible que el apóstol hubiera tenido muchos amigos en la ciudad capital. Además, todos los manuscritos más antiguos incluyen el cap. 16 como una parte de la epístola. Por lo tanto, los eruditos conservadores modernos dejan la epístola tal como se encuentra ahora.

3. Marco histórico. Parece evidente que la Epístola a los Romanos fue escrita desde Corinto, en su tercer viaje misionero, durante la permanencia de Pablo de tres meses en esta ciudad (Hech. 20:1–3). Muchos eruditos ubican esta visita a fines del año 57 y comienzos del 58; pero algunos prefieren una fecha más antigua.

Que la epístola fue escrita desde Corinto es claro por sus referencias a Gayo (Rom. 16:23; cf. 1 Cor. 1:14) y a Erasto (Rom. 16:23; cf. 2 Tim. 4:20), y por su encomio a Febe, a quien Pablo describe como una creyente que había prestado servicios especiales a la iglesia de Cencrea, el puerto marítimo oriental de Corinto (Rom. 16:1).

Cuando Pablo escribió la epístola estaba por regresar a Palestina, pues llevaba una contribución de las iglesias de Macedonia y Acaya para los pobres que había entre los cristianos de Jerusalén (Rom. 15:25–26; cf. Hech. 19:21; 20:3; 24:17; 1 Cor. 16:1–5; 2 Cor. 8:1–4; 9:1–2). Después de terminar esa misión, se proponía visitar a Roma, y desde allí continuar con su viaje a España (Hech. 19:21; Rom. 15:24, 28). Hasta ese momento no había podido visitar a la iglesia cristiana de la ciudad capital del Imperio Romano, aunque con frecuencia había deseado hacerlo (Rom. 1:13; 15:22). Pero ahora creía que había completado sus labores misioneras en Asia y Grecia (cap. 15:19, 23), y anhelaba proseguir rumbo al oeste para fortalecer la obra en Italia e introducir el cristianismo en España (ver HAp 299–300). Para poder llevar a cabo este último propósito, Pablo deseaba estar seguro del apoyo y la cooperación de los creyentes de Roma; por lo tanto, antes de su visita les escribió esta epístola en la que bosqueja con términos vigorosos y claros los grandes principios de su Evangelio (cap. 1:15; 2:16). Ver pp. 107–108.

4. Tema. El tema de la epístola es la pecaminosidad universal de los hombres y la gracia universal de Dios, la cual proporciona un camino por el cual los pecadores pueden ser perdonados y también restaurados a la perfección y la santidad. Este “camino” es la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que murió, resucitó y vive eternamente para reconciliarnos y restaurarnos.

Cuando Pablo escribe esta epístola, su mente está llena de los problemas que han surgido en sus conflictos con los judaizantes. Se ocupa de las cuestiones básicas, y les da respuesta mediante una presentación amplia de todo el problema del pecado y del plan de Dios para hacer frente a esa emergencia. Pablo muestra en primer lugar que todos los hombres —judíos y gentiles— han pecado y continúan alejados del glorioso ideal de Dios (cap. 3:23). No hay excusa para este alejamiento, pues todos —judíos y gentiles, sin excepción— han recibido algún grado de revelación de la voluntad de Dios (cap. 1:20). Por lo tanto, todos están, con justicia, bajo condenación. Además, los pecadores son completamente impotentes para liberarse por sí mismos de esa situación, pues en su condición depravada les es absolutamente imposible obedecer la voluntad de Dios (cap. 8:7). Los intentos legalistas de obedecer la ley divina no sólo están condenados al fracaso, sino que también pueden ser evidencia externa de un arrogante rechazo generado por la justicia propia de no reconocer la debilidad del hombre y su necesidad de un Salvador. Sólo Dios mismo puede proporcionar remedio, y esto lo ha hecho mediante el sacrificio de su Hijo. Todo lo que se pide del hombre caído es que ejerza fe: fe para aceptar las condiciones necesarias para perdonar su pasado pecaminoso, y fe para aceptar el poder que se ofrece para llevarlo a una vida de rectitud.

Este es el Evangelio de Pablo tal como se desarrolla en la primera parte de la epístola. Los capítulos restantes se ocupan de la aplicación práctica del Evangelio ante ciertos problemas que tienen que ver con el pueblo escogido y con los miembros de la iglesia cristiana.

5. Bosquejo

I.Introducción, 1:1–15.

A. Saludo, 1:1–7.

B. Explicaciones personales, 1:8–15.

II.Exposición doctrinal, 1:16 a 11:36.

A. La doctrina de la justificación por la fe, 1:16 a 5:21.

1.Justificación alcanzada por la fe, 1:16–17.

2.La necesidad universal de justificación, 1:18 a 3:20.

a. El fracaso de los gentiles, 1:18–32.

b. El fracaso de los judíos, 2:1 a 3:20.

3.La justificación otorgada en Cristo, 3:21–31.

4.La justificación por la fe: doctrina del Antiguo Testamento, 4:1–25.

5.Los benditos efectos de la justificación, 5:1–11.

6.Los efectos de la justificación en contraste con los resultados de la caída de Adán, 5:12–21.

B. La doctrina de la santificación por la fe, 6:1 a 8:39.

1.La muerte al pecado y resurrección a una nueva vida, 6:1–11.

2.La liberación del yugo de la ley y del pecado, 6:12–23.

3.La relación de la ley con el pecado, 7:1–13.

4.El conflicto entre la carne y el espíritu, 7:14–25.

5.La vida llena del Espíritu, 8:1–39.

C. La elección de Israel, 9:1 a 11:36.

1.El pesar de Pablo por el rechazo de Israel, 9:1–5.

2.La justicia del rechazo, 9:6–13.

3.La voluntad de Dios no debe ser puesta en duda, 9:14–29.

4.La causa del rechazo fue la falta de fe de Israel, 9:30 a 10:21.

5.La restauración final de Israel, 11:1–36.

III.Aplicación práctica de la doctrina de la justificación por la fe, 12:1 a 15:13.

A. El sacrificio que hace el cristiano de sí mismo, 12:1–2.

B. El cristiano como miembro de la iglesia, 12:3–8.

C. La relación del cristiano con otros, 12:9–21.

D. La relación del cristiano con el Estado, 13:1–7.

E. La única deuda que tiene el cristiano: amor, 13:8–10.

F. La proximidad de la segunda venida, 13:11–14.

G. La necesidad de tolerancia mutua entre los cristianos, 14:1 a 15:13.

IV.Conclusión, 15:14 a 16:27.

A. Explicaciones personales, 15:14–33.

B. Saludos a varias personas, 16:1–16.

C. Advertencia contra los falsos maestros, 16:17–20.

D. Saludos de parte de los compañeros de Pablo y de su amanuense, 16:21–23.

E. Bendición final y doxología, 16:24–27.

 

 

HAp Los hechos de los apóstoles

 

Fuente:

Francis D. Nichol and Tulio N. Peverini, eds., Hechos a Efesios, trans. Victor E. Ampuero Matta and Nancy W. de Vyhmeister, vol. 6, Comentario Biblico Adventista Del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 463–465.

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La epístola a los GÁLATAS

INTRODUCCION

1. Título. Esta carta fue dirigida a las iglesias de Galacia. No se sabe si estas iglesias estaban en el norte de Galacia, en ciudades como Tavion, Pesino y Ancira (Angora), o en el sur, en Antioquía, Iconio, Listra, Derbe y otras ciudades (ver mapa frente a p. 33). A la primera opinión se le da el nombre de teoría de la Galacia del norte; y a la segunda, teoría de la Galacia del sur. El tema de estas dos teorías se trata detenidamente en las dos Notas Adicionales de Hech. 16. El nombre Galacia se debe a las tribus de galos que invadieron el Asia Menor alrededor del año 278 a. C. y se establecieron en la parte norte de lo que en el 25 a. C. se transformó en la provincia romana de Galacia.

2. Paternidad literaria. La paternidad literaria paulina de esta epístola no ha sido puesta en duda seriamente. La evidencia interna de la epístola es convincente, y concuerda en forma completa con el carácter de Pablo como es descrito en los Hechos y en otras cartas atribuidas a él. Los escritores cristianos posteriores a los apóstoles conocían la epístola, y consideraban que provenía de la mano de Pablo. Aparece en las listas más antiguas de libros del NT.

3. Marco histórico. Pablo y Bernabé fundaron en su primer viaje las iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (ver Hech. 13:14 a 14:23), alrededor de los años 45–47 d. C. Después de volver a Antioquía fueron enviados a Jerusalén con la pregunta de si se debía imponer a los gentiles convertidos al cristianismo la práctica de los ritos y las ceremonias del judaísmo (ver Hech. 15). El Concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 49 d. C., se pronunció en contra de imponer dichos ritos y ceremonias a los que no eran judíos. Pablo comenzó su segundo viaje misionero poco después de ese concilio, acompañado por Silas. Primero visitaron de nuevo las iglesias del sur de Galacia que Pablo había organizado en su primer viaje, tres de las cuatro se mencionan específicamente: Derbe, Listra e Iconio (ver Hech. 16:1–5). Después llevaron el Evangelio a Frigia y Galacia (vers. 6). Los que sostienen la teoría de la Galacia del norte (ver Nota Adicional de Hech. 16), hacen notar que después de esta visita a Derbe, Listra e Iconio, Pablo y Silas pasaron por el lugar que Lucas llama “la provincia de Galacia”. Por esto se puede deducir que Lucas hablaba de la región donde se establecieron los galos y no lo que los romanos llamaban la provincia de Galacia, que incluía otras zonas hacia el sur (ver mapa frente a p. 33). Pablo volvió una vez más a Galacia a comienzos de su tercer viaje misionero, alrededor de los años 53 y 54 d. C.

La Epístola a los Gálatas tuvo que haber sido escrita después de los sucesos registrados en Gál. 2:1–14. Si aquí se hace alusión al concilio de Jerusalén descrito en Hech. 15, la carta debe haber sido escrita después de la terminación del primer viaje, pues ese concilio se celebró entre el primer viaje misionero y el segundo (ver Hech. 15:36–41). Además, de acuerdo con Gál. 4:13, parece que Pablo ya había visitado las iglesias de Galacia dos veces, y si es así, la carta tuvo que haber sido escrita después de que terminara su segundo viaje. Si se acepta la teoría de la Galacia del norte, la carta a los gálatas fue escrita después del tercer viaje, pues Pablo no había visitado las iglesias del norte de Galacia en su primer viaje. Por lo tanto, el momento cuando escribió la epístola podría ser el invierno (diciembre-febrero) del año 57/58 d. C.

Un argumento presentado en favor de Corinto como lugar de donde se escribió la epístola, es el gran parecido entre el tema de esa carta y Romanos, que fue escrita durante la tercera visita de Pablo a Corinto. La justificación por la fe es el tema de ambas epístolas, y ambas tratan ampliamente la diferencia entre “la ley” y el Evangelio.

Pero si se acepta la teoría de la Galacia del sur, es posible fijar la fecha más temprana de 45 d. C. Algunos piensan que pudo haber sido escrita aún antes del concilio de Jerusalén, inmediatamente después del regreso de Pablo a Antioquía al terminar su primer viaje. La razón que se da para esta conclusión es que la epístola no contiene ninguna mención específica del concilio ni de la decisión que allí se tomó. Ante la objeción de que Pablo ya había visitado dos veces las iglesias del sur de Galacia, los que aceptan la teoría de la Galacia del sur argumentan que su regreso a ellas durante el primer viaje debe ser considerado como una segunda visita (ver Hech. 14:21–23).

El propósito de la carta es evidente por su contenido. Amenazaba la apostasía —si es que ya no había comenzado—, por lo cual la carta era naturalmente una epístola polémica. La apostasía sobrevino debido a la acción de algunos maestros judaizantes, quizá del mismo grupo que causó dificultades en la iglesia de Antioquía de Siria en cuanto a la misma cuestión (Hech. 15:1). La discordia de esos hombres en Antioquía determinó la celebración del concilio de Jerusalén, en donde los judaizantes se opusieron otra vez a Pablo argumentando que los conversos cristianos debían observar las ordenanzas legales judaicas, y exigían la circuncisión de Tito (Gál. 2:3–4). En esta epístola Pablo no se ocupa mucho de la circuncisión, ni en particular de cualquier otra característica de la ley ceremonial, sino de la falsa enseñanza de que el hombre puede salvarse a sí mismo observando los preceptos de “la ley”. Esto es evidente por el hecho de que el apóstol en algunas ocasiones había participado de los ritos (Hech. 18:18; 21:20–27). También permitió que Timoteo fuera circuncidado (Hech. 16:3).

Es indudable que esos falsos maestros habían logrado gran éxito en sus esfuerzos y hasta habían engañado con sus enseñanzas a una cantidad no pequeña de los feligreses de las iglesias de Galacia (ver Gál. 1:6). No se puede saber con exactitud hasta dónde habían llegado las iglesias engañadas en la práctica del legalismo antes de que recibieran la epístola de Pablo, pero se nota por el tono general de la carta que había un peligro inminente de apostasía general. Esos maestros iban directamente en contra de la decisión del concilio. No sólo repudiaban el Evangelio de Pablo, sino que desafiaban su autoridad como apóstol, haciendo mucho énfasis en el hecho de que Pablo no era uno de los doce elegidos y ordenados por Cristo.

Para que los gálatas vieran con claridad el error en el cual habían caído, Pablo reafirmó los grandes principios del Evangelio tal como se los había enseñado. Pero como se acusaba al apóstol de que predicaba un evangelio falso, y eso implicaba la otra afirmación de que él no estaba calificado para enseñar, Pablo se sintió obligado a dar pruebas que demostraran su apostolado. Esto explica la parte autobiográfica de la carta (cap. 1:11 a 2:14). Su propósito al presentar un relato tan detallado de hechos personales relacionados con el problema, era probar la validez de su Evangelio. También destacó que sus enseñanzas —que explicó a los apóstoles en el concilio— estaban en armonía con las de los dirigentes que se habían relacionado personalmente con Jesús y habían recibido sus mensajes directamente de él.

4. Tema. El tema de la Epístola a los Gálatas es la justificación por medio de la fe en Jesucristo, lo cual presenta un contraste con el concepto judaico de la justificación por medio del cumplimiento de las “obras” prescritas en el sistema legal judío. Esta carta ensalza lo que Dios ha hecho mediante Cristo para la salvación del hombre, y rechaza categóricamente la idea de que una persona puede ser justificada por sus propios méritos. Ensalza la dádiva gratuita de Dios, en contraste con los esfuerzos del hombre de salvarse por sí mismo. La pregunta específica en disputa entre Pablo y los maestros de la herejía en Galacia era: el cumplimiento de las ceremonias y requisitos prescritos en el judaísmo, ¿le da derecho a una persona al favor divino y a ser aceptada por Dios? La respuesta fue un rotundo No: “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo” (ver com. cap. 2:16). El cristiano que trata de ganar la salvación mediante las “obras de la ley”, está renunciando completamente a la gracia de Cristo (cap. 2:21; 5:4).

Los cristianos, como “hijos de la promesa” (cap. 4:28), son “herederos” (cap. 3:6–7, 14, 29). Ya no eran niños inmaduros en la fe para necesitar un “ayo” que los guiara (Gál. 3:23–26; 4:1–7), pues se habían convertido en nuevas criaturas en Cristo (cap. 4:7; 6:15), “guiados por el Espíritu” (cap. 5:18), y Cristo vivía por la fe en sus corazones, en donde tenían escrita la ley moral (Gál. 2:20; Heb. 8:10). Pero entretanto que los judíos se jactaban de una justificación que pretendían adquirir mediante sus propios esfuerzos, observando las leyes de Dios (Rom. 2:17; 9:4), los cristianos reconocían —y reconocen— que no tenían nada de qué gloriarse, excepto en el poder salvador de “la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (ver Gál. 6:14).

“Ley” en la epístola de Gálatas equivale a toda la revelación recibida en el Sinaí, las reglas de Dios para sus hijos: leyes morales, estatutos civiles y ritos ceremoniales; aunque posteriormente los judíos les añadieron por su cuenta un cúmulo de leyes. Pensaban equivocadamente que por sus propios esfuerzos podían obedecer perfectamente esas leyes y que con semejante obediencia podían ganar su salvación. La Epístola a los Gálatas no se ocupa prácticamente de ninguna de esas leyes en particular, sino de la falsa idea de que alguien pueda ganar su propia salvación mediante el cumplimiento riguroso de los diversos requerimientos legales. El dilema es: o la salvación por la fe, o la salvación por las obras; ambas se excluyen entre sí.

Pablo explica que las promesas del Evangelio fueron confirmadas a Abrahán en el pacto, y que la revelación de la ley de Dios 430 años después no alteró las condiciones de ese pacto (cap. 3:6–9, 14–18). “La ley” no tenía el propósito de reemplazar el pacto o de proporcionar otro medio de salvación, sino de ayudar a los hombres a que entendieran las condiciones del pacto de la gracia divina y se apropiaran de ella. “La ley” no tenía el propósito de ser un fin en sí misma, como suponían los judíos, sino un medio —un “ayo”— para guiar a los hombres a la salvación en Cristo de acuerdo con las promesas del pacto. El propósito de “la ley”, su “fin”, o meta, es conducir a los hombres a Cristo (ver com. Rom. 10:4), no abrirles otro sendero de salvación. Sin embargo, la mayoría de los judíos voluntariamente permanecieron en la ignorancia del plan de Dios de justificar a los hombres por la fe en Cristo, y continuaron tratando de establecer su propia justicia “por las obras de la ley” (Gál. 2:16; ver Rom. 10:3).

Pablo explica, además, que el pacto con Abrahán hacía provisión para la salvación de los gentiles, pero “la ley” no; y que por tal razón los gentiles debían encontrar la salvación por medio de la fe en la promesa hecha a Abrahán, y no por medio de “la ley” (Gál. 3:8–9, 14, 27–29). El error y el grave problema que los judaizantes habían introducido en las iglesias de Galacia consistía en tratar de imponer sobre los conversos gentiles formas ceremoniales como la circuncisión y la observancia ritual de “los días, los meses, los tiempos y los años” (cap. 4:10; 5:2). Ese problema específico había dejado de existir, pues los cristianos ya no estaban —ni están, por supuesto— en peligro de tener que practicar las leyes rituales del judaísmo (cf. cap. 4:9; 5:1). Pero esto no equivale a decir que el libro de Gálatas tiene únicamente interés histórico, y ningún valor espiritual y pedagógico para los cristianos modernos. La inclusión de la epístola en el canon sagrado demuestra su tremendo valor e importancia para nuestros días (cf. Rom. 15:4; 1 Cor. 10:11; 2 Tim. 3:16–17).

Como ya se ha hecho notar (ver p. 931), la palabra “ley” en Gálatas incluye dentro de sus alcances tanto la ley moral como la ceremonial. En realidad la ley ceremonial no habría tenido sentido sin la ley moral (ver com. cap. 2:16). La ley ceremonial terminó en la cruz debido a su limitación (ver com. Col. 2:14–17); pero la ley moral —el Decálogo— permanece en plena vigencia (ver com. Mat. 5:17–18). Existe aún el peligro de aferrarse a la “letra” del Decálogo sin penetrar o comprender su espíritu (Mat. 19:16–22; ver com. Gál. 5:17–22), como sucedió en los días de Pablo: el peligro de participar en el sistema de sacrificios sin comprender que sus símbolos señalaban a Cristo. Por lo tanto, si los cristianos modernos aceptan el error —no importa en qué grado sea— de tratar de salvarse por sus esfuerzos guardando el Decálogo, caen de la gracia y quedan “sujetos” al “yugo de esclavitud” (Gál. 5:1, 4). Para ellos Cristo habrá muerto en vano (cap. 2:21); se les aplica la advertencia de Gálatas. El cristiano guarda el Decálogo no para ganar la salvación, sino porque ha sido salvo. No hay duda de que sólo una persona que es salva porque Cristo mora en ella, puede guardarlo.

Esta advertencia se aplica también a los que piensan alcanzar un nivel más alto de justicia delante de Dios porque practican minuciosamente reglas humanas sobre normas de vida cristiana, como el vestido y el régimen alimentario. Al hacerlo cometen el mismo error que los judíos de los días de Cristo (ver Rom. 14:17; com. Mar. 7:1–14). Otros devuelven sus diezmos, asisten a la iglesia y aun observan el sábado porque creen equivocadamente que de esa manera ganan méritos delante de Dios. Es cierto que el cristiano deseará cumplir fielmente con todos esos mandatos divinos, pero lo hará no con la esperanza de congraciarse con Dios, sino porque como hijo de Dios por la fe en la gracia salvadora de Jesucristo, siente supremo gozo y felicidad de vivir en armonía con la voluntad expresada por Dios (ver com. Mat. 7:21–27; Material Suplementario de EGW de Gál. 3:24).

La lección que se destaca en Gálatas para la iglesia actual es la misma que en los días de Pablo: que la salvación sólo se puede lograr por medio de una fe sencilla en los méritos de Cristo (cap. 2:16; 3:2; 5:1), y que nada de lo que el hombre pueda hacer mejora en lo más mínimo su condición delante de Dios ni incrementa sus posibilidades de obtener el perdón y la redención. La ley, ya sea moral o ceremonial, no tiene poder para librar a los hombres de la condición de pecado en que se encuentran (ver com. Rom. 3:20; 7:7). Este es el “Evangelio” de Pablo en contraste con el “evangelio” pervertido de los judaizantes (Gál. 1:6–12; 2:2, 5, 7, 14).

La carta concluye con una exhortación para que no abusaran de la libertad que poco antes habían encontrado en el Evangelio, sino para que vivieran una vida santa (cap. 6). El amor cristiano debía inducir a los gálatas a estar en guardia contra un espíritu de santidad fingida y a tratar bondadosamente a los que cayeran en error. La iglesia debía ser conocida por sus buenas obras —el fruto del Espíritu—, y no debía tratar de sustituir la fe en los méritos salvadores de Cristo con las buenas obras.

5. Bosquejo

I. Saludo e introducción, 1:1–10.

A. La autoridad apostólica del autor, 1:1–5.

B. La ocasión para escribir la carta y su propósito, 1:6–10.

II.Defensa de la autoridad apostólica de Pablo, 1:11 a 2:14.

A. La autenticidad de su conversión al cristianismo, 1:11–24.

1.El origen divino de su interpretación del Evangelio, 1:11–12.

2.Su celo anterior por la fe judía, 1:13–14.

3.Su conversión y su misión entre los paganos, 1:15–16.

4.Su retiro preparatorio en Arabia, 1:17.

5.Su primer contacto con los apóstoles en Jerusalén, 1:18–20.

6.Su aceptación por las iglesias de Judea, 1:21–24.

B. La aprobación apostólica de su interpretación del Evangelio, 2:1–14.

1.Pablo explica su Evangelio a los apóstoles, 2:1–2.

2.El caso de Tito comprueba el Evangelio de Pablo, 2:3–5.

3.Igualdad apostólica de Pablo con los doce, 2:11–14.

III.La fe contra el legalismo como medio de salvación, 2:15 a 3:29.

A. Los cristianos de origen judío también dependen de la fe en Cristo para la salvación, no de la ley, 2:15–21.

1.Los cristianos de origen judío comprenden la ineficacia del legalismo, 2:15–16.

2.La incompatibilidad del cristianismo y el judaísmo, 2:17–21.

B. La salvación de los gentiles provista en el pacto hecho con Abrahán, 3:1–14.

1.Los gálatas se habían hecho cristianos por medio de la fe, 3:1–5.

2.La fe es la característica distintiva del pacto hecho con Abrahán, 3:6–7.

3.La salvación de los gentiles por medio de la fe, 3:8–14.

C. La condición de “la ley” en relación con el pacto hecho con Abrahán, 3:15–29.

1.“La ley” no anulaba las provisiones mesiánicas del pacto, 3:15–18.

2.El papel subordinado y provisorio de “la ley”, 3:19–25.

3.En Cristo todos son herederos de las promesas del pacto por la fe, 3:26–29.

IV.El cristiano queda libre de la tutela de “la ley”, 4:1–31.

A. De la inmadurez de “la ley” a la madurez del Evangelio, 4:1–7.

1.La condición de subordinación de un heredero durante su minoría de edad, 4:1–3.

2.Se confieren los privilegios plenos de la herencia mediante Cristo, 4:4–7.

B. El insensato proceder de la iglesia de Galacia, 4:8–31.

1.La insensatez de judaizar, 4:8–12.

2.La sinceridad de Pablo y su solícito interés en las iglesias de Galacia, 4:13–20.

3.La alegoría de los dos hijos, 4:21–31.

V.Exhortaciones morales y espirituales, 5:1 a 6:10.

A. La esclavitud del legalismo incompatible con la libertad en Cristo, 5:1–12.

B. La libertad cristiana no es una excusa para el libertinaje, 5:13–26.

1.El amor es el cumplimiento de la ley, 5:13–18.

2.Las obras de la carne y las obras del Espíritu, 5:19–26.

C. El amor fraternal cumple con la ley de Cristo, 6:1–10.

VI.Conclusión, 6:11–18.

 

 

Fuente bibliográfica:

Francis D. Nichol and Tulio N. Peverini, eds., Hechos a Efesios, trans. Victor E. Ampuero Matta and Nancy W. de Vyhmeister, vol. 6, Comentario Biblico Adventista Del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 929–934.

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE LOS SALMOS

david salmosEn el canon hebreo, los Salmos (S.) aparecen entre “Los Escritos” (Ketuvim). El nombre les viene del griego psalmos, que significa “una canción cantada con instrumentos de cuerdas”. En la Biblia hebrea no aparece un nombre específico para la entera colección de S. En la literatura rabínica el nombre que se usa es Sefer Tehillim. Aunque el número de S. es de ciento cincuenta, debe tenerse en cuenta que la •Septuaginta combinaba en uno los Salmos 9 y 10, así como los 114 y 115. Mientras que, por otro lado, los Salmos 116 y 147 se dividían en dos cada uno. Esto explica la diferencia que a veces se nota en la numeración de los S. En la literatura del Oriente Medio existen otros ejemplos de colecciones de poemas o canciones en la forma de los S.

La obra se divide en cinco partes o libros. Las divisiones son perceptibles porque al final de cada una de ellas se encuentra una doxología, en la siguiente forma:

El Libro Primero incluye los Salmos del 1 al 41. Y termina en el Salmo 41:13 con las palabras: “Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos. Amén y Amén.”

El Libro Segundo (Salmos del 42 al 72), finaliza en el Salmo 72:18–20 (“Bendito Jehová, el Dios de Israel, el único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén”).

El Libro Tercero (Salmos del 73 al 89), termina en el Salmo 89:52 (“Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén”).

El Libro Cuarto (Salmos del 90 al 106), finaliza en el Salmo 106:48 (“Bendito Jehová, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad; y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya”).

El Libro Quinto (Salmos del 107 al 150), termina en el Salmo 150:5–6 (“Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a Jah. Aleluya”), pero la mayoría piensa que todo el Salmo 150 constituye una doxología que cierra la colección.

Existe la posibilidad de que en alguna muy lejana antigüedad estos libros eran colecciones totalmente independientes unas de otras. Eso puede verse por el hecho de que el Salmos 14, del Libro Primero, aparece repetido en el Libro Segundo (Salmos 53). Lo mismo pasa con las palabras del Salmo 40:14–17, que luego aparece también en el Salmo 70. Parte de los Salmos 57:8–11 y 60:7–12 aparecen en el Salmo 108. Es dudoso que un mismo compilador hiciera esas repeticiones. Se piensa, por lo tanto, que estas divisiones representan etapas en la formación del libro, siendo la más antigua de ellas el Libro Primero, que contiene S. llamados “davídicos”.

En cuanto a la fecha de compilación del libro de los S., es evidente que se trató de un proceso que tomó largo tiempo, comenzando con la época de David. No es posible señalar una fecha precisa. Muchos piensan que la mayoría de los S. son posteriores a los profetas. Otros señalan que Dn. 3:5 contiene una larga lista de instrumentos musicales que se conocían en el período helénico, pero ninguno de los diez instrumentos que se mencionan en los S. aparece en esa lista. También hay que tener en cuenta que algunos S. hablan de la experiencia en el exilio babilónico. Por otra parte, toda la teología de los S. está exenta de influencias griegas. Muchos eruditos se inclinan a pensar que ya en tiempos de la dinastía asmonea la colección de S. estaba completa.

La colección no indica en hebreo que se trate de una obra de David. Unos setenta y tres S. llevan un título que alude a ese rey. Pero las palabras pueden interpretarse tanto como indicativas de la autoría de David, como de que se trata de eventos relacionados con su vida. En favor de la davidPsalmsautoría davídica de algunos salmos, debe notarse que el Salmo 18 dice explícitamente: “Salmo de David, siervo de Jehová, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo:…” En la tradición rabínica, se hablaba de los S. como escritos por David, haciéndose una comparación entre •Moisés y él, al decir que Moisés dio los cinco libros de la •Torá y David los cinco libros de los S. La tradición de atribuir a David todos los S. nació de su fama como hombre que sabía “tocar el arpa” (1 S. 16:16–23), como inventor de “instrumentos musicales” (1 Cr. 23:5; Neh. 12:36; Am. 6:5), por lo cual se le llama “el dulce cantor de Israel” (2 S. 23:1). A lo cual hay que añadir su papel como organizador del culto en el •templo, el orden de los levitas, la música que se había de cantar, etcétera. Además, en trece S. es posible hacer una conexión entre su contenido y alguna de las experiencias de la vida de David, de esta forma:

Sal. 3                           2 S. 15–19

Sal. 7                           2 S. 18:21

Sal 18                          2 S. 22

Sal. 34                         1 S. 21:14

Sal. 51                         2 S. 11–12

Sal. 52                         1 S. 22:9

Sal. 54                         1 S. 23:19; 26:1

Sal. 56                         1 S. 21:11; 27:2

Sal. 57                         1 S. 22:1; 24:3

Sal. 59                         1 S. 19:11

Sal. 60                         2 S. 8:13; 1 Cr. 18:1–12

Sal. 63                         1 S. 23:14; 24:1; 26:2

Sal. 142                       1 S. 22:1; 24:3

Otros nombres que aparecen en los títulos como “los hijos de Coré” (Salmos 42, 44, 45, 47, 48, 49, 84, 85, 87, 88); “Asaf” (Salmos 50, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83); “Hemán” (Salmo 88); “Etán” (Salmo 89); “Moisés” (Salmo 90); etcétera; pueden significar también autoría o que eran dedicados a un grupo de cantores o, por lo menos, que las palabras del salmo tienen alguna relación con esos personajes.

No es tarea fácil clasificar los S. de acuerdo con sus temas, estilo, etcétera, porque su variedad es amplísima. Y muchas veces un mismo S. puede tener dos tipos de énfasis. Pero, de manera muy general, se puede decir que sobresalen en este libro los himnos, o sea, composiciones dedicadas a alabar la majestad y grandeza de Dios, así como su providencia (Salmos 8, 19, 29, 33, 65, 66, 92, 100, 104, etcétera). Otros se caracterizan por exaltar el papel de Dios como rey del universo (Salmos 47, 93, 96–99). Un grupo es dedicado a alabar la ciudad de Dios (Salmos 46, 48, 76, 84, 87, 122). Dos S. se dedican a exaltar la gloria de la •Torá (Salmos 19 y 119). Otros son expresiones de lamentaciones, tanto de carácter individual como comunal (Salmos 44, 60, 74, 79, 80, 83, 94, etcétera). Muchos contienen quejas a causa de sufrimientos, y alegan la inocencia del sufriente y piden el auxilio divino (Salmos 3, 5, 6, 7, 9, 10, 13, 17, etcétera). También los hay que expresan una confianza absoluta en Dios (Salmos 46, 125, 129, etcétera). O que dan gracias a Dios (Salmos 66, 67, 118, 136). Los llamados “salmos reales” son aquellos en los cuales se exalta al ungido de Dios (Salmos 2, 18, 20, 21, 45, 72, etcétera). Los hay también que tienen un carácter sapiencial, como los Salmos 1, 34, 36, 37, 49, 73, 78, etcétera.

Como parte de los títulos de los S. aparecen muchos términos técnicos cuyo significado ha quedado en la oscuridad. Los mismos traductores de la •Septuaginta tuvieron que reconocer que la explicación de esas palabras era oscura para ellos. Entre otras están:

“Alamot”. Puede significar “vírgenes”. Aparece sobre el Salmo 46, en el título. En 1 Cr. 15:19–20 parece señalar a un instrumento de música, pues varios levitas eran cantores y “sonaban címbalos de bronce”, mientras que otros lo hacían “con salterios sobre Alamot”. Pero muchos interpretan Alamot como que indica la voz de soprano.

“Ajelet-sahar”. Puede significar “cierva de la mañana”. Aparece sobre el Salmo 22, en el título. Puede ser una indicación de la tonada o del instrumento que se ha de usar.

“Gitit”. En el encabezamiento de los Salmos 8, 81 y 84 aparecen las palabras “Sobre Gitit”. No se sabe exactamente cuál es su significado, pero la mayoría de los estudiosos, relacionándolas con el nombre de •Gat, piensan que se trataba de un instrumento musical típico de esa ciudad.

“Mahalat”. Aparece en el encabezamiento de los salmos 53 y 88. Algunos piensan que la expresión “sobre Mahalat” es una referencia a una melodía bien conocida en la época de la composición. Otros, que señala al salmo como para ser usado por personas enfermas o en aflicción.

“Masquil”. Se ha sugerido que significa “instrucción” o “meditación”. Aparece en los encabezamientos de los Salmos 32, 42, 44, 45, 52, 53, 54, 55, 74, 78, 88, 89 y 142.

“Mictán”. Palabra que aparece en el título de los Salmos 16 y 56 al 60. No se conoce exactamente su significación. Algunos explican que señala a un poema, o “escrito”. En hebreo, el término se escribe miktam, pero en Is. 38:9, antes de una oración o poema, se dice que es un miktab (escrito) de Ezequías. El cambio de la “m” por la “b” al final de una palabra no es extraño en el hebreo. Es posible que estos salmos fueran interpretados con acompañamiento de arpas.

“Mut-labén”. Puede significar “muerte de un hijo”. Aparece en el título del Salmo 9. Al indicar “sobre la muerte de un hijo”, es posible que se estuviera señalando una melodía que era muy conocida entonces. Con ella, pues, se habría que cantar el salmo.

“Neginot”. Indicación que aparece en los títulos de los Salmos 4, 6, 54, 55, 61, 67 y 76. Generalmente se interpreta que significa “música de instrumentos de cuerdas”.

“Seminit”. Probablemente significa “sobre la octava”. Aparece en el título de los Salmos 6 y 12. En 1 Cr. 15:21 se nombran levitas que “tenían arpas afinadas en la octava para dirigir”. Como significación de seminit se sugiere: a) “un instrumento de ocho cuerdas”; b) “para el octavo estadio de la liturgia”; o c) “voces a una octava más baja”.

“Sigaión”. Aparece en el encabezamiento del Salmo 7. Algunos piensan que es una indicación a la forma en que debía ser cantado, probablemente como un lamento.

En otros casos en que ha sido posible hacer una traducción aproximada, aparecen otras palabras, como •Cántico gradual, “Al músico principal”, etcétera. También existe la palabra Selah, que se inserta dentro del texto de los S. Aparece frecuentemente en los S. (setenta y una veces; en Habacuc tres veces). En la mayoría de las ocasiones se presenta al final de un verso. Se especula si se trataba de un signo de carácter litúrgico que servía de advertencia a los adorantes para que hicieran algo en el momento que se indica. Pero podría tener también algún sentido literario o musical. En el Salmo 3, por ejemplo, después de los versos 1–2 aparece Selah Luego tras los versos 3–4, y finalmente, después de los versos 5–8 (Salmos 3:2, 4, 8; 4:2, 4; 7:5; 9:16, 20; etcétera).

En el NT, los S. son citados a menudo. En Lc. 20:41–44, el Señor Jesús cita el Salmo 110:1 (“¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo Bible02David dice en el libro de los S: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?”). Cuando apareció a los discípulos, después de la •resurrección, les dijo “que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los s.” (Lc. 24:44). Pedro, al proponer que se buscara un sustituto para •Judas, citó el Salmo 69:25, diciendo: “Porque está escrito en el libro de los S.: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio” (Hch. 1:20) Y luego, en su sermón el día de •Pentecostés, usa el Salmo 16:8–11 (“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hch. 2:25–28). Pablo, predicando en una sinagoga en •Antioquía de Pisidia (Hch. 13:33–35), hizo varias citas de los S. (“… como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijos eres tú, yo te he engendrado hoy” [Salmo 2:7]; por eso dice también en otro salmo: “No permitirás que tu Santo vea corrupción” [Salmo 16:10]). También en su epístola a los Romanos, Pablo cita otro salmo, esta vez el Salmo 32:1–2 (“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” [Ro. 4:6–8]). El escritor de Hebreos cita varios salmos. Entre ellos el Salmo 95:7–11 (“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…” [He. 3:7; 4:7]), así como el Salmo 2:7 (“Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” [He. 5:5]) y el Salmo 110:4 (“Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” [He. 5:6]).[1]


[1] Alfonso Lockward, Nuevo diccionario de la Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 916–919.

UN COMENTARIO AL LIBRO DE ESTER

0603016Este libro aparece en el canon hebreo entre “los cinco rollos” (Megillot) o hagiógrafos. Se ha discutido mucho su canonicidad. Es particularmente interesante el hecho de que en Qumrán se han encontrado rastros de todos los libros del AT, menos Ester (E.) Se piensa que como la comunidad de Qumrán sólo respetaba las festividades prescritas en el Pentateuco, no estaba interesada en E., que es la historia de la festividad de Purim, la cual no está ordenada en otra parte de las Escrituras. De todas maneras, el libro de E. ha sido considerado como canónico por el Talmud, el concilio judío de Jamnia y la comunidad judía y cristiana, especialmente después del siglo I d.C.

Debe consignarse que la Septuaginta contiene en E. unos ciento siete versículos que no figuran en RV60 ni en las traducciones modernas, porque no forman parte del original hebreo. Jerónimo los agrupó como un apéndice, explicando en cuál lugar del texto los había encontrado. Pero cuando Esteban Langton dividió la Biblia en capítulos y versículos, puso los versículos del apéndice de Jerónimo en forma consecutiva al final del texto original de E. En estas adiciones, que aparentemente son de origen griego, se incluye el uso del nombre de Dios, cosa que no figura en el texto hebreo, y se subraya, además, el carácter religioso del libro.

 Autor y fecha. El autor es anónimo, pero hay que notar que era alguien muy familiarizado con las costumbres de la corte persa. No existen referencias externas al libro de E. que nos permitan ubicarlo en una fecha determinada, por lo cual hemos de llevarnos de las evidencias internas. Es claro que el lenguaje corresponde al período persa. Además, el texto carece de toda influencia griega. Se presenta a •Asuero como un gobernante del pasado, tratándosele benignamente. Parece que fue escrito antes de la dominación de los persas por Alejandro Magno. La mayoría de los eruditos identifican al rey Asuero con Jerjes, o Artajerjes. Por lo tanto, se piensa que fue escrito alrededor del año 400 a. C.

Problemas de historicidad. Se señala a menudo que este libro contiene algunos aspectos que presentan problemas en cuanto a su comprobación como evento histórico. Entre ellos:

a) Que la duración (180 días) de la fiesta ofrecida por Asuero es exagerada (Est. 1:1–4). Pero esta es una crítica que bien podría ser un anacronismo al evaluar un hecho del pasado con los criterios de hoy. Por otra parte, se ha sugerido que la fecha de este evento coincide con los meses de planificación militar para la expedición a Grecia, lo cual explicaría la presencia de las autoridades en Susa.

b) Que el rey persa tenía que casarse, por ley, con una princesa de una de las siete familias principales. Pero resulta que se tiene conocimiento de que Cambises no cumplió al pie de la letra con esa costumbre. La mayoría de los reyes orientales tenían muchas esposas.

c) Que los nombres de la historia tienen paralelo con leyendas persas. •Mardoqueo, sería el dios Marduc. Ester sería la diosa Istar. Amán sería el dios Humman. Vasti sería la diosa Masti. Parece dudoso, sin embargo, que los judíos utilizaran una leyenda idolátrica para justificar una festividad suya.

d) Que según Herodoto la esposa de Jerjes se llamaba Amestris. Pero eso no prueba que no tuviera otras reinas.

e) Que la orden de masacrar a los judíos parece exagerada. Pero eso no toma en consideración que los persas habían hecho unas matanzas horribles y sistemáticas contra los escitas.

f) Que se dice de Mardoqueo que había sido traído de Jerusalén como exiliado. Pero la verdadera traducción del texto señala que se alude a Cis, su bisabuelo.

Estas y otras cosas ciertamente se presentaban como dificultades en el entendimiento de un relato de algo que sucedió en un período del cual no se tienen muchos datos en la historia secular. Pero como ha sucedido en otros casos, las investigaciones históricas siempre dan la razón al texto bíblico. Y así sucederá cuando se sepa más de la historia de los tiempos de Jerjes o Artajerjes.

Por otra parte, los detalles que el libro ofrece sobre las costumbres persas coinciden con lo que se conoce en la historia secular. Se sabe por otras fuentes que en Persia el rey tenía un consejo formado por siete nobles (Est. 1:14); que el sistema de correos estaba muy desarrollado (Est. 3:13; 8:10); que tenían la costumbre de usar la •horca (Est. 2:23; 5:14); que creían en días de buena y mala suerte (Est. 3:7). Lo que nos dice del carácter de Jerjes está atestiguado por historiadores. Sus fiestas eran muy famosas, así como sus regalos. Lo que dice E. en cuanto a que el imperio persa abarcó desde la India hasta Etiopía es correcto (Est. 1:1), así como también que el palacio de invierno del rey quedaba en Susa. Los hallazgos arqueológicos que se han realizado en él confirman lo que dice este libro.

Características. Algunos eruditos han sugerido que el relato de E. encaja bien dentro del concepto de “historia novelada”, es decir, que el escritor tejió una trama de su fantasía poniendo a los personajes que creó dentro del marco de una época histórica determinada. La mayoría de los creyentes, sin embargo, aceptan la autenticidad del relato de E. tal como se presenta en la Biblia. El libro está escrito de una manera elegante, que mantiene la atención del lector desde el inicio con sus ingredientes de intriga y suspenso. La intención del autor es explicar el origen de la fiesta de Purim, no hacer una biografía ni resaltar el carácter particular de los que actúan en el drama. ESTER10

 Asuero y Vasti. El relato comienza con una serie de festividades que durarían seis meses. Al final de éstas, Asuero hace una fiesta para el pueblo de Susa, donde abunda el vino. “Estando el corazón del rey alegre del vino” envió por la reina Vasti, para exhibir su belleza “porque era hermosa”. Ésta, temiendo por su dignidad, desobedeció y no acudió al llamado del rey, que se enfurece y consulta qué hacer con ella. El consejo real recomienda que se destituya a Vasti como reina, y se ponga a otra en su lugar. Así se hace por decreto (Est. 1:1–22).

Ester. Después de un tiempo, se decide buscar la sustituta de Vasti. Se traen las jóvenes más hermosas, entre las cuales está Ester, una huérfana judía que había sido adoptada por su primo Mardoqueo. “Ester no declaró cuál era su pueblo”. Después de un tiempo de preparación, Ester fue “llevada al rey Asuero”, que se enamoró de ella “y puso la corona real sobre su cabeza” (Est. 2:1–18).

Mardoqueo. Ester “hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba”. Este Mardoqueo tenía algunas responsabilidades (“sentado a la puerta del rey”) y se enteró de una conspiración para matarlo. Informó de eso a Ester, que lo dijo al rey. Se investigó y se supo que era cierto. Se ejecutan a los conspiradores (Est.
2:19–23).

Amán. Aparece la figura de este hombre como el favorito del rey. Pero Mardoqueo no le rendía honores. •Amán se llena de odio hacia él y su pueblo. Decide destruir a los judíos. Así lo propone al rey, que acepta para complacerle (Est. 3:1–15).

El duelo de los judíos. Cuando se recibió la orden real todos los judíos tuvieron “gran luto, ayuno, lloro y lamentación”. Mardoqueo se viste “de cilicio y de ceniza”. Ester sufre “gran dolor”. Mardoqueo le recuerda que ella también corre peligro. Ester pide que los judíos de Susa ayunen por ella porque se propone presentarse ante el rey aun contraviniendo la ley que lo prohibía (“Y si perezco, que perezca” [Est. 4:1–17]).

El arrojo de Ester. La reina entró ante Asuero. Éste le extendió el cetro en indicación de gracia, y le pregunta qué quería. Ester le invita a un banquete junto con Amán. Se celebra el banquete, pero Ester no dice lo que quiere, sino que solicita que vengan a otro banquete al siguiente día. Amán se jacta con su familia de disfrutar del favor real. Su mujer le recomienda que haga preparar una horca para Mardoqueo (Est. 5:1–14).

El homenaje a Mardoqueo. El rey pierde el sueño y para distraerse pide que le lean las memorias reales. Se lee el registro de lo que Mardoqueo había hecho de salvar la vida del rey, que pregunta a Amán qué se debe hacer a una persona a quien el rey quisiera honrar. Amán, pensando que se trataba de él mismo, dijo lo que había que hacer. El rey le ordena que se haga el homenaje a Mardoqueo. Amán se ve obligado a presidir ese homenaje y se va a su casa avergonzado (Est. 6:1–14).

El banquete de Ester. En su segunda comida con el rey y Amán, Ester declara a Asuero la conspiración de Amán y lo que significaría para ella y su pueblo. El rey se enfurece y sale. Amán ruega a Ester por su vida. Cuando el rey regresa encuentra a Amán en posición comprometedora y decide que se le 2729775065_79b0f482cacuelgue en la horca que se había preparado para Mardoqueo (Est. 7:1–10).

El nuevo decreto. Mardoqueo es elevado a hombre de confianza del rey. Como la ley persa no se podía revocar, Ester convence al monarca para que dicte otro decreto que autoriza a los judíos a defenderse y aun a tomar iniciativa contra sus enemigos. Así se hace. Hay gran alegría entre los judíos (Est. 8:1–17).

La derrota de los enemigos. “Los judíos se reunieron en sus ciudades … para descargar su mano sobre los que habían procurado su mal”. Las autoridades persas los apoyaron. Mueren los hijos de Amán. Los judíos deciden conmemorar este evento mediante la celebración de una fiesta todos los años. “Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos … porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje”.

Fuente: Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario De La Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 372-74.

 

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UN COMENTARIO AL LIBRO DE NEHEMÍAS

0509054X2En el •canon hebreo este libro figura entre los “Escritos” (Ketuvim) como una unidad con •Esdras. Así figura también en la •Septuaginta y en la Vulgata. Algunos eruditos sugieren que la división de Esdras y N. fue introducida por Orígenes. Lo mismo hizo más tarde Jerónimo, que denominó a los libros “I y II E.”. El texto de N. y Esdras se ha conservado muy bien.

Autor y fecha. El Talmud reconoce a •Esdras, un sacerdote y escriba, como el autor de los libros de Esdras, N. y los libros de Crónicas. Se han señalado varias razones de carácter histórico y literario que sugieren dudas sobre eso. Los libros en sí mismos no dicen específicamente que fueran escritos por Esdras. Por eso algunos exegetas, cuando se refieren al autor de ellos, le llaman “el cronista”, lo cual puede suponer o no que Esdras fuera el responsable de estas obras.

Otros eruditos opinan que N. fue escrito por varios autores. Que quizás el gobernador N. escribió sólo la primera parte (caps. 1 al 7), puesto que habla en primera persona. Pero que la segunda parte (caps. 8 al 12:26) se atribuye a otro individuo que, en tiempos posteriores, adicionó materiales que formaban parte de los archivos o colecciones de documentos que sirvieron para elaborar los libros de las Crónicas. Se basa esta opinión en los siguientes hechos: a) En esta porción del libro el estilo es diferente. b) N. abandona el primer plano, que es tomado por Esdras. c) En Neh. 8:14 se habla del libro de la ley y no se menciona a Esdras por nombre. d) Por el parecido que hay en la redacción de Esd. 3:1 y Neh. 8:1.

Sin embargo, después de muchas discusiones, todavía persiste la opinión de que los documentos básicos para esta obra provienen de apuntes hechos por el mismo Nehemías, que fueron luego trabajados por historiadores o compiladores en fecha posterior. El libro pudo llegar a tener la forma que vemos hoy en la última mitad del siglo V a.C.

Circunstancias históricas. La historia se desarrolla bajo el reinado del persa •Artajerjes I, llamado el “Longímano” (465 al 425 a.C.). Hay cierta duda sobre quién fue primero a Jerusalén, sin Esdras o N. Lo cierto es que cuando éste va a Jerusalén hacía ya varias décadas del regreso encabezado por •Zorobabel. N. es nombrado gobernador. Va a Jerusalén, hace su obra y gobierna durante unos doce años. Luego regresa a Susa, donde queda por un tiempo indeterminado. Entonces regresa a su puesto en Jerusalén.

Malas noticias de Jerusalén. Unos viajeros que regresaron de Judea describen a N. el cuadro de desolación en que se encontraba la ciudad santa (“El remanente … están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado…”). N. se entristece y ora al Señor, confesando sus pecados y los del pueblo. Siente el deseo de ir a Jerusalén y pide a Dios que le dé gracia delante del rey para ello (Neh. 1:1–11).

Dios mueve al rey. Artajerjes se dio cuenta de que su copero estaba triste y preguntó la causa. Tras escuchar la respuesta, el rey preguntó: “¿Qué cosa pides?” N. ora en ese instante y hace su petición de ser nombrado gobernador de Judea. Se le concede el nombramiento y los poderes. N. llega a Jerusalén y calla sus propósitos durante tres días. Inspecciona los daños en los muros. Luego reúne al pueblo y les comunica sus propósitos (Neh. 2:1–20).

Comienza la obra de restauración. El que da el ejemplo es “el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes”. Cada familia se incorpora al trabajo. Las labores se distribuyen entre todos. Se da la lista de los restauradores indicando la sección de los muros en las cuales pusieron su esfuerzo (Neh. 3:1–32).0609177

Primera oposición. •Sanbalat, gobernador de Samaria, “se enojó y se enfureció en gran manera” cuando supo de los trabajos. Comienza una campaña de burla y desprestigio (“¿Qué hacen estos débiles judíos?… Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”) (Neh. 4:1–6).

Segunda oposición. Cuando los enemigos de los judíos vieron que los trabajos avanzaban, deciden preparar un ataque sorpresivo (“… conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño…. No sepan ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos…”). Judíos que habitaban con los pueblos vecinos alertan a N., quien recurre a Dios en oración, con el pueblo, y organiza la defensa (“… con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada”) (Neh. 4:7–23).

División interna. Los judíos pobres claman porque están endeudados. N. reúne a “los nobles y a los oficiales”. Se comprueba que cobraban interés a sus hermanos. Ante la amonestación de N. se decide perdonar las deudas y devolver las heredades a sus dueños. N. hace constar que no había hecho uso de los derechos de gobernador para su sostenimiento, que hizo también su parte en la reconstrucción, y que no había adquirido propiedad alguna (Neh. 5:1–19).

Tercera oposición. Construido el muro y faltándole sólo las puertas, los adversarios invitan a N. a un terreno neutral (“… en algunas de las aldeas del campo de Ono”), con el propósito de hacerle mal allí. Su respuesta fue: “Yo hago una gran obra, y no puedo ir” (Neh. 6:1–4).

Cuarta oposición. Recurren entonces los adversarios a la difamación. Envían una carta abierta (“Se ha oído entre las naciones, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros…”). Acusan a N. de querer proclamarse rey. Éste responde: “No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas” (Neh. 6:5–8).

Quinta oposición. Se usó entonces el arma del amedrentamiento. Un agente de los adversarios sugiere a N. que se esconda (“… y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrán a matarte”). La respuesta de Nehemías fue: “¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Y quién, que fuera como yo, entraría al templo para salvarse la vida? No entraré” (Neh. 6:9–19).

Se termina el muro y se organiza a los porteros, cantores y levitas. Se ponen guardias. Se decide hacer un •censo, tomando en cuenta la lista genealógica de “los que vinieron con Zorobabel” (Neh. 7:1–73).

Lectura de la ley. Se convoca al pueblo y “el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación”. Como el pueblo ya no conocía bien el hebreo, un grupo de levitas ayuda a que todos entiendan la lectura. Al principio la gente se entristece, pero luego, animados por Esdras, todos se regocijan. Deciden celebrar la •fiesta de los tabernáculos (Neh. 8:1–16).

El pacto de N. Otra reunión se celebró en la cual los levitas oraron en alta voz, reconociendo al Dios de Israel y sus hechos en la historia. Hacen confesión de los pecados (“Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley”). Pero el pueblo decide que ahora van a reiterar lealtad a Dios (“A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes”). Se ponen las firmas en el •Pacto de Nehemías (Neh. 9:1–38; 10:1–39).

Distribución de la población. Se echan suertes para determinar quiénes vivirán en la ciudad de Jerusalén y quiénes en otras ciudades de Judá. Se da la lista de los escogidos y los que voluntariamente “se ofrecieron para morar en Jerusalén” (Neh. 11:1–36), así como de los sacerdotes y levitas (Neh. 11:1–36; 12:1–26).

Festejo por la restauración. Se convoca a todos los levitas del país y se forman dos coros que toman parte en una procesión sobre el muro, encabezada por los príncipes de Judá. Se hacen sacrificios especiales y se recogen grandes contribuciones. Se confirma la ofrenda para el sostenimiento de los levitas y cantores (Neh. 12:1–47).

Viaje y regreso de Nehemías. N. vuelve a Susa y permanece allí. “Al cabo de algunos días” pide permiso y regresa a Jerusalén, y encuentra que el sumo sacerdote Eliasib había tomado medidas desordenadas en la casa de Dios. Se hace una limpieza en el •templo. Se restituye el servicio de los levitas que habían abandonado a Jerusalén porque no recibían sus porciones legales. N. reorganiza todo. Hace que se guarde el día de reposo. Resuelve el problema de los matrimonios mixtos que todavía se hacían entre los judíos (“Los limpié, pues, de todo extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su servicio”). El libro termina con una oración que ha repetido varias veces: “Acuérdate de mí, Dios mío, para bien” (Neh. 13:1–31).[1]


[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario De La Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 745-46.

UN NUEVO MINISTERIO PROFÉTICO (Comentario de 2 Reyes 2:1–25)

El último ministerio de Elías fue cuidar de los profetas que estudiaban en una escuela profética, fundada durante la dinastía del rey Omri y que después desapareció. Éstos eran clave para promover la verdad y la adoración a Jehová que Acab intentaba sustituir con la de Baal. Elías se dedicó a animarlos y apoyarlos, y quizá tuvo parte en la fundación de la escuela. De ésta surgió Eliseo para reemplazar al profeta Elías y así empezó un nuevo capítulo del ministerio profético de Israel.

Insistencia de Eliseo 2:1–6

Antes de la milagrosa ascensión de Elías, Dios preparó a todos para aquel evento; Eliseo ya lo sabía de antemano (2:3–5) y aparentemente Dios ya lo había revelado a todos los profetas con el fin de fortalecer su fe. La historia empieza con una escena entre Elías y Eliseo que salen juntos de Gilgal hacia Bet-el.

Elías pidió a Eliseo que se quedara en Gilgal, quizá para tener la oportunidad de encontrarse a solas con Dios en el camino, o tal vez para probar la fe de Eliseo. Éste insistió en continuar con Elías por el intenso deseo que tenía de estar con él y para no perderse de nada de lo que pudiera ocurrir.

Bet-el era el principal centro de adoración a Baal y se ubicaba a 16 kms. al norte de Jerusalén. Allí también radicaban los estudiantes profetas, mismos que salieron a recordar a Eliseo que ese día Dios se llevaría a Elías. “Sobre ti” (vv. 3, 5) es una expresión que alude al “maestro” o “supervisor”.

Eliseo sabía que el día había llegado para que Dios escogiera al sucesor de Elías. Esto no quiere decir que esperaran un sucesor, sino que sabían que el gran profeta no se quedaría entre ellos. Posiblemente por esta razón, Eliseo insistió en seguir a Elías hasta Jericó aunque Elías le pedía que no lo acompañara (“vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré” v. 4b).

Por tercera vez lo probó Elías en Jericó, pidiéndole que lo dejara solo, porque Dios le pedía ir al Jordán. Y por tercera ocasión, Eliseo insistió en acompañarlo.

 DIOS BENDICE AL QUE INSISTE

EN SER BENDECIDO.

 

Elías asciende en un torbellino 2:7–11

Llegando al Jordán y con los cincuenta profetas mirándolos a distancia, Elías hizo un último milagro al dividir las aguas del río. Esto debe haberles recordado a Josué, el sucesor de Moisés. ¿Quién tendría el valor de seguir a Elías y pagar el alto precio que él había pagado? Tal vez fue por eso que los cincuenta candidatos se mantuvieron “a lo lejos” (v. 7) y Eliseo no lo dejó, insistiendo en querer continuar su ministerio. El_as y Eliseo

Habiendo cruzado los dos el Jordán, Elías declaró a Eliseo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti”. Él pidió: “que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” (v. 9). Por fin Eliseo supo la razón por la cual no lo dejaba solo. Lo que quería no era sobrepasar a Elías en sus hazañas milagrosas, sino recibir una doble porción de su fe como sucesor legítimo así como bajo la ley hebrea, el primogénito pedía su herencia al padre.

Esto significa que Eliseo estaba dispuesto a seguir a Jehová a toda costa sin tomar en cuenta el precio que tendría que pagar por ser doblemente responsable (“cosa difícil has pedido” v. 10). Elías entonces le propuso una condición: “si me vieres cuando fuere quitado de ti (v. 10), entonces sabrás que Dios te ha escogido”.

Su título como sucesor dependía de su habilidad y persistencia en ver y entender el mundo espiritual. Su determinación y valentía fueron recompensadas cuando vio el “carro … con caballos de fuego” llevándose a su héroe en un torbellino.

 Introducción del nuevo profeta de Israel 2:12–15

Mientras Eliseo miraba la espectacular visión, exclamó: “Padre mío, Padre mío” mostrando dependencia y respeto absoluto hacia Dios. Y de Elías exclamó: “gente de a caballo”, representando las fuerzas divinas que eran las defensas verdaderas de Israel. El carro era el armamento más poderoso de aquellos tiempos y representaba el poder supremo de Dios. Elías había sido el instrumento divino escogido para realizar sus propósitos en aquel reino apóstata.

Su siguiente acción, golpear el río Jordán con el manto que Elías había dejado, fue señal de que ahora Eliseo detentaba las mismas responsabilidades de aquél. Los profetas todavía estaban al otro lado y pudieron ver que en efecto el espíritu de Dios descansó sobre Eliseo. Éste les hizo la pregunta: “¿Dónde está Jehová el Dios de Elías?” como si dijera: ¿están ustedes convencidos de que yo soy el que continuará el ministerio profético? Entonces ellos mostraron su comprensión postrándose ante Eliseo. Esto no significa que lo adoraron, sino que, siendo ellos también profetas, de esa forma mostraban respeto y honra al sucesor genuino de Elías.

 ¡ES MÁS FÁCIL TENER OPINIONES,

QUE CONVICCIONES!

 

capa-de-elias[1] Búsqueda del cuerpo de Elías 2:16–18

Los profetas no entendían que Elías había ascendido físicamente a la presencia de Dios e insistieron en buscarlo para enterrarlo para que no sufriera la maldición de no ser sepultado. Es obvio que ellos no lograron ver el “rapto” que Eliseo vio y quedaron fuera de la maravillosa visión por no desear tan intensamente ser como Elías. Buscaron durante tres días sin encontrar cosa alguna (como en el caso del cuerpo de Moisés que tampoco fue hallado) y por fin se convencieron de que Elías había sido trasladado al cielo por Dios.

De cuántas bendiciones nos perdemos y a cuántos trabajos inútiles no dedicamos, simplemente por no tener fe en la palabra de Dios. Ellos sólo tenían que creer lo que Eliseo dijo: ¿Acaso no acababa de separar el río Jordán, comprobando que su palabra era verdad? Muchas veces es más fácil insistir en ideas, métodos, costumbres y opiniones personales o tradicionales que abrirnos a nuevas posibilidades y experiencias. ¿Estamos atentos a la voz, métodos y experiencias que Dios tiene para nosotros? ¿Cuántas bendiciones han quedado invisibles o fuera de nuestro alcance porque preferimos conformarnos con lo poco que tenemos o por miedo a entregarnos completamente a Dios?

  “PORQUE ¿QUIÉN ESTUVO EN EL SECRETO DE

JEHOVÁ, Y VIO Y OYÓ SU PALABRA? ¿QUIÉN

ESTUVO ATENTO A SU PALABRA, Y LA OYÓ?”

(JEREMÍAS 23:18)

Bibliografía:

Brian M. Teachout, Estudios Bíblicos ELA: La Ruina De Un Reino (1ra Y 2da Reyes) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1996), 94-99.

LIBROS DE LOS REYES

Libro del AT que contiene la historia de la monarquía israelita desde tiempos de David hasta el exilio. En el •canon hebreo, estos libros forman parte de los Nevi’im, o Los profetas.

Autor y fecha

Desfiladero de entrada a Edom (Petra)No se conoce el nombre del autor de esta obra. Es evidente que para hacerla utilizó muchos materiales escritos antes del exilio. En 1 R. 11:41 se menciona un “libro de los hechos de Salomón”. En muchas ocasiones también se nombra “el libro de las historias de los reyes de Israel” (1 R. 14:19), así como “las crónicas de los reyes de Judá” (1 R. 14:29; 15:7). Es posible, entonces, que estas fuentes estaban constituidas por memorias o registros hechos por escribanos reales y compiladas durante el exilio en Babilonia. Algunos autores sugieren la posibilidad de que el autor fuera un sacerdote, basándose en el hecho de que en los relatos se mencionan mayormente, además de los reyes, las cosas del culto. Muchos piensan que el autor fue Esdras, pero bien pudo haber sido el profeta Jeremías o Ezequiel. Hay una corriente de opinión que expone que la misma mano que compiló los libros de Jueces, Samuel y Reyes, editó también parte del Deuteronomio.

Características.

Estos libros presentan a Dios como soberano, que controla los acontecimientos históricos y, al mismo tiempo, al hombre como responsable de sus actos, que ocasionan la bendición o el juicio de Dios. Así, los diferentes reinados son evaluados desde una óptica religiosa y la explicación de los progresos o los desastres se vinculan a la práctica de la fe israelita que hacían sus reyes. Otra cosa que enfatizan es la fidelidad de Dios.[1]

 

Marco histórico

Los libros de Reyes tratan de uno de los períodos más interesantes y memorables de la historia antigua del Cercano Oriente. En este período Asiria llegó a la cúspide de su poderío y sus reyes salieron a dominar al mundo, y en sus planes de conquista incluyeron las monarquías de Israel y de Judá. Esta es también la época de las dinastías XXI-XXVI de Egipto, cuando este país aún no había abandonado sus planes de expansión y rivalizaba con los pueblos de la Mesopotamia por el control de Palestina y Siria. Es la época del Imperio Neobabilónico, cuando los medos y los caldeos derrotaron al Imperio de Asiria, obtuvieron el dominio de gran parte del Cercano Oriente, destruyeron a la nación de Judá y llevaron a las tribus del sur en cautiverio a Babilonia. En los tiempos de los reyes

Durante todo este período, los reinos de Israel y Judá estuvieron en contacto constante y vital con las naciones del Oriente. Entre las esposas de Salomón hubo una hija de un faraón. Salomón consideraba a Hiram, rey de Tiro, como su amigo personal, pues le prestó gran ayuda en la construcción del templo. Jeroboam, que sería el primer rey de Israel, fue exiliado por Salomón y se asiló en Egipto. Roboam, en el 5.º año de su reinado, fue atacado por Sisac rey de Egipto. Este “Sisac” bíblico fue el famoso Sheshonk I, fundador de la XXII dinastía de Egipto, el cual también dejó registrado su ataque contra las ciudades de Israel y de Judá. Omri fue un rey tan famoso que el reino de Israel llegó a ser conocido entre los asirios como Mat Humri , “Tierra de Omri”. Salmanasar III menciona a Acab como uno de los aliados occidentales que lucharon contra Asiria en la batalla de Qarqar en el 6.º año del reinado de Salmanasar, y declara además que en su 18.º año recibió tributo de Jehú.

Se nos informa que Mesa de Moab pagó tributo a Acab y que después de la muerte de éste se rebeló contra Israel. La famosa Piedra Moabita nos da interesantes detalles adicionales acerca de este hecho (véase 2: 80-82). Inscripciones asirias indican que “Joás el samaritano”, esto es, Joás, rey de Israel, pagó tributo al rey asirio Adad-nirari III, mientras que el registro de Reyes menciona que Manahén hizo lo propio a Pul (nombre babilónico que como rey usaba Tiglat-pileser III) de Asiria, y consigna el ataque de Tiglat-pileser contra las tribus septentrionales durante el reinado de Peka. También conservamos los registros de Tiglat-pileser III en los cuales menciona sus relaciones con Manahén, Peka y Oscas de Israel, y con Azarías y Acaz de Judá.

La Biblia también relata el pago de tributo de Oseas a Salmanasar V, la subsiguiente conspiración de Oseas contra Asiria junto con So de Egipto, y el asedio de tres años a Samaria efectuado por Salmanasar, que terminó con la toma de esta ciudad y el fin del reino septentrional (2 Rey. 17).

Durante el 14.º año de Ezequías, Senaquerib realizó su famosa invasión de Palestina, y cayeron en sus manos “todas las ciudades fortificadas de Judá”; Ezequías mismo fue sitiado en Jerusalén. Senaquerib también dejó para la posteridad su propio vívido relato de esta campaña. Fue durante el tiempo de la heroica resistencia de Ezequías contra Senaquerib cuando Merodac-baladán, rey de Babilonia, envió sus emisarios al rey de Judá.

Josías halló la muerte a manos de Necao de Egipto mientras procuraba resistir una invasión egipcia a través de Palestina. Finalmente hay relatos detallados de las numerosas campañas de Nabucodonosor contra Jerusalén en los días de Joacim, Joaquín y Sedequías, que terminaron con la destrucción de Jerusalén y el fin del reino meridional.

reyes

Para apreciar este importante período de la historia hebrea es preciso comprender los sucesos que ocurrían entonces en Asiria, Egipto y Babilonia. Para integrar en forma correcta los asuntos de estas diversas naciones hay que ordenarlos cronológicamente, a fin de que se puedan ubicar correctamente los sucesos dentro del marco histórico y para que los reyes y los acontecimientos de la época concuerden entre sí. Con la excepción de los últimos tres o cuatro gobernantes de Asiria, las fechas asirias y babilónicas dadas para este período se aceptan generalmente como plenamente establecidas. No es tan segura la cronología de Egipto. Ver págs. 19, 127.[2]

Bosquejo del libro

1 R. 1:1 al 11:43 Reinos de David  y de Salomón.

1:1–2:46 Fin del reinado de David y comienzos del de Salomón.

3:1–10:29 Reinado de Salomón.

11:1–43 Diversos problemas del reino de Salomón.

1 R. 12:1 a 2 R. 17:41 El reino dividido

12:1–32 Rompimiento de las diez tribus. Jeroboam.

12:33–14:18 Relatos de tiempos de Jeroboam. Profetas que se le oponen.

14:19–16:34 Historias sincronizadas de los reinos de Judá e Israel.

17:1-R. 10:31 Reinado de Acab. Casa de Omri.

10:32–17:41 Historias sincronizadas de los reinos de Judá e Israel.

2 R. 18:1 al 25:21 Reino de Judá

18:1–20:21 Reinado de Ezequías.

21:1–26 Reinados de Manasés y Amón.

22:1–23:35 Josías y su reforma. Joacaz.

23:36–25:30 Caída de Judá, destrucción de Jerusalén y exilio.[3]


[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario De La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 886.

[2] CBA, Tomo 2

[3] Alfonso Lockward.

 

IMÁGENES:

Imagen 1: Desfiladero de entrada a Edom (Petra). Esta región, llamada más tarde Idumea y mencionada con frecuencia en los libros de los Reyes, es también la patria de los ancestros de los Herodes que dominaban Palestina en la época de Jesús.

Imagen 2: Israel en tiempos de los libros de los Reyes.

Imagen 3: Tabla cronológica de los reyes de Israel y Judá.